Crítica de la Hermenéutica Occidental: por Pablo
Richard
Texto original: "Crítica de la Hermenéutica Occidental y Lectura Popular de la Tradición: Hermenéutica del Espíritu”, publicado en Revista Pasos No.49, septiembre-octubre de 1993, Departamento Ecuménico de Publicaciones (DEI), San José, Costa Rica.
1. El espíritu de la dominación colonial occidental 2. Globalidad de la dominación y su carácter metafísico, necesario y natural 3. La reconstrucción del Espíritu en contra de la Cristiandad occidental
Introducción La Cristiandad colonial occidental impuso el dominio del español sobre el indio, del varón sobre la mujer y del ser humano sobre la naturaleza; fundó una espiritualidad simultáneamente etnocéntrica. patriarcal y anticorporal. No obstante, en estos 500 años de resistencia espiritual a la dominación occidental ha nacido una nueva conciencia y una nueva experiencia del Espíritu, que anima especialmente a los movimientos de liberación de los indígenas, de los negros, de la mujer, de los jóvenes y de la naturaleza.
1. El espíritu de la dominación colonial occidental El cristianismo llegó a América Latina y el Caribe, a Africa y a Asia. con la expansión colonial de Occidente. Esta es una realidad histórica objetiva y global, que no niega los hechos particulares positivos y la generosidad y buena intención de muchos misioneros. Los habitantes originarios de estos tres continentes sufrieron la llegada del cristianismo como la imposición de un sistema occidental y colonial de dominación. Desde el siglo XVI hasta hoy, este proceso se ha mantenido, sea en su versión católica o protestante. Este hecho, además, ha significado una profunda perversión espiritual y hermenéutica en el seno del mismo cristianismo. Quisiéramos ilustrar lo anterior con un ejemplo concreto. Tomaremos al autor del siglo XVI que mejor representa el espíritu de conquista de la Cristiandad occidental: Juan Ginés de Sepúlveda. Utilizaremos como referencia su obra fundamental: Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios (1), (2) : ...es justo y natural que los hombres prudentes, probos y humanos dominen sobre los que no los son... (por eso) con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como los niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas, de los prodigiosamente intemperantes a los continentes y templados, y estoy por decir que de monos a hombres (pág. 101). Tenemos ya aquí establecida la correlación: bárbaros del Nuevo Mundo-niños-mujeres-gentes fieras y crueles-intemperantes-monos. Por el contrario, el español conquistador es adulto, varón, gente clementísima, continente y templado; en una palabra: es Hombre (opuesto a mono). La guerra de los españoles contra los indios es justa, porque: ...siendo por naturaleza siervos los hombres bárbaros, incultos e inhumanos, se niegan a admitir la dominación de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; dominación que les traería grandísimas utilidades, siendo además cosa justa, por derecho natural, que la materia obedezca a la forma, el cuerpo al alma, el apetito a la razón, los brutos al hombre, la mujer al marido, los hijos al padre, lo imperfecto a lo perfecto, lo peor a lo mejor, parabién universal de todas las cosas (pág. 153). En otro lugar agrega: ¿Qué cosa pudo suceder a estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo; de torpes y libidinosos, en probos y honrados; de impíos y siervos de los demonios, en cristianos y adoradores del verdadero Dios"? (pág.133). Con esto queda justificada la dominación total: ...lo natural y justo es que el alma domine al cuerpo, que la razón presida al apetito... por eso las fieras se amansan y se sujetan al imperio del hombre. Por eso el varón impera sobre la mujer, el hombre adulto sobre el niño, el padre sobre sus hijos, es decir, los más poderosos y más perfectos sobre los más débiles e imperfectos... (pág. 85).
