Citar como: http://www.puertachile.cl/teologia/2004_arqueologia_3.htm

 

Tres Debates sobre Biblia y Arqueología

por Ziony Zevit
Traducción de Felipe Elgueta Frontier

 

III. El debate del “Siglo Décimo”

 

> Volver al Índice

 

 

 

 


< Ídolo de Edad del Bronce medio en Siria (siglos XXI-XV aEC) Foto: Museo Sherwin Miller

 

El “debate del siglo décimo” fue desencadenado por Israel Finkelstein. Desde comienzos de la década de los '90 él ha señalado que los datos arqueológicos interpretados como indicaciones de la presencia de un reino fuerte y centralizado en Israel y Judá durante el siglo X aEC han sido fechados de manera incorrecta. Concretamente, el debate se concentra en si las excavaciones en varios sitios importantes de la Edad del Hierro, como Beerseba, Dan, Hazor, Jerusalén y Megido permiten o no concluir que (1) no había ninguna arquitectura monumental, es decir, obras hidráulicas, paredes de ciudades, palacios o templos, durante el siglo X; y (2) que la evidencia más temprana de proyectos de construcción de este tipo data de mediados del siglo IX.

En la arqueología siropalestina, las fechas se establecen habitualmente a través del uso de la alfarería encontrada en una excavación, cotejada con una cronología cerámica. La base de esta cronología fue el descubrimiento hecho a fines del siglo XIX y comienzos del XX de que los tipos de alfarería, su forma, estilo, la manera de fabricación y el diseño preferido por los pueblos, cambiada lenta pero perceptiblemente con el tiempo en todas las regiones del Cercano Oriente antiguo. Es semejante a fechar una fotografía vieja por la ropa, el peinado, el mobiliario, las radios e incluso los tipos de poses asumidos por las personas que aparecen en ella. Sobre la base de estas pistas, la fotografía puede fecharse en 1915 en Roma y no en 1950 en Rumania. El contenido y el contexto determinan la interpretación correcta.

Escribiendo en 1891 acerca de lo que actualmente se considera como la primera excavación científica en Tierra Santa, Petrie señalaba: “Las excavaciones en Tell el-Hesy (¡sic!) resultaron ser un lugar ideal para determinar la historia de la alfarería en Palestina. Y una vez establecida la alfarería de un país, ya está en nuestras manos la clave para todas las futuras exploraciones” (31). Desde que Petrie publicara sus toscas categorizaciones y secuencias cronológicas de tipos y formas de alfarería, la cronología relativa de la cerámica del territorio de Israel se ha desarrollado con gran esmero y cuidado. En la ausencia de evidencias más definitivas, se recurre a esta cronología para determinar las fechas generales de las estructuras adyacentes.

Se han realizado algunos esfuerzos para lograr una datación (casi) absoluta, ya sea determinando conexiones entre el repertorio cerámico de Palestina y las cronologías de Siria y Egipto, donde a veces se encuentra alfarería con hallazgos escritos o inscritos, como concentrándose en ciertos conjuntos locales (agregados de diferentes tipos en un mismo sitio o estrato) que puedan fecharse de manera absoluta gracias a materiales escritos o por una asociación definida con un evento histórico. Por ejemplo, en un sitio como Laquis, que se sabe que fue capturado y destruido por los asirios en el 701 aEC sobre la base de archivos y relieves de palacios asirios, los conjuntos extraídos en estratos ubicados inmediatamente bajo las ruinas evidentes de la destrucción son fechados con certeza en el año 701 aEC. Sin embargo, el uso de cada tipo particular de vasija en la colección puede haber empezado mucho antes y haber continuado mucho después (32). Cada uno tiene su propia historia, al igual que la ropa, los peinados y las radios en la fotografía mencionada anteriormente.

