Padre Beltrán Villegas SS.CC.: por Óscar Contardo Publicado originalmente en El Mercurio, 16 de julio de 2000
Tiene ochenta años de vida, 58 de sacerdocio y seis meses de jubilado. Profesor de teología, exégeta bíblico erudito y detallista, Beltrán Villegas es un cura de excepción. De esos que simpatizan a intelectuales sin religión conocida y desenmascaran las argumentaciones bíblicas livianas, con que muchas veces se argumenta en debates de actualidad.
Tiene fama de erudito, aunque si se lo dijeran a la cara seguro se sentiría incómodo. Beltrán Villegas tiene a sus ochenta años aspecto de sabio y una oratoria que no parece de cura. El padre Villegas no tiene sonsonete de púlpito. Tal vez sea porque sus 58 años de sacerdocio los ha dedicado casi completamente al estudio. En 1947 se fue a doctorar en Teología a la Universidad Gregoriana de Roma. Allí conoció a Pío XII: "Hombre alto, imponente y un poco distante". En Jerusalén vivió dos años haciendo sus estudios bíblicos. Al parecer la vida social fue escasa en Tierra Santa, el árabe no se le daba fácil: "sólo aprendía a saludar y un par de cosas más". A Roma volvería en 1983, como miembro del gobierno general de su Congregación. De ese tiempo recuerda la escasa asistencia de jóvenes a las misas. "La Iglesia tiene mucha mayor vitalidad en Latinoamérica". En diciembre abandonó sus clases en la Facultad de Teología de la U. Católica, aunque no deja de dictar cursos de análisis bíblico. Mal que mal, el último tiempo el libro sagrado ha servido a muchos para argumentar y contraargumentar sobre los más variados temas. La ley de filiación, la de divorcio o la pena de muerte fueron atacadas - y en algunos casos defendidas- con citas bíblicas de concienzudos fieles. En muchos de esos casos el padre Villegas se vio en la necesidad de intervenir, porque "realmente se abusa, se toman al pie de la letra versículos aislados al margen de todo contexto histórico y literario", nos dice el teólogo. - La Iglesia actualmente tiene una posición contraria a la pena de muerte... - Cada vez más contraria. - Pero no totalmente... - No. Porque desde luego la pena de muerte en un tiempo fue compartida por todo el mundo. En el Antiguo Testamento el homicidio y una serie de crímenes eran sancionados con la muerte. En el Nuevo Testamento no creo que haya menciones ni a favor ni en contra. En este tema lo que debe primar es la tradición de la Iglesia, la posibilidad de ir comprendiendo la realidad gracias a los elementos que nos llegan de la cultura. Ni los derechos humanos, ni la libertad de conciencia están en la Biblia, pero calzan mejor con el espíritu global de la Iglesia. En el Nuevo Testamento San Pablo habla de la esclavitud como una condición natural para algunos hombres. En ningún momento piensa abolirla. Por esto son tan importantes los signos de los tiempos de los que habla el Concilio Vaticano II, percepciones de la conciencia humana que va descubriendo ciertas cosas como buenas o malas, y que inicialmente no se las había percibido como tal. Nosotros podemos acoger esto sin preguntarnos si calza o no con algún versículo de la Biblia, ese es el papel de la tradición: no estamos sujetos a la Biblia en su literalidad.