2. Globalidad de la dominación y su carácter metafísico, necesario y natural
La relación fundamental y fundante es el binomio español-indio, que expresa la relación de dominación colonial. Del español se dice que son gente clementísima, superiores en prudencia, ingenio y virtud, más poderosos y perfectos. El indio, por el contrario, es tratado de bárbaro, inculto, intemperante, gente fiera y cruel. El español es humano, representa la humanidad. El indio es inhumano, apenas merece ser llamado humano, es más bien como un mono. Ginés los llama continuamente "hombrecillos" (en latín "homunculi") (3). El español es como el varón, el adulto, el padre, el humano. El indio es como la mujer, el niño, el hijo o el animal. La relación entre ambos es de dominio: "las fieras se amansan y se sujetan al imperio del hombre... el varón impera sobre la mujer". Es evidente la relación intrínseca entre la dominación colonial (español-indio), la dominación de género (varón-mujer), la dominación de generación (adulto-niño) y la dominación de naturaleza (humano-animal). La dominación colonial es pues global, y abarca todas las dimensiones del ser humano y de la naturaleza. El eje fundamental del pensamiento de Juan Ginés de Sepúlveda, y quizás de todo el pensamiento greco-latino-occidental, es la dualidad alma-cuerpo. Lo novedoso en la conquista colonial es la identificación de la relación alma-cuerpo con la relación español-indio. El español se identifica con el cristianismo y con el culto al Dios verdadero. El indio es salvaje (bárbaro-pagano) y adorador de los demonios. La relación de dominación colonial es identificada con la relación de dominación de la forma sobre la materia, del alma sobre el cuerpo, de la razón sobre el apetito (4). El español es al indio como el alma al cuerpo. Igual sucede con la relación de dominación sobre la mujer, el niño y la naturaleza. La relación de dominación es presentada además como la relación del poderoso sobre el débil, de lo perfecto sobre lo imperfecto, de lo mejor sobre lo peor. Y agrega Ginés: "Este es el orden natural que la ley divina y eterna manda observar siempre" (5). Todo es probado con certeza por la autoridad de Aristóteles, San Agustín y Santo Tomás, que son citados abundantemente (6). El varón se identifica con el alma y, por lo tanto, él es espiritual y racional; la mujer es cuerpo, es apetito carnal, es irracional. El varón está cerca de Dios; la mujer se identifica con el pecado, y a menudo con el demonio (las brujas). También el niño, frente al adulto, es presentado como materia informe y ser irracional. El mismo esquema alma-cuerpo, razón-apetito, forma-materia, se aplica al dominio del hombre sobre la naturaleza. La dominación adquiere un carácter espiritual, metafísico, racional, natural y necesario. El conquistador (y también el varón, el adulto y el humano) es el que pone orden, es el espiritual, el que impone la racionalidad. El indio (y también la mujer, el niño, la naturaleza) es materia, es cuerpo, es irracional, es apetito, por eso no es humano, no tiene alma, es como una fiera salvaje, como un mono. Así como el alma debe ejercer violencia contra el cuerpo, sobre todo cuando se rebela contra el alma, así también el conquistador puede y debe ejercer violencia contra el indio; el varón contra la mujer; el adulto contra el niño; el ser humano contra la naturaleza. El hombre espiritual domina y ejerce violencia contra la naturaleza material y contra el cuerpo. La destrucción de la naturaleza y del cuerpo, lo mismo que la del indio o la mujer, no es importante para la identidad espiritual de Occidente (7). En esta tradición lo esencial, y lo que finalmente se salva, no es el cuerpo o la naturaleza, sino el alma. Es el alma, y no el cuerpo o la naturaleza, el lugar decisivo y definitivo del encuentro con Dios. La expansión colonial de la Cristiandad occidental en Abia Yala (8), al identificar lo espiritual y lo racional con la dominación del español sobre el indio, del varón sobre la mujer, del adulto sobre el niño y del ser humano sobre la naturaleza, destruyó profundamente la dimensión espiritual presente en el indio, en la mujer, en el niño, en la naturaleza y en el cuerpo. La conquista occidental impuso una racionalidad y una espiritualidad etnocéntricas, patriarcales, autoritarias, anti-naturaleza y anticorporales.
