Citar como: http://www.puertachile.cl/teologia/2005_ayuda_mision.htm

 

El tsunami y la Biblia envenenada

por David Batstone

Publicado originalmente en inglés en Sojourners, 3 de febrero de 2005

Traducido por Felipe Elgueta Frontier

 

Un artículo aparecido esta semana en la portada de The New York Times dio la voz de alerta ante los grupos de ayuda evangélicos que están mezclando la asistencia a las víctimas del tsunami en Asia con el proselitismo religioso. Si bien es cierto que muchas conocidas entidades de inspiración religiosa se ciñen a las directrices de la Cruz Roja, que señalan que la ayuda humanitaria no debe usarse para fines políticos ni religiosos, algunos grupos misioneros gustosamente entregan tratados evangelísticos junto con alimentos y medicinas.

< Dibujo inspirado en la novela "La Biblia envenenada". Ilustración: Jeff Crosby

 

Honestamente, no sé por dónde empezar para elaborar una respuesta ante esta controversia. Yo mismo dirigí una agencia de desarrollo económico y social en América Central durante más de una década, y éramos explícitos en cuanto a nuestra inspiración cristiana. La mayoría de las entidades locales con las que colaborábamos eran iglesias católicas y evangélicas que ofrecían programas tales como microcrédito para comunidades, desarrollo de técnicas agrícolas innovadoras, alfabetización (a menudo ligada al estudio de la Biblia) y nutrición infantil. Pero, así entonces como ahora, hablar de ayuda humanitaria y motivación espiritual despierta reacciones adversas en diferentes sectores de la opinión pública.

 

Ayudar es la misión


¿Alimento a cambio de almas?
Foto: Paul Jeffrey/ACT International

Estoy seguro de que una buena parte de los lectores de The New York Times se horrorizó al ver que los grupos religiosos llevaban la delantera en la entrega de ayuda a las víctimas del terremoto/tsunami en el sur de Asia. Para algunos secularistas, todas las personas religiosas que establecen una misión para ofrecer ayuda humanitaria en el extranjero, quedan encasilladas dentro de aquellos personajes de los años 1950 que aparecen en la novela “La Biblia envenenada”, escrita por Barbara Kingsolver. En el mejor de los casos, los personajes son ignorantes acerca de la cultura local y, en el peor, son abiertamente manipuladores, mientras que, para el misionero, la caridad es sólo un arma para convertir a los necesitados "nativos".

Es hora de que los secularistas que manejan estos estereotipos se pongan al día con la realidad. Existe una amplia gama de agencias de ayuda con una motivación espiritual (Caridades Católicas, el Servicio Mundial de Iglesias, el Comité Central Menonita, el Servicio Jesuita para Refugiados, Lutheran World Relief, por nombrar sólo unos pocos servicios cristianos) que comprenden que su misión es ayudar a los seres humanos en los momentos difíciles. Y punto. Su visión es que dichas acciones por sí solas son la expresión de amor, compasión y justicia a la que se sienten llamadas.

Sin duda, hay algunas organizaciones misioneras –especialmente entre las iglesias evangélicas- que confirman el estereotipo de Kingsolver. Yo viví toda mi niñez en una iglesia evangélica, así que conozco bien la mentalidad de sus misioneros. Cuando me encontraba realizando mi trabajo en Latinoamérica, no fueron pocos los viejos amigos de mi familia que me preguntaron por qué estaba “desperdiciando mi tiempo” en proyectos que pretendían lograr cambios sociales reales o estimular el desarrollo económico a largo plazo. Según su modo de ver, eso un era trabajo de “asistencia social”, que era más apropiado dejárselo a los secularistas. El trabajo de una agencia de inspiración cristiana debía ser, según ellos, la propagación del mensaje cristiano y ganar conversos. Después de todo, como me argumentó un amigo, si los latinoamericanos con quienes trabajas no son salvos y tienen que pasar una eternidad en el infierno, tus proyectos no habrán servido de nada.

Algunos grupos de ayuda evangélicos se empeñan explícitamente en considerar la ayuda como la etapa uno dentro de una estrategia de conversión más larga. Una vez que los destinatarios experimenten la misericordia de la organización, ellos talvez estarán más abiertos a recibir el evangelio de Jesucristo y a ser bautizados en la iglesia.

Pero, en términos generales, la mayoría de las organizaciones misioneras evangélicas se han tornado un poco más cautelosas en cuanto a la forma en que mezclan evangelización y asistencia material. En otras palabras, es raro encontrar un grupo que le exija a un individuo sentarse a escuchar un sermón para que pueda recibir una comida.

 

Experimentar la presencia de Dios en el mundo

Dos teologías muy diferentes –o visiones de cómo Dios se presenta en el mundo, si así lo prefieren- sostienen estos dos enfoques de la asistencia humanitaria.

Las agencias “Kingsolverescas” de “alimento a cambio de tu alma”, entienden la redención como una transacción puramente espiritual. En su teología, este mundo ha caído en la maldad y está más allá de toda redención. El trabajo de los cristianos es predicar un mensaje personal según el cual hay un camino para ser salvo de este mundo caído, camino que está disponible para cualquier individuo que tome la decisión de seguir a Cristo. Si la gente sigue siendo budista, hinduísta, musulmana, judía o de otra fe más local, está destinada al infierno. En esta cosmovisión, es fácil juzgar a los pecadores e indicarles el camino hacia su salvación.

Si ustedes vieran el mundo de esta manera, ¿no decidirían por compasión hacer todo lo posible para salvar a la gente de todo el mundo? Entregar ayuda humanitaria en tiempos de crisis sería una forma efectiva de ganarse la confianza de la gente para que luego escuchen su mensaje. Éste es, en esencia, el ethos de la agencia proselitista de ayuda.


Sri Lanka: Un representante del Comité Central Menonita conversa con los lugareños como parte de su trabajo para evaluar los daños causados por el tsunami. Foto: Comité Central Menonita

No es así como experimento la presencia de Dios en el mundo ni es así como entiendo el llamado de Dios a una vocación de servicio. Al igual que la mayoría de los cristianos que trabajan en ayuda humanitaria a nivel internacional, veo a Dios llamando a personas para que actúen con amor y justicia dondequiera que haya sufrimiento.

Cuando llegamos a esos lugares, experimentamos intensamente la presencia de Dios, trabajando con nosotros y a través nuestro –y, a veces, a pesar nuestro- para llevar momentos de redención allí donde hay vidas destrozadas. La práctica espiritual así concebida nos impulsa a actuar para reunificar lo que la violencia ha separado, a enfrentar el mal con bondad, y a mostrar amor donde hay odio. No juzgamos, para no ser juzgados. Nuestro propósito es acoger. Sencillamente, estamos invitados a seguir la presencia de Dios, y rara vez sabemos adónde nos llevará –tanto a nosotros como a quienes servimos. Nuestra fe es la esperanza en cosas que aún no se ven claramente, pero tenemos confianza en la senda que se extiende ante nosotros.-

 

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