Los arqueólogos han desarrollado la tecnología carbono-14 como ayuda en su esfuerzo por delimitar los horizontes cronológicos de conjuntos individuales y de los tipos individuales dentro de ellos. Usada para fechar substancias orgánicas recuperadas en zonas de excavación, se esperaba que coordinando las cerámicas con los hallazgos orgánicos recuperados, los parámetros de la cronología cerámica podrían hacerse más rigurosos. Sin embargo, los resultados han sido decepcionantemente poco concluyentes (33).

Actualmente se otorgan dos niveles de confianza en la cronología cerámica: rango medio y rango alto. La confianza de rango medio se refleja en aquellos que argumentan que este cuerpo de conocimiento refinado es tal que en la arqueología siropalestina cualquier conjunto dado puede fecharse con una precisión de 40 años (de 40 años más a 40 menos). La confianza de rango alto, como la expresada por Finkelstein, es reflejada por aquellos que sostienen que un conjunto puede fecharse con una precisión de 25 años (25 años más ó 25 menos). Sin embargo, Finkelstein también cuestiona la solidez general de la cronología convencional desde el siglo XII hasta fines del siglo IX aEC, reduciendo las fechas de algunos tipos de alfarería y conjuntos completos en más de 100 años (34).

Puesto que hay proyectos monumentales confirmados por el registro arqueológico en sitios importantes de la Edad de Hierro, el caso de Finkelstein depende de su capacidad a) para crear una nueva cronología cerámica para lo que hasta aquí se ha considerado como típico de los tipos de alfarería de la Edad de Hierro I y IIA en conjuntos asociados, no sólo en Israel sino también en otros sitios de Levante; y b) para traer orden a los sitios donde el consenso general reconoce que la secuencia estratigráfica durante el siglo X es incierta, pero sin crear desorden en los sitios donde sí está clara.

Él propone un argumento complejo basado en alfarería roja bruñida a mano, es decir, un tipo pasado por un baño de arcilla roja y luego pulido a mano con un pedazo de cerámica para darle una pátina brillante por lo menos a parte de la pieza. En Jezreel, se encontró sólo en el estrato del siglo IX y no en el manchado material del siglo X que se recuperó en aquel sitio. Al combinar los datos de Jezreel con los de sus excavaciones en Megido, él concluye que esta alfarería debe fecharse exclusivamente en el siglo IX. Puesto que, según su sistema de datación, la alfarería está asociada con la arquitectura monumental, él extrapola que toda construcción de ese tipo debe asignarse al siglo IX, como la fecha más temprana posible. Por consiguiente, los proyectos de construcción confirmados que se atribuyen a David, Salomón, Rehoboam y Jeroboam en el siglo X sobre la base de la cronología establecida y según las descripciones bíblicas de sus actividades de construcción, proyectos que infieren la presencia de importantes recursos económicos, un contingente de obreros sostenible gracias a una economía que ha superado el nivel de subsistencia, y una administración central organizada, están fechados incorrectamente. Los proyectos sólo podrían haber sido acometidos por reyes que vivieron no menos de 50 años después de la muerte de Salomón.

A nivel teórico, se debate si Finkelstein ha aislado o no una diferencia factual significativa en la cronología cerámica de tal importancia como para que se requieran los cambios que él pide.

La comunidad arqueológica en conjunto rechaza la cronología cerámica de Finkelstein usando argumentos arqueológicos bien respaldados (35). El consenso general sostiene que la evidencia arqueológica publicada, y la informada pero aún inédita, apoya tanto una fecha del siglo X como del IX para la alfarería mencionada, así como para la construcción de proyectos monumentales en los sitios antes mencionados (36). En los pocos lugares donde la evidencia de tales proyectos inexplicablemente no existe, la ausencia puede atribuirse en parte a la erosión, antiguos robos y, en el caso de Jerusalén, a ingenieros romanos que prefirieron construir sobre superficies firmes, duras y llanas. Ellos rasparon grandes áreas casi hasta el lecho de roca retirando los restos de construcciones más antiguas para crear plataformas despejadas para sus propias estructuras (37). Se ha sugerido oralmente en unos pocos encuentros de arqueología que, puesto que no se encontró ningún estrato claro del siglo X aEC en Jezreel, la ausencia de la alfarería bruñida roja en lo que se encontró sellado bajo el estrato del siglo IX puede deberse a que Ahab ordenó una limpieza similar del sitio antes de la construcción de un palacio y centro administrativo (38). En todo caso, la ausencia de evidencia no puede interpretarse fácilmente como una evidencia de ausencia (39).

