Citar como: http://www.puertachile.cl/teologia/2005_brun_iglesia.htm

 

La Iglesia que Jesús quería: compromiso humano y gracia divina

por Tony Brun, rector del Seminario Anabautista Latinoamericano (SEMILLA)

 


La intención fundamental de Jesús fue formar una comunidad que fuera abierta, diversa y diferente. Foto: Puerta del Rebaño

 

Introducción

Mucha gente quiere sinceramente saber de Jesús; pero esa misma gente no quiere saber nada de la iglesia. A mucha gente le gusta y se siente atraída a leer el evangelio; pero esa misma gente no quiere saber nada de pastores o de curas o de iglesia. Por un lado, los líderes se autodefienden diciendo que eso es así porque hay crisis y falta de fe y abundancia de pecado. Por otro lado, la gente culpa a los mismos pastores y ataca a la misma iglesia, diciendo que éstos y ésta son, justamente, la causa de la falta de interés, pues viven de espaldas al evangelio. Unos le echan la culpa a la gente, y ésta le echa la culpa a los líderes. ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Por qué ocurre esto?

En estos últimos años, muchas cosas cambiaron en la iglesia en general. Hay iglesias donde las personas no se conocen, no saben ni sus nombres, aunque dicen creer en un Dios personal. Hay iglesias que predican la pena de muerte y la guerra, aunque Jesús predicaba la paz y no quitaba la vida, sino que la daba. Hay iglesias que, en su modo de decir y hacer, tiran la primera piedra y condenan, aunque Jesús no tiró ninguna piedra y dijo "yo no condeno a nadie" (Jn. 8:15). ¿Qué hay detrás de todo esto? ¿Por qué ocurre esto?

Seamos honestos y reconozcamos que esto sucede en las mismas iglesias de tradición protestante. No somos la excepción. Ha llegado el momento de hacernos estas preguntas.

Ante tantos cambios, uno se pregunta: ¿Hay algo en la Iglesia que deba permanecer? ¿Qué cambió para mejor y qué cambió para peor? Ante tantas prácticas o grupos a los que se les llama "iglesia", uno se pregunta: ¿Coinciden nuestras ideas y prácticas sobre la iglesia con la imagen que nos presenta el evangelio de lo que debe ser la misma iglesia?

Éstas son preguntas radicales. O sea, se refieren a las raíces. Ser radical significa “volver a la raíz”. Así, también, ser reformado significa “volver a la forma”.

Al preguntarnos qué es y cómo debería ser la iglesia, nos hacemos una pregunta radical. Por eso, tenemos que ir a las raíces en el Evangelio y encontrar allí cómo era y debería ser la iglesia y compararla también con la iglesia actual. ¿Qué nos dicen los relatos evangélicos? ¿Qué iglesia quería Jesús? Jesús predicó el reino y apareció la iglesia. ¿Lo que apareció -y tenemos hoy- es lo que Jesús quería? Toda iglesia debe hacerse estas preguntas; toda misión que quiera “parir” iglesias debe hacerse estas preguntas; todo pastor/a que anhele pastorear en la iglesia debe hacerse estas preguntas.

No podemos decirlo todo acerca de la iglesia, pero me interesaría abordar lo esencial:

a) Las cosas que compartiré son las cosas que creo corresponden a lo que Jesús quería para la iglesia; en una palabra, las cosas que deben permanecer en la iglesia, para que ésta sea verdaderamente iglesia.
b) Las cosas que compartiré son las cosas que creo corresponden también a lo que quería la más original de las tradiciones protestantes. En una palabra, las cosas que deben permanecer en la iglesia reformada para que ésta se mantenga verdaderamente reformada y reformándose.

 

1. LA IGLESIA ES UNA COMUNIDAD (personas con unidad en común)

 

La iglesia es una congregación de gente unida (1).
Leinhar Scheimer, 1527-1528

 

Antes de nada, está claro que mientras anunciaba la cercanía del Reino, la intención fundamental de Jesús fue formar una comunidad. Jesús formó en torno de sí un grupo, una comunidad humana. Es lo primero que hace y a lo que dedicó más tiempo. No es un dato casual, no es un episodio aislado en la vida de Jesús. Es lo más importante para entender el evangelio y la salvación divina. Algunos dicen con humor: salvarnos le costó tres días, formar la comunidad le llevó tres años.

La comunidad de Jesús el Mesías, es modelo y ejemplo de lo que es ser pueblo de Dios. Si la iglesia quiere renovarse y seguir el evangelio con autenticidad, debe volver una y otra vez a la comunidad de discípulos que formó Jesús.