3. La reconstrucción del Espíritu en contra de la Cristiandad occidental El pensamiento colonial que hemos ejemplificado en la obra de Juan Ginés de Sepúlveda, fue la expresión teórica de la conquista y de toda su destrucción humana, ecológica, económica, política, social, cultural y religiosa. Vivimos en el siglo XVI un genocidio de 60 millones de indígenas, y posteriormente de unos 20 millones de negros traídos de África. Es el mayor genocidio conocido en la historia de la humanidad, realizado íntegramente en el contexto de la Cristiandad occidental (9). Occidente buscó deslegitimar y destruir la experiencia cultural, religiosa y espiritual de los pueblos indios y de todos los oprimidos. El indio tiene una cultura profundamente espiritual y religiosa. El indio, mujer y varón, hace la experiencia de Dios, mujer y varón, en la naturaleza y sobre todo en la madre tierra. En la religión india hay una identificación profunda entre indio-mujer-naturaleza-Dios (10). Dios y su Espíritu, en todas las tradiciones indígenas de Abia Yala, está siempre presente en la comunidad (cultura), en la persona (mujer-varón), en la naturaleza y en la tierra. En la conquista se dio una confrontación radical entre la espiritualidad de la Cristiandad occidental y la espiritualidad de los pueblos indios. Occidente niega el Espíritu ahí donde los indios lo viven. Estos 500 años de resistencia indígena han sido 500 años de resistencia espiritual contra el colonialismo occidental. Lo mismo podemos decir de esa conciencia que surge hoy en la sociedad civil y en los movimientos sociales en América Latina y el Caribe, y en el llamado Sur. Hoy, la resistencia a la dominación colonial, dominación en su forma actual de "Nuevo Orden Internacional". presenta la misma forma original que encontramos en las raíces profundas de nuestra identidad. La resistencia en la actualidad se desarrolla en una conciencia donde se da la unidad de la dimensión de cultura (indígena, negra y mestiza), de género (mujeres) y de naturaleza (la tierra, el cuerpo, el cosmos, el ambiente). A esto se suma la dimensión básica del trabajo-tierra y de la soberanía (autonomía de las naciones frente a la injerencia extranjera). Últimamente se habla también de generación, refiriéndose a los jóvenes, quienes además de ser mayoría en nuestro continente, quieren ser sujetos históricos reales hoy (y no sólo "esperanza del mañana"). Esta conciencia que une cultura-género-generación-trabajo-tierra-naturaleza-soberanía, fundada en la alianza de indios, negros, mujeres, jóvenes, trabajadores, naturaleza y tierra, es una conciencia y un movimiento diferenciado y múltiple, pero profundamente unido en la resistencia a la dominación colonial actual. Esta conciencia o movimiento histórico lo llamamos simbólicamente Sur, dado que después del fin de la guerra fría y de la confrontación Este-Oeste, se impone como dominante la contradicción Norte-Sur. Los centros de poder se encuentran principalmente en el Norte, así como las masas agredidas y despojadas se hallan fundamentalmente en el Sur, donde vive el 80% más pobre de la humanidad (11). Esta nueva conciencia que nace del Sur, donde se unifica la dimensión de cultura-género-generación-trabajo-naturaleza-tierra-soberanía, exige asimismo una Hermenéutica del Sur, que oriente una nueva interpretación bíblica en contra de la conciencia occidental colonial dominante. Para nosotros hoy, la identificación cultura-género-naturaleza-trabajo-soberanía-generación es el espacio privilegiado de lo espiritual, de lo racional, de la presencia y revelación de Dios. El movimiento de liberación de los oprimidos, que es la suma de los movimientos indígenas, afroamericanos, obreros y campesinos. de liberación de la mujer, ecológicos, de niños y de jóvenes, de liberación nacional, es un movimiento por la vida, pero al mismo tiempo es un movimiento espiritual. El movimiento de liberación en contra del pensamiento colonial occidental, identifica lo espiritual y lo racional con la liberación del indio, del negro, de la mujer, del joven y de la naturaleza. La liberación de los oprimidos está rescatando el sentido de lo espiritual hoy en la historia. El pensamiento occidental, con su esquema alma-cuerpo, despreciaba al cuerpo, al indio, al negro, a la mujer, al niño. a la naturaleza; hoy, la conciencia de liberación que surge en el Sur valora como espiritual y racional justamente la liberación del cuerpo, del indio, del negro, de la mujer, del niño y de la naturaleza. El movimiento de liberación subvierte radicalmente el pensamiento colonial occidental, y rescata el Espíritu justamente ahí donde la dominación lo niega. El movimiento de liberación es fundamentalmente un movimiento espiritual. El Sur es pobre en dinero, tecnología y armas, sin embargo es rico en Espíritu, en humanidad y en cultura. La fuerza de Dios en el Sur no se manifiesta en el poder de las armas y del dinero, sino en la fuerza espiritual de los indios, de los negros, de los campesinos, de los jóvenes, de las mujeres, de la tierra y de la naturaleza. La Hermenéutica de la Liberación es una Hermenéutica del Sur. una hermenéutica del Espíritu, una hermenéutica de los pobres y de los oprimidos, marcada también por la teología de la Cruz (cf. 1 Cor. 1 y 2).