Ya que el registro arqueológico, tal como lo interpreta Finkelstein, indica que ninguno de los proyectos importantes de edificación se realizó durante el siglo X, sus conclusiones refuerzan las propuestas minimalistas sobre la naturaleza ficticia de las narrativas bíblicas sobre David, Salomón, Rehoboam y Jeroboam. Debido a esta conexión, el “debate del siglo décimo” ha sido confundido con el debate “minimalistas-maximalistas” y ha llevado a que Finkelstein sea etiquetado incorrectamente como “minimalista”. A pesar de que la conclusión de éste a servido para apoyar los argumentos minimalistas, Finkelstein no es partícipe del debate entre minimalistas y maximalistas. Sin embargo, dicho debate ha influido en algunos elementos marginales del discurso arqueológico, enredando un poco más las cosas. Finkelstein cita favorablemente ciertas conclusiones de los minimalistas como una explicación secundaria o terciaria del siglo X ”perdido”, pero no participa en su discusión bíblica per se (40).

Gran parte de la información histórica del libro de Reyes acerca de los eventos posteriores al siglo IX ha sido corroborada por fuentes extra-bíblicas, principalmente de Mesopotamia. Esta información es necesaria para Finkelstein en su interpretación de sus propios datos de Megido, de modo que él no la descarta. Finalmente, todos los datos arqueológicos de períodos históricos se interpretan a través de los textos, cosa que los minimalistas parecen no haber entendido.

En un reciente libro co-escrito con el periodista arqueológico Silberman, Filkenstein afirma que la combinación de tradiciones locales en una narrativa que glorifica a Judá y los primeros escritos históricos tendenciosos del autor deuteronomista empezaron en el siglo VI aEC bajo la influencia de la corte de Josías. El antiguo historiador judahíta tuvo acceso a un poco de información auténtica de naturaleza histórica acerca de su propio reino así como del reino del norte, Israel, que había sido destruido por los asirios más de un siglo antes (41). Esta clara articulación lo coloca en algún lugar del campo de los maximalistas.

Sin embargo, Finkelstein ha sucumbido ante el atractivo de una estratagema retórica de los minimalistas, aquella de describir a sus antagonistas como aquellos que adoptan la postura de “guardianes de la visión ideal y armónica de la arqueología bíblica que propone un glorioso estado salomónico, frente a un intruso que amenaza con hacer añicos aquellas sentimentales imágenes” (42). Esta frase alude al midrash rabínico de un joven Abraham quien, después de discernir la verdad del monoteísmo a través de un análisis razonado, destruyó los ídolos en el taller de su padre idólatra, Taré. El término “arqueología bíblica” en la cita anterior pretende evocar la disputa de dos décadas atrás desde una perspectiva completamente secular.

A pesar de esta coincidencia retórica, el debate “minimalistas-maximalistas” es diferente del debate del “siglo décimo” en lo que refiere a la formación de los participantes, la naturaleza de la evidencia, la calidad de ella y el tipo de retórica. El primero involucra a biblistas, lingüistas y epigrafistas; el último, a arqueólogos. Además, en este debate no se ha planteado el problema de la competencia, sino sólo el de las conclusiones.

Si hay un sentimiento antirreligioso que yace en el trasfondo de los minimalistas, y un sentimiento o nostalgia pro-religiosa en el de los diferentes maximalistas, es otra cosa la que da forma al debate del siglo décimo. Ninguno de los protagonistas se identifica como religioso.

