Citar como: http://www.puertachile.cl/teologia/2005_amores.htm

 


Sólo una de las cuatro palabras
griegas que traducimos como
"amor" se refieren a la atracción
mutua entre hombre y mujer.

Las cuatro maneras de amar

por Ariel Álvarez Valdés, Sacerdote diocesano argentino, Licenciado en Teología Bíblica

Publicado originalmente por revista Amigo del Hogar, N°591, marzo 1997, p. 26

Extraído de un artículo más extenso de Ariel Alvarez: ¿Ordenó Jesús amar a los enemigos?, condensado en Selecciones de Teología, N°141, 1997, pp. 38-42

 

El Sermón de la montaña (Mt. 5-7) es, sin duda, el más revolucionario y exigente de los pronunciados por Jesús. En ninguna parte como aquí pone Jesús tan alta la lista de sus exigencias. Pero el asombro llega a su colmo cuando exclama: "Amen a sus enemigos y recen por los que les persiguen" (5:43-44).

Si no lo hubiera dicho Jesús, parecería absurdo. Hay que averiguar qué quiso decir Él, y así sabremos qué es lo que exigió a sus seguidores. El problema radica en que hay distintos tipos de amor, y en castellano los expresamos con el mismo verbo amar. En cambio, en griego –lengua en que fueron compuestos los Evangelios– para ello existen cuatro verbos distintos.

 

El amor sexual

Erao (de donde derivan eros y erótico) significa amar en sentido sexual. Se emplea pira referirse a la atracción mutua del hombre y la mujer. Se emplea, pues, en griego para describir el amor romántico y sexual.

 

El amor familiar

Stergo expresa en griego el amor familiar, el cariño de los padres con sus hijas e hijos y de éstas y éstos con sus padres.

San Pablo emplea un compuesto cuando pide a los cristianos de Roma: “Como buenos hermanos, sean cariñosos (stergo) unos con otros, rivalizando en la estima mutua” (Rom. 12:10). Pablo usa a propósito este verbo, considerando que los cristianos forman una familia. Se refiere, pues, al amor de familia, ese amor que no se merece, porque brota naturalmente de los lazos de parentesco.

 

El amor de amistad

Fileo expresa el amor de amistad, el afecto cálido que se siente entre dos amigos. Sería más apropiado traducirlo por el castellano querer. Así, cuando Lázaro, el amigo de Jesús, enfermó, sus hermanas le mandaron este recado: “Señor, aquél a quien tú quieres (fileo) está enfermo” (Jn. 11:2). Filos (amigo) es un derivado de fileo muy usado en el Nuevo Testamento, por ejemplo en la parábola del hijo pródigo.

En griego se reserva, pues, generalmente el verbo fileo para el amor de amistad, que supone reciprocidad.

 

El amor de caridad

El cuarto y último verbo es agapao y expresa el amor de benevolencia, el amor capaz de dar y de mantenerse dando sin esperar nada en retorno. Es el amor totalmente desinteresado. De este verbo se deriva la palabra agape (amor de caridad). Juan lo emplea en el relato de la última Cena: “Jesús... habiendo amado (agapao) a los suyos, los amó (agapao) hasta el extremo”: (13:1). Y más adelante afirma: “No hay amor (agape) más grande que dar la vida por los amigos (filos) (15:13).

En este cuarto tipo de amor, no importa lo que una persona pueda hacer o hacernos, ni la forma como nos trate. Siempre tendremos la posibilidad de amarle, que no consiste en sentir algo por ella, sino en hacer algo por ella.

Así, pues, el amor de agape no consiste en lo afectivo, sino en lo efectivo: es el amor teologal, el amor total.

 

Lo que manda Jesús


“Jesús... habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”. Imagen: Canadian Mennonite

 

 

En la frase en la que Jesús manda amar a los enemigos, no sale ni erao ni stergo ni fileo, sino agapao. Con esta precisión, podemos comprender mejor la frase.

Jesús nunca exigió que amáramos a nuestros enemigos del mismo modo que amamos a nuestros seres queridos o a nuestros amigos. Si hubiera querido esto, los evangelistas hubieran empleado otros verbos.

El amor que Jesús exige aquí es otro. Es el agape, que no consiste en un sentimiento. Si se tratara de un afecto, no sólo sería un mandato imposible de cumplir, sino también absurdo: nadie puede obligarnos a sentir afecto.

El amor que Jesús exige consiste en una actitud, una determinación que pertenece a la voluntad. Invita a amar incluso en contra de los sentimientos que experimentamos instintivamente. El amor que nos exige no obliga a sentir afecto por quien nos ha ofendido ni a devolver la amistad a quien nos ha defraudado. Lo que sí pide es la capacidad para ayudar y prestar un servicio a aquél que un día nos ofendió.

 

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