4. Biblia y conquista
El esquema occidental de dominación, basado en la distinción alma-cuerpo y su utilización como paradigma social para justificar la dominación del conquistador sobre el indio, del hombre sobre la mujer y del ser humano sobre la naturaleza, pervirtió profundamente el sentido de la tradición bíblica. La Biblia fue leída e interpretada en una hermenéutica colonial y occidental de dominación. Hasta hoy, los indígenas de Abia Yala viven un trauma con la Biblia. Esta fue interpretada contra la experiencia espiritual de los pueblos indios. Se aplicó, por ejemplo, el esquema bíblico de la conquista de Josué sobre los pueblos cananeos a la conquista de los pueblos indígenas. Se combatió las religiones indígenas utilizando contra ellas la tradición profética anti-idolátrica. Se leyó el Nuevo Testamento desde una cristología imperial y desde una eclesiología patriarcal y autoritaria. Se identificó lo espiritual con la cultura occidental, con el dominio del varón sobre la mujer y del ser humano sobre la naturaleza. Esta perversión espiritual, realizada por la tradición greco-latina-occidental, puso la Biblia al servicio de la dominación colonial, lo mismo que de la dominación patriarcal y anticorporal, anti-naturaleza. La tradición judeocristiana fue invertida y transformada en su contrario. Por eso Juan Ginés de Sepúlveda pudo tan fácilmente utilizar la Biblia y el pensamiento cristiano occidental para justificar el genocidio más horroroso en la historia de la Cristiandad. La hermenéutica occidental (colonial, patriarcal. autoritaria y anti-corporal) interpretó la Biblia con un espíritu ajeno, no con el espíritu con el cual fue escrita. Al definir la espiritualidad y la racionalidad por el dominio correlativo del alma sobre el cuerpo, de la razón sobre el apetito, del español sobre el indio, del varón sobre la mujer y del ser humano sobre la naturaleza, la hermenéutica occidental pervirtió el espíritu profundo de toda la Biblia. Mientras no recuperemos la Biblia desde el espíritu con el cual fue escrita, ninguna exégesis tendrá éxito en el descubrimiento de la Palabra de Dios como Palabra diferente de la cultura occidental dominante. No se trata, en primer lugar, de rescatar la Biblia exegéticamente versículo por versículo, sino de rescatar el Espíritu con el que ella fue escrita en su totalidad y profundidad. El rescate de este Espíritu se da hoy en la experiencia de la Palabra de Dios en los movimientos de liberación (liberación del indio, del negro, de la mujer, del joven, del cuerpo y de la naturaleza). Es ahí donde nuestra fe discierne la Palabra de Dios, iluminada por el mismo Espíritu que inspiró la Biblia.
