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Cantar de los Cantares

por Severino Croatto

Publicado originalmente en Pastoral Popular, N°249, octubre-noviembre 1995, pp. 22-23

Extracto de una conferencia ofrecida en Santiago, Chile, el 3 de agosto de 1995.

 

Es notable que exista un libro como el Cantar de los Cantares en la Biblia. Hay un solo libro en la Biblia acerca del amor, y debe ser muy importante, muy significativo para todos los que tenemos la Biblia como Palabra de Dios.

Abundan especialmente las imágenes y los símbolos. No encontramos un lenguaje racional, porque el lenguaje del amor no es racional, es sentimental, es estético, simbólico, esencialmente simbólico. Entonces, predominan los sentimientos, las descripciones.

 

< Cantar de los Cantares 1. Imagen: The Dennis & Phillip Ratner

 

Las descripciones

Hay descripciones de escenarios y hay varias descripciones de los cuerpos, y son pasajes realmente interesantes. En el capítulo 4 hay una descripción de ella por él. Hay siete partes del cuerpo que son descritas (Cantar 4:1-5):

(1) “¡Qué bella eres, amada mía,
qué bella eres!
Paloma son tus ojos
a través de tu velo.
(2) Tu melena, como rebaño de cabras
que ondulan por el monte de Galaad
(es el tipo de imágenes campesinas, de la naturaleza)
(3) Tus dientes, es un rebaño de ovejas esquiladas
que salen de bañarse (dientes blancos),
Todas tienen mellizas
y no hay entre ellas estériles
(tiene toda la dentadura, y los dientes son pares, no le falta ninguno)
(4) Tus labios, una cinta de escarlata,
tu hablar, encantador.
(5) Tus mejillas, como corte de granada
a través de tu velo.
(6) Tu cuello, la torre de David
erigida para trofeos;
mil escudos prenden de ellas,
todos parecen de valientes (los adornos en el cuello)
(7) Tus dos pechos, como dos crías mellizas de gacela,
que pasan entre lirios del campo”.


Cantar de los Cantares 9.
Imagen: The Dennis & Phillip Ratner

 

 

 

En el capítulo 6 hay otra descripción (Cantar 6:4-16).

"Hermosa eres amada mía, como Tirsa,
encantadora como Jerusalén
(Jerusalén, conocida como Capital de Judá. Tirsa fue la tercera Capital del reino del norte después del cisma. Es una ciudad que está cerca de Siquem y fue la capital anterior a Samaria)

Retira de mí tus ojos
porque me subyugan,
tu melena, cual rebaño de cabras,
deambula por el Monte de Galaad.
Tus dientes, un rebaño de ovejas
que salen de bañarse, todas tienen mellizas
y no hay entre ellas estériles.
Y tus mejillas, como corte de granada
a través de tu velo”.

En el capítulo 5 (Cantar 5:10-16), es al revés. Es la esposa que describe el cuerpo del amado. Dije esposa, pero me corrijo. Son dos personas que se quieren. Pueden ser novios, esposos; esto no lo dice el texto.

“Mi amado es fúlgido y rubio
(mal traducido, el que tradujo esto es un europeo. El hebreo dice “adon”. Adon significa rojizo, como la tierra, como la tierra de Palestina, como en Argentina en el norte. Pero no rubio)

Su cabeza es oro, oro puro
su melena, racimos de palmeras,
negras como el cuervo
(a nosotros no nos gusta el cuervo, pero como imagen es linda; es un negro fuerte)

sus ojos, como palomas
junto a arroyos de aguas,
bañándose en leche
posadas junto a un estanque.
Sus mejillas, eras de balsameras,
macizos de perfumes.
Sus labios son lirios
que destilan mirra fluida.
Sus manos, aros de oro,
engastados de piedras de Tarsis (aquí, para la mujer no se describen las manos, pero para el varón sí)
Su vientre, pulido marfil
recubierto de zafiros.
Sus piernas, columnas de alabastro,
asentadas en basas de oro puro.
Su porte es como el Líbano
(¿Por qué? El Líbano es una montaña, muy famosa por los cedros, por su porte, por su estatura)

Su paladar, dulcísimo, y todo él (el personaje) un encanto.
Así es mi amado, así mi amigo,
hijas de Jerusalén”.

