El terreno para el debate minimalistas-maximalistas fue preparado por Davies en 1992, con la publicación de una obra de polémica, pequeña pero muy leída, In Search of Ancient Israel, que proponía una evaluación particularmente mezquina del valor histórico de la información contenida en la Biblia acerca del antiguo Israel (14). El mismo año, Thompson publicó un libro que llegaba a conclusiones similares (15), lo que bastó para iniciar el debate. Como grupo, los minimalistas están asociados con la Universidad de Sheffield en Inglaterra y la Universidad de Copenhague en Dinamarca; pero parecen ser más influyentes en los Estados Unidos que en Inglaterra y Europa continental. Aunque Davies es el más conocido, hay una media docena de estudiosos productivos que desarrollan los argumentos minimalistas regularmente en artículos, y un grupo dos o tres veces más numeroso que lo hace de manera irregular. Habiendo sido muy difamados por los biblistas e historiadores, considero que los minimalistas se han abocado a una tarea histórica hasta cierto punto legítima. Los historiadores contemporáneos, incluidos los minimalistas, distinguen (1) entre un mundo pasado donde las cosas pasaron, y la representación narrativa de ese mundo en escrituras antiguas; y (2) entre los elementos de la visión historiosófica que contribuyeron a la formación de una narrativa particular sobre el pasado, la capacidad descriptiva de la misma narrativa en sus contextos originales -literario e histórico-, y su capacidad para ser usada en el trabajo de un historiador contemporáneo. El punto de partida de las posturas minimalistas está determinado por sus respuestas a las preguntas que todos los (buenos) historiadores deberían hacerse ante cualquier documento escrito: ¿Cuál es la naturaleza de este documento? ¿Quién lo escribió? ¿Quién se beneficia con este documento? ¿Cuándo se escribió y por qué? ¿Dónde se escribió? Los minimalistas admiten que la Biblia hebrea es un documento constitucional para el pueblo judío. También aceptan que el período persa es la época más antigua en la que aparecen las características de lo que se reconoce como el Judaísmo del Segundo Templo, tales como la importancia de la lectura de la Torá de manera pública y en fiel observancia, la abstención del trabajo y el comercio en el Sabat, prohibición de la endogamia, diezmo y mantención del sacrificio en el Templo a través de un tributo auto-impuesto (véase. Neh 10:30-40). En aquel tiempo, el poder en Jerusalén estuvo en manos de Esdras y Nehemías, ambos judíos, autorizados por la corte persa en diferentes momentos durante el quinto siglo aEC para determinar la política civil y religiosa. Los minimalistas también señalan, basándose en su lectura de Esdras y Nehemías, que la población de Yehud, la provincia persa con centro en Jerusalén, contenía una gran mezcla de extranjeros, establecidos de manera forzada en el área como resultado de la política del Cercano Oriente antiguo . Planteando las “preguntas de historiador” que mencionáramos anteriormente acerca de la Biblia en este contexto socio-histórico, los minimalistas concluyen que los libros de la Biblia Hebrea fueron escritos durante el período persa (o helenístico). Los libros históricos realmente contienen historias ficticias (que pueden haber aprovechado algunas vagas y antiguas leyendas) a través de las cuales la población organizada de refugiados locales se dio a sí misma una historia fundacional mítica que la uniera a la tierra y a una religión. Esta conclusión tiene dos corolarios importantes: (1) Las narrativas de la Biblia sobre el mundo político, social e intelectual del antiguo Israel desde Abraham hasta la destrucción del templo carecen de valor probatorio. (2) En consecuencia, cualquier narrativa que pretenda referirse a lo que efectivamente ocurrió con las personas reales que vivían en las áreas montañosas centrales del antiguo Israel durante lo que los arqueólogos llaman la Edad de Hierro debe estar basado exclusivamente en datos arqueológicos. No disponemos de ninguna otra fuente auténtica para su historia. Algo que otorga credibilidad a los