Durante los últimos quince años aproximadamente, ha existido una propensión entre los historiadores jóvenes de Israel hacia el revisionismo radical de la historia israelita y judía, en general, y de la historia socio-política israelita, en particular. El revisionismo de la historia anterior y posterior a 1948, que regularmente se informa y discute en la prensa y en programas televisivos de conversación y debate, puede caracterizarse por su disposición a atacar frontalmente el consenso general, de manera agresiva y a menudo pública, con nueva evidencia, aun cuando ésta sea ambigua, incompleta o poco concluyente. Esto evoca el revisionismo de la historia americana y europea que caracterizó a los años 1960. Esta atmósfera favorable puede haber alentado a Finkelstein a plantear su postura con la dureza con la que lo ha hecho. En todo caso, sus esfuerzos han expandido el frente de dicho revisionismo hasta incluir también al antiguo Israel.

 

Conclusión

El análisis anterior ha considerado los tres debates como conversaciones individuales dentro del paradigma de investigación de la “historia de Israel”. Como tales, han ocupado a los miembros de la comunidad académica durante muchos años y han ameritado un análisis constructivo.

El debate de la “arqueología bíblica” expuso brechas prácticas e ideológicas entre los diferentes enfoques de estudio de los materiales que sirven de fuente para la construcción de dicha historia. Llevó al reconocimiento de que la arqueología sucia no es una sirvienta de la exégesis bíblica teológicamente orientada y ayudó a eliminar la expectativa de que la interpretación correcta de las excavaciones debía producir evidencia que corroborara las narrativas históricas de la Biblia. Aunque aclaró las cosas para los arqueólogos e historiadores profesionales, le dejó a los biblistas algunos asuntos teológicos no resueltos .

La importancia del debate “minimalistas-maximalistas”, aún en curso entre los biblistas, es triple. Primero, las afirmaciones minimalistas de haber expuesto las evidentes influencias de ideologías a priori en la interpretación de la literatura Bíblica intensificó la sensibilidad a las preocupaciones foucauldianas. Segundo, el rechazo a las afirmaciones de los minimalistas acerca de un escenario del período persa para la historiografía bíblica, impulsaron a los estudiosos disidentes a revisar los resultados de las interpretaciones literarias y holísticas dentro de escenarios históricos y sociales alternativos. Tercero, llevó a los estudiosos a reconsiderar la historia de la formación de los registros, crónicas y escrituras históricas del Cercano Oriente antiguo. Como consecuencia de este debate, la re-historización de los diferentes tipos de literatura bíblica se ha convertido en una tarea más sofisticada y variada.

El debate del “siglo décimo”, una disputa metodológica interna en arqueología siropalestina, contribuye a la investigación histórica en curso al hacer que los biblistas estén conscientes de que la interpretación de los datos arqueológicos, además de su aplicación a la interpretación histórica, es un asunto complicado sobre el cual reconocidos expertos discrepan algunas veces. También demuestra que, más allá de las objeciones, los datos arqueológicos, entendidos como testimonio de eventos dinámicos, contribuyen a la comprensión histórica tanto como los textos históricos contribuyen a su interpretación.

Estos efectos derivados de los tres debates, indican que el malestar que envuelve a la investigación sobre la historia del antiguo Israel no es justificado. Si bien los últimos dos debates no le han demostrado a la mayoría de los biblistas e historiadores lo que es correcto, han sugerido cuáles ideas han sido sometidas a prueba y han sido consideradas insatisfactorias; al hacer esto, han generado oportunidades para la experimentación con nuevas ideas y nuevos métodos.

 

> Volver al Índice

 


Notas

(31) F. PETRIE, Tell el-Hesy (Laquis) (Londres 1891) 40.

(32) Agradezco a los Profs. A. Mazar de la Universidad Hebrea y S. Gitin, Director del Instituto W.F. Albright para la Investigación Arqueológica en Jerusalén, por discutir brevemente este problema conmigo en enero de 2001.

