Acerca de la NASA y el día largo de Josué y otras fábulas evangélicas por Robert Haskell Traducción y resumen por Felipe Elgueta Frontier, BQ Publicado originalmente en inglés en Tentmaker Ministries Véase también: Creacionistas desmienten relato de la NASA y el día largo de Josué
Una antigua tradición El famoso ateo Bertrand Russell dijo una vez: "Los cristianos prefieren morir antes que pensar. La mayoría lo consigue". Veo esto continuamente confirmado. Somos ingenuos y alarmistas y estamos dispuestos a creer cualquier cosa que nos haga quedar bien (y que en realidad nos hace quedar muy mal). Existe una verdadera tradición en esto de fabricar historias para respaldar la Biblia frente a las afirmaciones de la ciencia. En The Scandal of the Evangelical Mind (2), Mark Knoll menciona la historia de un marinero que fue tragado por una ballena en el siglo pasado. Después de unos días, su barco capturó la ballena, la abrió y encontró en su interior al marinero sano y salvo. Sin embargo, estaba todo blanco, supuestamente a causa del ácido gástrico. Esto, entonces, daba credibilidad a la narración bíblica de Jonás, quien también fue tragado por una ballena y vivió para contar la historia. Pero resulta que la moderna historia de la ballena realmente fue urdida por un par de sujetos (Rimmer y Gook) que estaban preocupados por el desafío planteado por el modernismo y la evolución y que, sobre todo, querían defender la verdad literal de la Biblia ante los estudiosos liberales que afirmaban que las historias de milagros eran mitos (3). Lo trágico es que éste no fue el único caso. “La tendencia a recurrir a hechos seudo-científicos para defender la confiabilidad de la Escritura ante los críticos bíblicos, fue absolutamente característica en gran parte de la literatura evangélica y fundamentalista de aquel período [comienzos del siglo XX]” (Davis, pág. 234). La historia del marinero tragado por una ballena está bien enclavada en la mitología evangélica, y Davis menciona los escritos de muchos autores evangélicos que asumen su veracidad. Por lo tanto, no sólo es posible, sino bastante probable, que alguien fabrique una historia con hechos seudo-científicos para mostrar que la Biblia dice la verdad. Es una antigua tradición evangélica. Ahora, hablemos acerca del día perdido.
Las fuentes de la historia Decidí asumir el rol de periodista investigador y, así, a través de la maravilla de la Internet, busqué y encontré la Curtis Engine Company en Baltimore, Maryland. Realmente existe, y Harold Hill fue su presidente en los años setenta. Él es quien echó a andar la historia. También escribió el libro How to live like a King's Kid (“Cómo vivir como un Hijo del Rey”), un buen ejemplo de razonamiento absurdo y mal uso de las Escrituras, y el best-seller From Goo to You by Way of the Zoo, un libro anti-evolución para niños. En un artículo de 1974 (4), Robert C. Newman reimprime casi literalmente la versión que yo recibí de Internet. El doctor Newman señala varios de sus elementos absurdos y agrega también que Hill insiste en su historia, la que reclama haber obtenido de fuentes confiables, pero dice que no puede localizar la documentación (pág. 9). Hablando de pruebas perdidas, esta historia se remonta aún más atrás en el tiempo. En 1891, un excéntrico llamado Charles A. Totten escribió un libro llamado Joshua's Long Day and the Dial of Ahaz: A scientific vindication and a Midnight Cry [“El Día Largo de Josué y el Reloj de Acaz: Una reivindicación científica y un Grito de Medianoche”]. Seguramente les gustaba ser dramáticos en aquel entonces. Parece que fue él quien empezó todo este fiasco. Revisando desde la fecha de la creación (que, a propósito, sería el 4.000 AC) él muestra concluyentemente que hay un día perdido o un día largo o algo así. Pero la parte realmente buena es su completa falta de interés en proporcionar cualquiera de los detalles que le llevaron a esta conclusión: “Es por supuesto imposible dar una idea adecuada del alcance de los cálculos que han conspirado para llegar a los resultados astrocronológicos enumerados en este escrito. Las meras cifras no son de interés alguno para el verificador...” (pág. 17) Deben admitir que él es elocuente. Ahora prueben esto, pero tienen que leerlo con gusto: No se predicará a Cristo y se negará a Moisés. ¡No se dudará de la universalidad del Diluvio y se pedirá a los hombres que acepten un Salvador que alude a él! ¡No se dudará del día largo