5. Biblia y resistencia La antropología bíblica se define fundamentalmente por la oposición vida-muerte, El espíritu ("pneuma") es la tendencia del ser humano (en su cuerpo y en su alma) hacia la vida; lo contrario al espíritu es la carne ("sarx"), que es la tendencia de todo el ser humano (en su cuerpo y en su alma) hacia la muerte. Así, en Rom. 8, 6: "La carne tiende a la muerte; el espíritu, en cambio, a la vida y a la paz". El hombre o la mujer carnal es el hombre o la mujer orientado, en su cuerpo y en su alma, a la muerte; el hombre o la mujer espiritual, es el hombre o la mujer orientado, en su cuerpo y en su alma, a la vida. Es el triunfo de la vida sobre la muerte lo que define lo espiritual. La salvación es la superación de la muerte, en cuerpo y alma. El Espíritu Santo lleva a su plenitud la tendencia hacia la vida, más allá de la muerte, en la resurrección del ser humano en cuerpo y alma; lo contrario es el pecado, que refuerza en nuestro cuerpo y alma la tendencia hacia la muerte. De este modo puede decir San Pablo: "el régimen del Espíritu de la vida te ha liberado del régimen del pecado y de la muerte" (Rom. 8:1-2) (12). Los pueblos indios, a pesar de la conquista y de la Cristiandad occidental, empezaron a leer la Biblia de una manera diferente. Hoy existe ya una Hermenéutica India o lectura india de la Biblia (13). En esta Hermenéutica India se valoran las "semillas del Verbo" presentes en la religión india antes de la llegada del cristianismo. El cosmos, la cultura y la religión indias, son considerados como el primer libro de Dios. La Biblia es el segundo libro, para discernir en el primero la presencia y revelación de Dios. Los mismos indígenas, con su cultura y religión, quieren ser sujetos de esta lectura india de la Biblia. Existe asimismo en Abia Yala un movimiento llamado Lectura Popular de la Biblia; otros lo llaman Lectura Pastoral de la Biblia o Lectura Comunitaria de la Biblia (14). Lo importante es que la Biblia es leída e interpretada por los pobres en las así llamadas Comunidades Eclesiales de Base, en un clima de oración y compromiso. Estas Comunidades florecen sobre todo entre los indígenas, los negros, los campesinos, y en general entre la gente más oprimida, excluida y marginada. Las Comunidades Eclesiales son de Base, porque están profundamente insertas en la sociedad civil y en los movimientos sociales. En estas Comunidades, la Biblia es leída por los oprimidos al interior de los movimientos sociales, lo que genera un movimiento espiritual en medio del pueblo. La Biblia es leída e interpretada en el seno de los movimientos indígenas, afroamericanos, obreros y campesinos, de liberación de la mujer, ecológicos y de jóvenes. La Palabra de Dios es leída con el Espíritu que se hace visible y activo en estos movimientos en relación con el cuerpo, con la cultura, con la mujer, con la naturaleza, con los jóvenes. La experiencia del Espíritu no se da en el alma en contra del cuerpo, sino en la afirmación de la vida en contra de la muerte. La vida es afirmada claramente como vida plena del cuerpo, vida del pobre, vida del indio, vida del negro, vida de la mujer, vida del joven, vida de la naturaleza. El espacio del Espíritu es el mundo definido por la relación cuerpo-cultura-género-generación-trabajo-naturaleza. Una interpretación de la Biblia desde el cuerpo, la cultura, la mujer, el trabajo, la naturaleza, es una exigencia del mismo Espíritu. En la Lectura Popular de la Biblia la experiencia del Espíritu tiene un nuevo lugar social en la historia.
6. Hermenéutica del Espíritu La importancia del Espíritu Santo en la hermenéutica la podemos percibir en un texto del Patriarca Atenágoras, quien desde su perspectiva oriental nos dice: Sin el Espíritu Santo, Dios está