La conciencia histórica es un asunto relativamente
nuevo en nuestra cultura. Comienza con el Renacimiento y se asienta
recién en el siglo XIX. A falta de perspectiva histórica,
las lecturas que se hacían de la Biblia eran como si se trataran
de textos contemporáneos entre sí y contemporáneos
al lector. Sin profundidad ni contexto, los errores de comprensión
comenzarán a ceder espacio cuando se establece un método
histórico crítico de exégesis. - ¿Tiene alguna relación con el método judío tradicional de interpretación del Antiguo Testamento? - No. El judaísmo ha mantenido un tipo de interpretación bíblica tradicional con una preocupación muy diferente de la católica. La exégesis bíblica del judaísmo ha estado centrada en la interpretación de la ley, los preceptos y la casuística. Asunto aparte son los centros de académicos de investigación bíblicas judíos en donde la investigación se hace con los mismos métodos que los teólogos católicos franceses. Hubo algunos sabios medievales como Maimónides en la Edad Media que no interpretó la Biblia, pero planteó una serie de problemas para su interpretación. Develó ciertas incoherencias históricas y literarias y las formuló como preguntas. - ¿Cuál es la relación que tiene un católico común con la Biblia? - Distante. Esto tiene razones históricas. La Reforma Protestante se hizo invocando - junto con otras oposiciones al catolicismo- la sola escritura como fuente de salvación, dejando fuera la tradición. La Iglesia reaccionó frente a la Reforma con una actitud defensiva, entonces tuvo dificultad en poner la Biblia desnuda, sola a disposición de los creyentes, sobre todo si no tenían un cierto nivel de cultura. Esa era la razón para que no estuviera prohibido leer la Biblia en latín o hebreo, pero sí en lenguas vulgares. Dominar lenguas muertas suponía un nivel cultural superior. Con el tiempo estas prohibiciones fueron cayendo de manera que hoy en día la mayoría de las biblias que se editan en Alemania, Francia o Inglaterra son hechas en común por católicos y protestantes. - Si para el catolicismo es tan importante la tradición, ¿no puede darse que ésta funcione como cortapisa para la interpretación histórica? - La tradición es una cierta forma global de interpretar, originada por la pertenencia a una determinada comunidad. La tradición no es tanto un contenido, sino una forma de enfocar, tomando conciencia de que la Biblia es de la comunidad de los fieles, y uno identifica la comunidad de los fieles con la comunidad a la cual uno pertenece, que en este caso es el conjunto de verdades, de prácticas y de enseñanzas que constituyen el mundo católico, por una parte, el mundo ortodoxo y reformado por otra. Es eso lo que constituye el meollo de la tradición: el sentir de la comunidad. Hoy día se reconoce que la Biblia nace de una comunidad. Antes estaba la tradición de la Iglesia en la que nació el Nuevo Testamento. No existió un Nuevo Testamento y después la Iglesia. La prioridad de la tradición sobre las escrituras hoy es un hecho admitido. - ¿Cuál es el sentido que cobra esta tradición en el protestantismo? - Ha sido un factor muy importante, porque ha introducido una variacion dentro de lo que podríamos llamar el protestantismo clásico del siglo pasado. Sobre todo en el luteralismo alemán actual, que tras los hallazgos exegéticos de Bultmann y otros teólogos descubrieron este sentido teológico de la Iglesia en cuanto comunidad. Hay una mentalidad que hace que hoy día la convivencia entre católicos y luteranos en Alemania sea extremadamente cercana. La colaboración entre los exégetas católicos y luteranos en Alemania es increíble.
Latinoamérica y liberación - Me imagino que los teólogos forman
una comunidad muy pequeña en Chile. - Se lo pregunto porque si bien actualmente la figura del teólogo aparece como una figura exclusivamente académica, en otro tiempo no fue así. Al menos en Latinoamérica. Me refiero a la Teología de la Liberación. ¿Qué aporte dejó este movimiento? - El Papa Juan Pablo II ha dicho que la Teología de la Liberación hizo no sólo un aporte útil, sino que necesario e importante que tenía que incorporarse al pensamiento de todos los católicos. Hubo una conciencia del problema teológico que presenta la explotación de hombres por hombres, del estado de semiesclavitud en el que vivían muchos en nuestro continente. Por otra parte, hubo tantas teologías de la liberación como teólogos de la liberación. No es lo mismo hablar de Gutiérrez, que hacerlo de Boff o Muñoz. Cada uno tenía matices. El punto conflictivo fue la utilización de categorías marxistas para comprender la realidad social. Hubo un mayor o menor uso del análisis de la estructura de la sociedad del materialismo histórico. Eso despertó también mayores o menores resistencias. Toda teología ha tenido que enfrentarse con los problemas de su tiempo. La diferencia es que en las grandes universidades europeas la teología vivía en función de los problemas académicos planteados a la fe por la ciencia o la filosofía. En América Latina, en cambio, los teólogos se vieron enfrentados a los problemas planteados a la fe no por los colegas de universidad, sino por una realidad social tremendamente diferente respecto de Europa. Se trataba de países que siendo cristianos y católicos presentaban injusticias sociales mayúsculas. Esto representó un desafío para los teólogos latinoamericanos. Creo que la Teología de la Liberación fue un pensamiento que tuvo su validez, y que hoy ya no responde a la realidad, pese a que su rastro llegue hasta Asia o Africa.