(33) Los problemas del uso de fechas aportadas por análisis con carbono-14 quedan demostradas en el hecho de que diferentes laboratorios de Europa, Israel y los Estados Unidos trabajando con muestras similares entregan fechas que son diferentes de las entregadas por los mismos laboratorios con las mismas muestras. Entre las fuentes de estas discrepancias están los tipos de muestra aportados, la modalidad de su preservación, y el problema de la contaminación antes y después de su envío al laboratorio para su análisis. A pesar de ello, la datación por carbono-14 de muestras de grano y madera de estratos bien definidos de la Edad de Hierro en sitios como Betsaida, cerca del Mar de Galilea, Dor, en la costa meditarránea, Tel Rehov, al sur de Bet-seán, y, por supuesto, Megido, ahora se ha convertido en parte del debate, puesto que el rango de fechas obtenidas ha sido interpretado como una fuente de límites relevantes. Se ha informado que las fechas aportadas por muestras de Dor apoyan parte de las fechas de la “cronología baja” de Finkelstein, mientras que las de Betsaida las contradicen totalmente. Complicando este cuadro está el hecho de que los arqueólogos no siempre publican las fechas de todas las muestras de las que son informados por los laboratorios, sino sólo aquellas que parecen útiles. Este asunto está siendo abordado ahora por un importante proyecto, dirigido por los Drs. I. Sharon y A. Gilboa del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea. Su proyecto coordina todos los datos de carbono-14 con la esperanza de que puedan discernirse patrones en las discrepancia que puedan ayudar a corregir los defectos, de modo tal que éste y otros enfoques de alta tecnología sean capaces de aportar datos absolutos, independientes de la cronología cerámica. Su éxito dependerá de que los arqueólogos aporten toda la información de todas las muestras examinadas.

(34) I. FINKELSTEIN, "The Date of the Settlement of the Philistines in Canaan", TA 22 (1995) 218-225, 229-233; S. BUNIMOVITZ – A. FAUST, "Chronological Separation, Geographical Segregation, or Ethnic Demarcation? Ethnography and the Iron Age Low Chronology", BASOR 322 (2001) 1-3.

(35) E.g. A. MAZAR – J. CAMP, "Will Tel Rehov Save the United Monarchy?", BARe 26/2 (2000) 48-50. FINKELSTEIN: La presentation de su caso aparece en los siguientes estudios esenciales: "The Archaeology of the United Monarchy: An Alternative View", Levant 28 (1996) 177-187; "The Stratigraphy and Chronology of Megiddo and Beth-Shan in the 12th-11th Centuries B.C.E.", TA 23 (1996) 170-184; "Bible Archaeology or Archaeology of Palestine in the Iron Age? A Rejoinder", Levant 30 (1998) 167-173; "Hazor and the North in the Iron Age: A Low Chronology Perspective", BASOR 314 (1999) 55-70; "Hazor XII-XI with an Addendum on Ben-Tor’s Dating of Hazor X-VII", TA 27 (2000) 231-247.

(36) Aparte de la aceptación con reservas de algunas de sus propuestas por parte de dos colegas de la Universidad de Tel-Aviv, D. Ussishkin y Z. Herzog, no tengo conocimiento de arqueólogos siropalestinos, incluidos aquellos sin interés especial en la arqueología de la Edad del Hierro, que acepten su tesis completa. La mayoría de las refutaciones se han realizado en presentaciones académicas en Israel y los EEUU, y muchas han sido repetidas en charlas públicas. Menos se han hecho a través de publicaciones, y éstas son de arqueólogos cuyos sitios fueron reevaluados por Finkelstein en sus publicaciones para reforzar sus planteamientos: A. MAZAR, "Iron Age Chronology: A Reply to I. Finkelstein", Levant 29 (1997) 157-167; A. BEN-TOR – D. BEN-AMI, "Hazor and the Archaeology of the Tenth Century B.C.E.", IEJ 48 (1998) 1-37; A. BEN-TOR, "Hazor and the Chronology of Northern Israel: A Reply to Israel Finkelstein", BASOR 317 (2000) 9-15; MAZAR – CAMP, "Will Tel Rehov", 48-50. El 10 de enero de 2001, se realizó en Jerusalén una conferencia de un día sobre "La Cuestión de los Siglos Décimo y Noveno aEC en sitios del territorio de Israel", patrocinada conjuntamente por la Autoridad de Antigüedades de Israel y el Centro para el Estudio del Territorio de Israel y su Asentamiento. Todos los informes presentados allí, provenientes de sitios periféricos en el norte, Horbat Rosh Zayit (identificado como la Cabul bíblica), Rehob, Bet-seán, hasta sitios en el sur, tales como Tel Hamid, Tel Batash (identificada como la Timna bíblica), Tel Safit (identificado como el Gat bíblico), Laquis e incluso de excavaciones en Jerusalén, proporcionaron clara evidencia estratigráfica de estratos y conjuntos de cerámica del siglo X aEC.