minimalistas es el amplio acuerdo general entre los estudiosos bíblicos y los arqueólogos liberales en cuanto a que ningún dato arqueológico ni de ningún otro tipo proveniente de alguna fuente externa a la propia Biblia confirma las historias patriarcales o del éxodo tal como se les narra en Génesis y Éxodo. El mismo acuerdo general reconoce que sólo con sutiles retoques y explicaciones muy calificadas puede recurrirse a los datos arqueológicos para apoyar algunos elementos de las narrativas de Josué-Jueces. Finalmente, el acuerdo sostiene que las narrativas proto-históricas y las narrativas épicas del éxodo-conquista, sean o no verdaderas, fueron puestas por escrito por primera vez entre los siglos IX y VI aEC a partir de tradiciones orales, antiguas pero no verificables. Sin embargo, en el caso de las narrativas sobre eventos que ocurrieron después del siglo IX, los escritores israelitas tenían acceso a registros de la corte y del templo, de modo que se le otorga más credibilidad a sus volúmenes. No obstante, no hay consenso acerca de la fecha de la redacción final de los libros históricos. Algunos defienden el período exílico tardío c. 600-580 aEC; otros el período exílico neo-babilónico, 586-538 aEC, mientras que otros proponen el período persa post-exílico, 538-332 aEC. Así, en lo que concierne a estos diferentes períodos, las únicas diferencias entre los minimalistas y la mayoría de los demás historiadores son la fecha asignada para la composición de las historias y narrativas y su evaluación de la cantidad de “historia real” contenida en ellas (16). Estas diferencias tienen implicaciones de enorme alcance.
Los minimalistas van más allá del consenso histórico-crítico al plantear que la historia completa, desde Abraham hasta Moisés, Josué, David, Salomón y los otros reyes, está toda cortada de la misma tela y por la misma razón. El pueblo de Israel, sus líderes y héroes son ficciones literarias, invenciones o estructuras. Las historias sobre ellos, sus victorias, derrotas y políticas religiosas son todas invenciones tardías escritas en el período persa o después. El Israel histórico, la gente verdadera de carne y hueso que moró en las montañas centrales durante las Edades de Hierro, no vino de Egipto. Descendían de habitantes que en una edad más temprana, la del Bronce, ya estaban en los lugares en donde ellos vivían. Su cultura y religión era una forma ligeramente evolucionada de sus predecesores canaanitas de la Edad de Bronce (17). Este conjunto de axiomas y los corolarios derivados se encapsulan en la distinción minimalista entre un “Israel bíblico” creado por los literatos del período persa y preservado en la Biblia Hebrea, un “Israel histórico” que realmente vivió en las colinas centrales de la tierra de Israel durante la Edad de Hierro -del cual se puede llegar a conocer muy poco- y un “Israel antiguo”, el “constructo” erudito de personas obsesionadas con las historias de la Biblia, un Israel mutilado por las enseñanzas teológicas basadas en la combinación de los primeros dos y por los individuos demasiado involucrados con la “Arqueología Bíblica” (18). Después de hacer un comentario sobre las deficiencias de todos los estudios no-minimalistas, Lemche -quien ha asumido el rol de portavoz filosófico y metodológico del minimalismo- escribe: La conclusión de que los estudios histórico-críticos simplemente está basada en una metodología falsa y lleva a conclusiones falsas, significa simplemente que podemos prescindir de 200 años de estudios sobre la Biblia y echarlos al tarro de la basura. Apenas valen el papel en el que están impresos (19). Contrariamente a lo que creen sus detractores, los minimalistas toman muy en serio los escritos históricos. Dadas sus conclusiones acerca de las tardías fechas de autoría y la falta de historicidad, sus esfuerzos por explicar por qué las historias fueron escritas de la manera en que se les conoce y con qué propósito, constituyen una tarea válida y necesaria. Los maximalistas, sin embargo, desacreditan la narrativa minimalista y defienden que sus conclusiones básicas siguen siendo afirmaciones no