lejos. San Pablo se refiere al Espíritu en términos de vida-muerte: Nuestra fuerza viene de Dios, La importancia del Espíritu en la hermenéutica no se reduce simplemente a creer o no creer en él, sino a definir dónde lo encontramos. El problema no es la existencia del Espíritu, sino su presencia o lugar social en la historia. Decimos del Espíritu lo que decimos de Dios en general: el problema no es creer en Dios, sino en cuál Dios creemos. El problema no es creer que Dios existe, sino discernir dónde está Dios en nuestra historia. Lo fundamental no es la existencia de Dios, sino su presencia liberadora en el mundo. Este nuevo planteamiento sobre Dios y su Espíritu es importante y significativo especialmente en el mundo de los oprimidos, en el Tercer Mundo o mundo del Sur. El peligro para nuestra fe no viene del secularismo o del ateísmo, sino de la idolatría. Lo que históricamente amenazó de muerte nuestra fe fue la conquista colonial hecha por la Cristiandad occidental, el holocausto de los esclavos negros hecho por europeos cristianos; hoy esa amenaza continúa cuando los poderosos, los banqueros, los dictadores, se confiesan cristianos. Todo esto genera la perversión espiritual que llamamos idolatría. Por eso, lo más importante no es una hermenéutica de la existencia de Dios, sino una hermenéutica del Dios de los pobres, del Dios de los indios, de los negros, de las mujeres, de los jóvenes; un Dios de la vida, que libera el cuerpo y la naturaleza. La hermenéutica debe dar razón en forma eficaz y concreta del lugar social de Dios y de su Espíritu en la historia. La teología occidental todavía hoy es fundamentalmente etnocéntrica y racista, patriarcal y autoritaria, anticorporal y destructora de la naturaleza. Es una teología que mata y una hermenéutica sin Espíritu, que tiene todos los efectos que Atenágoras denuncia en el texto citado al comienzo. La exégesis de los últimos cien años ciertamente ha producido obras de gran trascendencia y utilidad; muchos exégetas, mujeres y hombres, han sido auténticos maestros de la fe y profetas. No obstante el espíritu dominante de la exégesis ha sido sin duda el espíritu occidental colonial, en su forma última de la modernidad, marcada por el positivismo, el racionalismo, el liberalismo, el individualismo y el existencialismo. La exégesis normalmente se desarrolla en academias cerradas, donde el espíritu de competencia de la economía de mercado se manifiesta en la búsqueda de poder y prestigio. En el Tercer Mundo, en Abia Yala, África y Asia, no tenemos problema con los métodos exegéticos, sino con el espíritu de estos métodos. Los métodos son útiles y eficaces, sin embargo el espíritu de estos métodos sigue siendo el espíritu etnocéntrico, patriarcal y autoritario del mundo occidental, antiguo y moderno. Un exégeta del Tercer Mundo expresaba este malestar diciendo en forma significativa: Cuanto más estudio los comentarios bíblicos, menos entiendo la Biblia; cuanto más estudio la Biblia, menos entiendo los comentarios bíblicos. Hay miles de obras exegéticas que no tienen Espíritu y que nacen simplemente como mercancías en el mercado moderno de la ciencia, al servicio del dinero, del prestigio y del poder. Por supuesto hay excepciones, pero en términos generales la exégesis y la hermenéutica occidental sufren una crisis de Espíritu, que se hizo manifiesta a nosotros desde la conquista colonial. En la Hermenéutica de la Liberación, que nace desde el Sur, desde el Tercer Mundo y desde todos los oprimidos de la tierra, es fundamental el rescate del Espíritu. La Hermenéutica de la Liberación quiere ser una Hermenéutica del Espíritu y con Espíritu. Pero, como dijimos al comienzo, no basta creer en el Espíritu, sino discernir en cuál Espíritu creemos y dónde lo encontramos. No se trata de cualquier espíritu, sino del Espíritu del Dios de vida que se revela en los pobres, en los oprimidos, en las tradiciones culturales y religiosas de los pueblos, en la mujer y en la naturaleza. Es el mismo Espíritu con el cual la Biblia fue escrita. Como dice bellamente la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II: "la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla con el mismo Espíritu con que se escribió" (DV 12). La Evangelización inculturada como obra del Espíritu fue el gran tema de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de la Iglesia Católica celebrado en 1992 en Santo Domingo. Posiblemente será también el desafío fundamental de todas las Iglesias, especialmente en el Tercer Mundo. La Hermenéutica de la Liberación se transforma en una Hermenéutica del Espíritu también en este encuentro entre cultura y Evangelio. Los pueblos indígenas de Abia Yala no solamente son campesinos pobres y oprimidos; son asimismo pueblos con una cultura y religión milenarias. Ellas les han permitido sobrevivir estos últimos 500 años a pesar de la conquista de la Cristiandad occidental. La cultura