(37) En Jerusalén, la única área donde las excavaciones intensivas a gran escala pueden abordar este problema está en la Ciudad de David. Sin embargo, allí, la excavaciones estuvieron restringidas a partes no dañadas de la abrupta ladera oriental y no se identificaron estructuras monumentales atribuibles a este período.

(38) Una refutación apologética, pero poco retórica, a este análisis se encuentra en D. USSISHKIN, "The Credibility of the Tel Jezreel Excavations: A Rejoinder to Amnon Ben-Tor", TA 27 (2000) 248-256.

(39) Otro elemento en la argumentación que apoya lo que se llama la ‘cronología baja’ fue la observación de Finkelstein de que los jarrones con borde de cuello alto, característicos de los siglos XII y XI están completamente ausentes en el estrato VI A en Megido, un estrato excavado tanto por el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago como por el Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel-Aviv. En una exhaustiva revisión de registros, fotografías y materiales de las excavaciones de comienzos del siglo XII del Instituto Oriental de Chicago, Timothy P. Harrison, de la Universidad de Toronto, descubrió evidencia de la presencia de dichos jarrones (en lo que ahora se llama estrato VI A). Además, Finkelstein me informó que en el verano del 2000, su equipo descubrió un jarrón de borde con cuello, completo y restaurable en el mismo estrato. El trabajo de Harrison y el nuevo descubrimiento que lo corrobora, presentan datos inconvenientes para la cronología propuesta.

(40) FINKELSTEIN, "The Archaeology of the United Monarchy", 177.

(41) I. FINKELSTEIN – N.A. SILBERMAN, The Bible Unearthed. Archaeology’s New Vision of Ancient Israel and the Origins of its Sacred Texts (Nueva York 2001) 45, 65, 68, 92-96, 284, 301-305. El libro presenta los planteamientos de Finkelstein —la ‘Nueva Visión’ del título— sobre un conjunto de temas claves y menores de la historia israelita, no sólo el debate del siglo décimo; pero lo hace sin comentar su situación actual dentro de este campo (ibíd., 114-118, 141,142). Al hacer esto, confunde al público al cual está dirigido, que incluye a biblistas no familiarizados con los detalles del debate arqueológico. El libro presenta hipótesis como si fueran hechos, sin informar a los lectores de lo que está en debate ni por qué, y no indica que existen dificultades o incertezas con respecto a esta nueva visión, no de la ‘arqueología’, sino de un único arqueólogo.

(42) FINKELSTEIN, "Bible Archaeology or Archaeology of Palestine", 167. Del mismo modo, al comentar sobre por qué los difuntos Y. Yadin y Y. Aharoni fecharon la Edad del Hierro en Hazor en los siglos XII y XI aEC, escribe: ‘... es obvio que su datación estuvo influida por su sesgo histórico-bíblico más que por una investigación tipológica exhaustiva. Yadin deseaba vivamente ver a sus antiguos israelitas establecerse sobre las ruinas de la ciudad que habían vencido’ (ID., "Hazor XII-XI with an Addendum on Ben-Tor’s Dating of Hazor X-VII", TA 27 [2000] 237). Las excavaciones en Hazor fueron concluidas en 1958. A Yadin y Aharoni, ambos fallecidos, se les reprocha no haber alcanzado conclusiones similares a las de Finkelstein.