 

1.1 La iglesia es una comunidad abierta

Jesús llama a un grupo de personas humildes, trabajadores, pecadores y pescadores. No los llama para vivir para sí mismos y aislarse. Jesús no forma un grupo cerrado, sino una comunidad abierta, con una misión de crecer, atrayendo y transformando las vidas de personas a una nueva manera de vivir. Quiero recalcar que les llama a predicar el evangelio, la buena noticia. Pero esto no es recitar doctrinas, memorizar creencias, dar discursos. Más bien, es por el modo sencillo y transparente de vivir que se invita sin engaños ni presiones a las personas. San Francisco de Asís decía algo que me gusta mucho: "Predica el evangelio en todo lugar, y algunas veces, usa las palabras".

 

1.2 La iglesia es una comunidad diversa

Jesús llama a un grupo de personas muy diversas, de diversos trabajos y clases sociales. Hay mujeres, hay líderes, hay pecadores excluidos de la sociedad. Son los pecadores los que escuchan y siguen a Jesús. Se trata de una comunidad, de un grupo de personas llamadas a vivir de modo diferente. Y es de este grupo que Jesús escoge a unos líderes llamados a servir y ser testigos ante todo, en la comunidad y la sociedad. O sea, los líderes en la comunidad de Jesús no son ni anteriores (no están antes de la comunidad), ni exteriores (no están fuera de la comunidad) ni superiores (no están por encima de la comunidad). El liderazgo en la comunidad de Jesús es plural y servicial, surge de la comunidad y al servicio de la comunidad.

 

1.3 La iglesia es una comunidad diferente

Jesús llama a un grupo para vivir una vida diferente, por eso su mensaje es una nueva y buena noticia, especialmente para todos los oprimidos, abatidos y cansados aun por el peso de una religión que nos les libera sino que les condena, que no les hace felices sino apagados, aplacados por el peso de doctrinas opresoras de la libertad. Jesús inicia una colectividad humana diferente. Diferente del espíritu religioso que explota a la gente con el legalismo religioso y la piedad hipócrita. Diferente del espíritu político que colabora con el sistema y se deja seducir por el afán de tener, el ansia de poder y el deseo de subir (prestigio) de la sociedad. Estas tres ambiciones despiertan y expanden la violencia entre las personas y los pueblos. La sociedad basada sobre el proyecto de tener y no sobre la base esencial del ser, nos ha llevado a una situación de malestar, de confusión y de crisis como seguramente jamás se había producido en siglos pasados. Es en esta situación tan profundamente desagradable que hoy en día muchas y muchas personas ya han perdido las esperanzas. De los sistemas políticos no se espera gran cosa. Ni tampoco de los sistemas económicos.

Por eso, Jesús crea una comunidad diferente. Una comunidad que no se preocupa por el tener y acaparar sino por el proyecto de compartir. Una comunidad que no se afana por el poder y el dominio, sino por el espíritu de servir. Una comunidad que no ansía el subir de la fama y el prestigio, sino que tiene el deseo de bajar.

Primera conclusión: esto es lo que debe permanecer.

1. Que la iglesia es una comunidad
2. Una comunidad abierta a una nueva manera de vivir
3. Una comunidad diversa en su membresía, que es voluntaria, y cuyo liderazgo es plural y servicial
4. Una comunidad diferente donde la persona pueda ser libre y feliz (Bienaventurados… felices, dichosos)

En este sentido, la construcción de la comunidad es un compromiso humano. Esto debe permanecer en la iglesia, para que ésta sea auténticamente la iglesia que Jesús quería.

 

2. LA IGLESIA ES UNA GRACIA DEL ESPÍRITU / personas con carisma espiritual

 

Pero los hijos de Dios llegan a ser sus hijos por el Espíritu que une.
Y así, es evidente que la iglesia se construye y reúne por el Espíritu Santo (2).

Peter Riedeman, 1542

 

Antes de nada, está claro que para iniciar la reunión del grupo, de la comunidad, Jesús recibió y fue transformándose por la acción del Espíritu en él. Cuenta el evangelio que "el Espíritu le condujo al desierto" (Mt 4.1). Desierto es símbolo bíblico de pasaje, pascua, de pasar, de transitar, de peregrinar, de ir más allá. El Espíritu le llevó a un estado de pascua, de pasaje, de transitoriedad. Fue probado y sintió hambre (no sólo de pan…), fue probado y sintió tentación (no tentarás…), fue probado pero fue también convirtiéndose (a Dios sólo servirás…). Así también será para todo aquel que quiera ser auténticamente cristiano. Así también será para la comunidad que tome en serio el evangelio. Así también será para todo aquel o aquella a quien el Espíritu llame a una misión. No hay comunión sin previa conversión. No hay comunión ni conmigo mismo, ni con los demás, ni con Dios sin conversión. "Os es necesario nacer otra vez… Recibid el Espíritu", dice el Cristo.