En el capítulo 7, nos queda otra hermosa definición que hace él de ella (Cantar 7:2-6).

“¡Qué lindos son tus pies (ahora va de abajo para arriba; la otra descripción era de arriba para abajo)
tus pies en las sandalias


Cantar de los Cantares 3.
Imagen: The Dennis & Phillip Ratner

hija del príncipe!
Las curvas de tu caderas son como collares,
obra de manos de artista.
Tu ombligo es un ánfora redonda,
donde no falta el vino.
Tu vientre un cúmulo de trigo,
de lirios rodeado (las imágenes son agrícolas)
Tus dos pechos, como dos crías mellizas de gacela (repite)
Tu cuello, como torre de marfil.
Tus ojos, las piscina de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim
(estas cosas son para nosotros extrañas, pero para ellos no)
Tu nariz, como la torre del Líbano,
centinela que mira hacia Damasco
(era una torre que estaba al norte de la ciudad de Jerusalén.
Uno diría que es de una nariz grande, no sabemos.
Pero la torre es hermosa)

Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo,
y tu melena, como la púrpura;
¡un rey en esas trenzas está preso!”
(Éstas son descripciones corporales hermosas. Además no se repiten, fuera de algunas palabras. La dirección a veces es diferente)

La ausencia de ausencia de Dios

En el Cantar un ausente es Dios. Aparece mencionado sólo una vez, en el capítulo 8 verso 6, justamente en un pasaje muy hermoso, que incluso se usa a veces en la liturgia de matrimonio

Sin embargo, justamente es importante que no esté la palabra “Dios” ¿Por qué? Porque el amor es una experiencia esencialmente humana; no se necesita legitimar el amor por una cosa divina, por un reclamo de Dios. Si Dios ha hecho al ser humano así, el amor es lo que es y nada más; no se necesita hablar de Dios.

Tampoco el texto quiere ser una teoría sobre la sexualidad. No es una celebración del amor, es una descripción, porque celebración significaría que hay una forma poética, un himno; pero son descripciones, escenas. La teología, teología del amor que está en el Cantar, no es conceptual; no hay frases que digan “el amor es bueno”, “Dios hizo a la pareja humana para que se quieran”. No hacen falta estas palabras, sino demostrar que hay dos personas que se quieren, que se buscan, que se persiguen, y ahí está Dios, ahí está la teología del Cantar de los Cantares.

Las claves con las que hay que leer el texto serían, por un lado, la crítica al amor frívolo de la corte –ahí está la figura de Salomón–, y la valoración del eros humano, del amor de pareja. Dos, leerlo en clave femenina podría ser una ayuda, aun la lectura que podría hacer el varón del Cantar. Tercero, el texto mismo habla de la pareja como algo cerrado; incluso hay imágenes como el huerto cerrado, el jardín, los lugares íntimos. Ya sea en el campo o en la casa, siempre es el encuentro de dos y nada más. Todo va a mostrar una unidad; son siempre ellos –él y ella–, continuamente. La contraparte es la poligamia, que justamente es la forma del amor de la corte del palacio. El Cantar habla de la pareja constituida o no constituida; no importa, porque hay búsqueda, desencuentro, hay pérdida. En un momento hay una escena de abuso, probablemente de violencia, de violación por parte de los guardias de la chica; pero esto es mostrado negativamente, y apunta al modo de ser diferente de esta pareja. No es necesario que el texto hable de matrimonio como institución; para eso debemos ir a Génesis 2. Acá es el amor, el amor incipiente, el amor de búsqueda, lo que uno quiera. En esto, el Cantar es extraordinario.

Para terminar, una frase del rabí Aquiva, gracias al cual el texto entró en el canon, dice así:

“Nadie diga en Israel que el Cantar de los Cantares
mancha las manos, porque todo el mundo no es tan valioso
como el día que el Cantar de los Cantares fue dado a Israel,
porque todos los escritos son santos,
pero el Cantar de los Cantares es el Santo de los santos”

(además, juega con shir jashirin, que es el superlativo Canto de los Cantos, y jodesh jaco dashin, Santo de los santos, que es un término que se usa para hablar de la parte más íntima del santuario del templo de Jerusalén).

 

Amén.

 

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