Las amenazas - Modernismo, fascismo y comunismo - cada uno en su tiempo- han significado amenazas para el catolicismo. ¿Qué es lo que amenaza actualmente al catolicismo? - Sin duda, la creciente descristianización de los países tradicionalmente cristianos de Europa. También existe cierto secularismo en América Latina. Pero la Iglesia no está necesitada de vivir siempre en un régimen de cristiandad. Mal que mal, la Iglesia vivió y se desarrolló durante siglos en un Imperio Romano con mentalidad pagana. Tenemos que saber enfrentar que esa realidad que se llama cristiandad es una realidad que va a desaparecer en los países que tradicionalmente fueron cristianos. Necesitamos una mayor cohesión de la comunidad y conciencia de que nos encaminamos a ser minoría en algunos países. Debemos aprender a convivir con otras visiones de la vida sin tratar de imponer la nuestra a la sociedad. - Pero ¿qué ha cedido más: la adhesión a la Iglesia Católica o al cristianismo? - Creo que hay más desapego respecto de la Iglesia. Ciertos valores del Evangelio y del cristianismo efectivamente siguen teniendo vigencia. Debe ser difícil encontrar a alguien que diga que "El Sermón de la Montaña" le resulta anticuado. Otra cosa es la realidad de la Iglesia misma. En este punto debemos distinguir entre la Iglesia como esencia teológica - la comunidad de los que creen en Cristo- de Iglesia institucional, en el sentido de conductas contingentes. Esta última dimensión de la Iglesia, la que cabe en un organigrama, puede ser que tenga actualmente una estructura que no satisfaga a muchos cristianos. Puede ser que muchos de esos cristianos piensen que el tipo de vida eclesial podría tener un acento más evangélico, en donde se le dé menos importancia a la jerarquía. - ¿Esta visión explicaría el crecimiento de las iglesias evangélicas en los sectores populares en América Latina? - Es muy característico que en América Latina la Iglesia se haga presente formalmente sólo a través de los que participan en la jerarquía: sacerdotes y religiosas. Evidentemente ellos no son suficientes para atender evangélicamente a toda la población. Existe una cierta inhibición para que los católicos corrientes sean realmente portadores de eclesialidad y de evangelio. Un número importante de cristianos se han quedado sin mensaje católico, y vio en grupos evangélicos la posibilidad de vivir los valores cristianos. Esto debería hacernos repensar la forma en que nos hacemos presentes y darles mucha mayor responsabilidad a los laicos. - Si por una parte en los sectores populares hay un abandono de la Iglesia Católica, en otros sectores se crean corrientes espirituales dentro de la Iglesia. ¿Como pueden explicarse la multiplicidad de corrientes sin pensar en divisiones internas de la Iglesia? - Siempre han existido dentro de la Iglesia familias espirituales distintas: dominicos, franciscanos, jesuitas, benedictinos, etc. Nadie es capaz de agotar a Cristo ni al Evangelio. Ojalá que haya muchos carismas diversos porque la unidad de la Iglesia no se hace a expensas de la diversidad, sino que al contrario. Debe existir conciencia de que se suman y no que se restan u oponen... Tal vez ahí se ha fallado un poco. - ¿Usted ha visto que se ha desarrollado un cierto sectarismo? - Tengo la impresión que sí. No estoy demasiado metido en grupos que tienen fama de ser un poco más sectarios, pero me da la impresión que en ellos existe un "nosotros chico", que tiene un peso mayor que en otros. Uno siente que siempre cuando hablan de "nosotros" no se refieren a todos los católicos, sino a una parte pequeña de ellos. - ¿Y qué ocurre con el pluralismo fuera de la Iglesia, el pluralismo mundano? - Sobre eso teóricamente la cosa es muy clara. La libertad de conciencia, la tolerancia, el pluralismo ideológico fueron claramente resaltados en el Concilio Vaticano II. El punto es claro doctrinalmente. Hay ciertas lentitudes, ciertas nostalgias de tiempos en que la Iglesia decía una palabra y esa palabra era la expresión en la que podían reconocerse todos los chilenos. Esto uno se lo explica porque no es fácil verse desplazado de una situación de mayor privilegio y poder.-
|