 

2.1 De la conversión a la comunión


La tentación de Jesús (Gustave Doré)
Fuente: Scathach

La iglesia no es ley, no es obligatoria ni por coacción ni por deber. La iglesia es evangelio, es voluntaria y es por gracia divina. Seguir la manera de vivir de Jesús no es algo que podemos hacer por nosotros mismos, por fuerza de la voluntad y del deseo. Este querer "ser espirituales" es más una arrogancia que la verdadera búsqueda del Espíritu. Ser espiritual no es buscar, buscar, sino más bien dejarse encontrar, tornarse encontradizo, sin máscaras, sin autoengaños, allí donde estamos, así como somos. Necesitamos un cambio interior que el evangelio de Juan llama "nacer de nuevo". Hay que dejarse encontrar y recibir el Espíritu. "Que mi ego mengüe -decía Juan el Bautista- para que el Cristo crezca". "No más mi yo -decía Pablo-, sino el Cristo en mí".

Es por el Espíritu, es por la fuerza divina, que se puede ser capaz de vivir a la manera de Jesús. El egoísmo humano es tan fuerte, que a menos que el Espíritu divino nos transforme, no es posible el verdadero amor, ni la auténtica solidaridad, ni la genuina compasión, ni la necesaria paz. ¿Cómo amaré al otro, si no sé amar ni mi alma ni mi cuerpo ni al Espíritu en mí? ¿Cómo voy a pacificar, si yo no estoy pacificado? "Os es necesario nacer otra vez", dice Jesús. "Recibid el Espíritu", dice Jesús.

La iglesia es una comunidad con esta gracia, nacida del y por el Espíritu.

 

2.2 De la comunión a la transformación

Así, entonces, el grupo de personas "nacidas de nuevo" tiene como señales o carismas (regalos de la gracia) el amor de hermanos, la alegría, la paz, la tolerancia, el agrado, la generosidad, la sencillez, el dominio y la superación del egoísmo.

Por la comunión conmigo mismo, con los demás y con Dios, se va hacia a la transformación - personal y comunitaria - donde no hay privilegios ni de raza, ni de nación, ni de clase, ni de género. La hostilidad desaparece, los primeros sirven las mesas, y a los menos decorosos se les trata con más decoro. No hay distinciones discriminatorias. Son todos hermanos y hermanas, porque hay un solo Padre. Todos y todas son discípulos, porque hay un solo Maestro. El perdón es frecuente y es continuo, porque todos se saben pecadores y capaces también de pecar; por eso es que no arrojan la primera piedra, y en eso siguen a Jesús el Cristo, que decía "yo no condeno a nadie" (Jn 8.15).

Los bajos instintos pueden aparecer, las rivalidades pueden surgir, el egoísmo emerge cuando menos se espera, legitimado incluso por palabras y posturas religiosas. Donde emerge la luz, se revelan también las sombras. Cuando esto suceda, la comunidad no tiene más antídoto que volver al Espíritu que les recordará las palabras del evangelio: “orad sin cesar… pero recordad que no todo el que dice 'Señor, Señor', sino aquel que practica la voluntad de mi Padre… por eso, amaos los unos a los otros, como yo os he amado”.

 

2.3 De la transformación a la salvación

La comunidad no vive ni ama para sí misma. Como su Señor, es muriendo cuando resucita. Como la semilla, es disolviéndose en la tierra cuando germina. Como el amor, crece mientras se ofrece. No impone las propias ideas, sino testimonia e irradia la felicidad de haber hallado un tesoro mayor, la perla por la que todos anhelan y por la cual la humanidad suspira (Mt. 13.44-46).

La comunidad es testimonial. Aunque no tenga ni dependa de una junta de misión, vive con la misión de revelar el reinado, la intención divina. Por eso:

a) Ha de ser visible. No importa el lugar o la geografía (la gran ciudad o la montaña). No importa el número o la cantidad de gente (15 ó 1000), sólo bastan dos o tres reunidos y en acuerdo, y allí hay una Presencia entre y con ellos ("donde estén dos o tres, allí estoy yo", dice el Señor). Es tan visible esa comunidad, que son los demás los que dicen: "mirad cómo se aman". Por eso es visible.

b) Ha de tener compasión ante el dolor y la injusticia. No pasa de largo ante el dolor. La compasión y la misericordia guían la comunidad y, como su Señor, prohíbe publicar o hacer prosélitos y propaganda con su bondad. Siempre dispuesta a mejorar la situación, la comunidad apoya todas las iniciativas humanas que ya existen por el Bien y la Bondad. Por eso, tiene compasión ante el dolor y la injusticia.