es la identidad más profunda de los pueblos indios, lo que los constituye en sujetos de su propia historia. Esta identidad es en su totalidad religiosa. En la cultura está el Espíritu. Una evangelización inculturada únicamente es posible a partir de esta cultura y religión indígenas, en las cuales se da una presencia y revelación de Dios desde antes de la conquista colonial. Una hermenéutica del Espíritu es antagónica a una Hermenéutica del Poder. La evangelización desde las culturas exige a las Iglesias un total despojo del poder de su cultura colonial occidental y una fidelidad renovada a las exigencias del Espíritu. Cuando la Iglesia tuvo poder, nunca logró evangelizar. Sólo una Iglesia pobre, ecuménica y llena de la fuerza del Espíritu, podrá evangelizar desde las culturas oprimidas y marginadas. Pentecostés es el misterio fundante de una evangelización inculturada, pues hizo posible que todos los pueblos pudieran escuchar el Evangelio en su propia lengua y cultura (cf. Hechos 2:11).-
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(1) Publicado en México D. F., Fondo de Cultura Económica. 1979. Edición bilingüe (latín-español). (2) Para una discusión más detallada sobre la obra, véase: Fernando Mires: En nombre de la cruz. Discusiones teológicas y políticas frente al holocausto de los indios (periodo de conquista). San José. Editorial DEI.1986. (3) Dice Ginés: "Compara ahora estas dotes de prudencia, ingenio, magnanimidad, templanza, humanidad y religión [de los españoles] con las que tienen esos hombrecillos en los cuales apenas encontrarás vestigios de humanidad" (homunculos illos in quibus vix reperies humanitatis vestigia), op. cit., pág. 105. (4) Texto ya citado de la pág. 153. Cito aquí el texto latino para calibrar la exactitud de los términos: "justum est eo jure naturae, quo materia formae. corpus animae, appetitus rationi, hominibus animalia bruta, viris mulieres, patribus filii, imperfecta, scilecet, perfectis, deteriora potioribus, debent, ut utrisque bene sit. obtemperare". (5) "Hic est enim ordo naturalis, quam divina et aetema lex ubique servari jubet" (pág. 153). (6) El influjo de Aristóteles en Juan Ginés de Sepúlveda es determinante y omnipresente, principalmente el tratado del filósofo sobre la Política (cf. el capítulo 1,3). Las Sagradas Escrituras son citadas muy poco, y en forma puramente literaria y acomodaticia. (7) Cf. Pablo Richard: "1492: la violencia de Dios y el futuro del cristianismo", en: Concilium N° 232. Noviembre 1990, págs. 429-438. (8) Abia Yala es el nombre que los indios kunas de Panamá dan a nuestro continente. Para nosotros el nombre "América Latina" es un nombre colonial y carece de sentido. Abia Yala en lengua kuna significa Tierra Madura, Tierra Madre grande, la Tierra de sangre. Cf. Aiban Wagua. Concilium N°232. Noviembre 1990. pág. 418. nota 6. (9) Para el concepto de Cristiandad, cf. Pablo Richard: Marte das Cristandades e nascimento da Igreja. Sao Paulo, Edicôes Paulinas, 1982. (10) Sobre la Teología India existe una abundante literatura, la mayoría en forma de publicaciones mimeografiadas o folletos ocasionales (lo que todavía podríamos considerar como tradición oral). Publicaciones importantes son: Teología India. Primer Encuentro Taller Latinoamericano. México D. F.-Quito. CENAMI-Abya Yala, 1991. 329 págs.; revista Christus (México) N° 7 , Septiembre 1991, dedicado enteramente al tema de la Teología India. (11) Cf. Pablo Richard: "El Sur existe y tiene su teología", en: Envío (Nicaragua) No 137. Mayo 1993. (12) Cf. Pablo Richard: "Espiritualidad para tiempos de revolución. Teología espiritual a la luz de San Pablo", en: Espiritualidad y liberación en América Latina, Eduardo Bonnín (ed.). San José, Editorial DEI, 1982. (13) Pablo Richard: "Hermenéutica bíblica india", en: RIBLA (Revista de Interpretación Bíblica Latinoamericana) (Costa Rica. DEI) No.11, 1992. (14) Cf. Carlos Mesters: Flor sin defensa. Bogotá. Ediciones CLAR. 1984. También RIBLA No.1.1988. Todo este número está dedicado al lema y te titula: Lectura Popular de la Biblia en América Latina. Una Hermenéutica de la Liberación. Véanse especialmente los artículos de Neftalí Vélez y Pablo Richard. (15) Citado por Valerio Mannucci: La Biblia como Palabra de Dios. Bilbao, Desclée, 1988, p. 318.
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