de Josué, con el sol y la luna suspendidos en medio del cielo mientras él luchaba, ridiculizando las esperanzas que atesoramos de un DÍA MÁS LARGO en que ni el sol ni la luna serán necesarios! Si las historias de Edén y el Diluvio, de Jericó y Josué, son mitos o fábulas y no hechos literales, entonces, para la mente racional, todo lo que les sigue es de la misma naturaleza; y, perdida la fe en aquellos que predijeron su venida, ya nunca más se le podrá encontrar, de manera salvadora y lógica, en Cristo y sus apóstoles (pág. XIV). Es decir, básicamente, que si lo que se cuenta en el Antiguo Testamento no pasó, esto lleva a preguntarse si lo que se cuenta en el Nuevo Testamento tampoco es verdad. De acuerdo, es un buen argumento. Pero, usando su mismo modelo, yo creo que también deberíamos decir que (y me cito a mí mismo...): No se predicará a Cristo inventando historias absurdas. No se urdirán teorías fantásticas que sólo puedan llamarse mentiras, mientras se le pide a las personas que acepten a un Salvador que exige absoluta honestidad a sus seguidores. Si la explicación científica del día largo de Josué es ridícula, entonces, para la mente racional, todo lo que le sigue es de la misma naturaleza, y perdida la fe, etc., ... Otro gran artículo es aquel escrito por Tom McIver, quien, hasta donde yo sé, no es creyente (5). Él cuenta acerca de cómo Jimmy Swaggart usa la historia de Harold Hill en cruzadas evangelísticas. También habla acerca del mito de la conversión de Darwin en su lecho de muerte.
Todas estas historias nos muestran simplemente cuán inseguros están los cristianos ante la ciencia moderna. Pero algo anda muy mal cuando debemos recurrir a mentiras para defender la verdad. Parte de este mal es que las personas tienen miedo de pensar por sí mismas porque, en alguna parte de lo más profundo de su interior, se preguntan ¿qué pasará si toda la ciencia resulta ser cierta y mi fe se hace pedazos? Y por eso ignoran todo lo que se diga contra la Biblia y se aferran a cualquier cosa (¡y me refiero a cualquier cosa!) que parezca demostrar su confiabilidad. Pero los cristianos no pueden temer a la verdad. Eso sería como si un bebé le tuviera miedo a la leche. A todos nos gustaría ver a los escépticos acercarse a Cristo; y a veces sentimos la tentación de torcer la verdad un poquito (¡o mucho!) para reforzar algún argumento. Después de todo, el fin (la vida eterna de una persona) justifica los medios (una mentirilla), ¿o no? ¡No, no es así! Eso es tratar de hacer el trabajo de Dios y usar las tácticas de Satanás (Newman, pág. 11). Lo irónico es que la ciencia no puede refutar los hechos que se mencionan en la Biblia, pese a lo que muchos científicos puedan decir. La ciencia se refiere a hechos comprobables y también al universo físico. Si los milagros efectivamente ocurren, entonces la ciencia no tendrá nada que decir sobre ellos porque: 1) no son científicamente comprobables (o sea, no se pueden reproducir) y 2) su explicación no depende del universo físico. Lo único que un científico puede decir contra los milagros es que, a partir de lo que él ha observado, la suspensión de las leyes naturales no ocurre y que, por consiguiente, los milagros no ocurren. Desde luego, esto es poco convincente, puesto que un científico no tiene el conocimiento completo, y los milagros, por definición, son raros. No tenemos nada que temer de la verdad ni nada que temer de la ciencia. Dejemos de avergonzarnos a nosotros mismos y a Cristo con estas historias absurdas que, obviamente, son fruto de nuestra propia inseguridad.-
Versión completa en inglés: Sucker.com or Lying for the Truth en Tentmaker
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Notas: (1) Ésta es una de las tantas versiones de la historia que pueden encontrarse en Internet: (2) The Scandal of the Evangelical Mind [“El Escándalo de la Mente Evangélica”], pp. 186-187, Mark Knoll (3) Edward B. Davis, “A Whale of a Tale: Fundamentalist Fish Stories” [“Una ballena de cuento: Historias Fundamentalistas de Pesca”], Perspective on Science and Christian Faith, 43:4, diciembre de 1991) (4) Robert C. Newman, "The Longest Day" ["El Día más Largo"], The United Evangelical, agosto de 1974) (5) Tom McIver, “Ancient Tales and Space-Age Myths of Creation Evangelism” [“Cuentos Antiguos y Mitos de la Era Espacial del Evangelismo Creacionista”], The Skeptical Inquirer, Vol., 10, 1986.
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