c) Ha de optar por el pan y por la paz. Es caritativa, misericordiosa pero no ingenua. Por eso, da pan a quienes tienen hambre, pero también le cuestiona al mundo el porqué hay quienes tienen hambre. Busca la paz y la sigue, pues sabe que la victoria sólo conduce a la victoria, pero no a la paz. Sabe que la guerra nunca es justa y nunca es santa. Sabe, con la sabiduría de la India que: "Aquel que vence, engendra odio, y aquel que es vencido, sufre. Pero con serenidad y alegría se vive, si se superan la victoria y la derrota". (Dhammapãda XV, 5). Reza con la oración árabe: "la única victoria que perdura, es aquélla que no deja ningún derrotado". Recuerda con el filósofo Platón: “sólo los muertos ven el final de la guerra”. Sigue el evangelio: “no sólo no matarás, también os digo amaos los unos a los otros”. Ruega con el poverello de Asís: "Señor, hazme un instrumento de tu paz". Quiere el desarme de todas las armas; pero sabe y no ignora que la mayor arma de destrucción masiva es la miseria y el empobrecimiento de las mayorías. Por eso, opta por el pan y por la paz.

d) Ha de ser tierna y fraterna. No restringe la fraternidad a los del grupo, pues sabe que ella es tan sólo una parte de la familia humana. Sabe que en la casa de Dios hay muchas moradas circundadas y habitadas por el Soplo divino. Por eso, su co-misión no es con-vencer sino testimoniar. Según las palabras evangélicas, ella es luz, es sal, es levadura, es semilla. Como la luz, que es incolora y transparente, sabe que su misión no es encandilar sino alumbrar, y cuando ilumina toca un cuerpo opaco, resalta los colores que ya están allí en ese cuerpo, en ese lugar. Como la sal, sabe que su misión no es salarlo todo, sino resaltar el sabor que ya existe en ese alimento, en ese lugar. Como la levadura, sabe que su misión no es leudarlo todo, sino apenas un poco para que se manifieste la energía que ya está en la masa, en ese lugar. Como la semilla, sabe que su misión es transformarse y renacer hundiéndose en el humus de la tierra, para que lo mejor germine, en esa tierra, en ese lugar. Así, la iglesia no sigue la paranoia de conquistarlo todo, de iluminarlo todo, de salarlo todo, de leudarlo todo, ni se resiste a transformarse. Mediante el evangelio, llama a que el budista sea mejor budista, que el hinduista sea mejor hinduista, que el mahometano sea mejor mahometano, que el maya sea mejor maya, que el guaraní sea mejor guaraní, que el yoruba sea mejor yoruba, que el cristiano sea mejor cristiano. Porque la iglesia sabe que ella no es absoluta, sino relativa. Sabe que evangelizar no es cristianizar, sino ayudar al nacimiento de una nueva humanidad ("el que está en Cristo nueva humanidad es..." decía el apóstol). Que, al fin y al cabo, lo que hay que salvar no es la iglesia, ni tampoco el cristianismo, sino la vida, especialmente a partir de los más pequeños. Por eso es tierna y fraterna.

Segunda conclusión: esto es lo que debe permanecer.

1. Que la iglesia es siempre una gracia, siempre un don del Espíritu.
2. Una comunidad espiritual y, por eso mismo, "nacida de nuevo", una y otra vez.
3. Una comunidad espiritual y, por eso mismo, "reformada y siempre reformándose". Por eso, aunque le duela, ve las crisis de su vida como una oportunidad de acrisolamiento y transformación.
4. Una comunidad espiritual y, por eso mismo, testimonio visible de la salvación, especialmente a partir de los más infelices.

En este sentido, la construcción de la comunidad es una gracia divina. Esto también debe permanecer en la iglesia, para que ésta sea auténticamente la iglesia que Jesús quería.-

Guatemala, noviembre 2004

 

Notas

(1) Citado por Arnoldo Snyder (trad.) en Selecciones teológicas anabautistas (Herald Press, 1986) p.76

(2) Citado por Arnoldo Snyder (trad.) en Selecciones teológicas anabautistas (Herald Press, 1986) p.83

 

 

Ir mas allá

por Tony Brun

Publicado por Ediciones SEMILLA, 2004

El desafío actual para la espiritualidad de las iglesias, no es un desafío parcial, que se puede solucionar apenas con el consumo de ´bienes´ espirituales. La crisis espiritual es mucho más radical, y se evidencia como una ausencia de sentido. Muchos creyentes ya no quieren saber sobre Dios, sino que les mueve una sed interior por ´experimentar´ a Dios. Este libro aborda con franqueza estas cuestiones. Nos invita a ir más allá mediante una reconversión interior, que siguiendo el soplo del Espíritu en nosotros trascienda los miedos que enfrentamos al constatar la necesidad de cambios en estas tres dimensiones de la vida espiritual: personal, ambiental y social.