demostradas y que existe evidencia suficiente para refutar las hipótesis sobre las que se sostienen. El minimalismo tiene al menos cinco conjuntos de raíces intelectuales: (1) conclusiones sobre cuándo se escribió la mayoría de los libros, que fueron aceptadas por los estudiosos protestantes liberales a fines del siglo diecinueve (20); (2) el uso de modelos socio-antropológicos acerca de cómo las sociedades evolucionan y cuentan historias sobre sí mismas, lo que se popularizó en los estudios bíblicos durante la década de los ’70 gracias a los estudios de Gottwald acerca de la sociedad israelita en general y el surgimiento del antiguo Israel a partir de grupos canaanitas residentes en las colinas centrales en particular (21); (3) las evaluaciones de datos arqueológicos que desde la década de los ’50 cuestionan, valoran o niegan la historicidad de las narrativas del éxodo y la conquista y que, desde que los años setenta y ochenta, niegan la de las tradiciones patriarcales (22); (4) una estrategia para leer narrativa histórica bíblica a contrapelo, similar a las estrategias de deconstrucción desarrolladas por J. Derrida, emulada ampliamente en los departamentos de literatura e historia durante los años setenta y ochenta; (5) el clima de escepticismo extremo, un escepticismo que a veces orilla en el cinismo, característico de gran parte del análisis histórico occidental desde fines de la década de los ’60 (23). Aunque las afirmaciones de los minimalistas son el resultado de procesos de razonamiento practicados por los historiadores contemporáneos, éstas asustaron a los biblistas por su intrepidez y por su clasificación de la historiografía bíblica dentro del género de la construcción de mitos apologéticos y de la escritura histórica de “la gran mentira”. Además, Davies inflamó pasiones no académicas al atacar a sus potenciales detractores con maniobras “anti-políticas” pero políticamente estratégicas. Por ejemplo, anticipándose al desacuerdo que habría en torno a su visión del propósito que habrían tenido los autores antiguos al escribir los textos, Davies opinó que sus antagonistas introducían consideraciones teológicas en sus análisis, aseverando que, para ellos, la reconstrucción del “antiguo Israel” no era una tarea histórica sino de ratificación teológica y, con respecto a la manera en que ellos asumen su labor, dijo que “los compromisos religiosos no deben desfilar como si fueran métodos de estudio” (24). Davies desafió así a sus lectores a decidir si eran historiadores de verdad o creyentes que se hacían pasar por historiadores. En otras palabras, todo aquel que discrepara con él era un fundamentalista literario, en el peor de los casos, o un lector ingenuo, en la mejor de las circunstancias. Además, tal afirmación sugiere que, de algún modo, el libro fue escrito como un ataque contra ciertos tipos de creencias cristianas. Anticipando que su reconstrucción de la historia no obtendría aprobación y que las visiones predominantes sobre el Israel histórico prevalecerían, él mismo asumió el rol de mártir intelectual y explicó las condiciones que derrotarían su desafío: “La pluma es de hecho más poderosa que la espada, la ficción más poderosa que la verdad, y la creencia más importante para la motivación humana que el conocimiento" (25). Las declaraciones de Davies constituyen un ataque a la integridad intelectual de aquellos que podrían discrepar con él. Su tono polémico, asumido también por algunos otros minimalistas, indujo respuestas viscerales apodícticas y en gran medida irrelevantes. El minimalismo sigue siendo un elemento del debate sobre la “Arqueología Bíblica” en la defensa que hace Dever de la objetividad erudita imparcial en el análisis de datos que den luz sobre el antiguo Israel. Ha reconstruido un mundo histórico pasado basándose exclusivamente en los textos bíblicos. Su principal intervención independiente en la arqueología ha sido para reducir, partiendo de bases no arqueológicas, la importancia de cualquier dato arqueológico que pudiera contradecir sus hallazgos. Como apoyo para alguno de sus particulares argumentos, ningún minimalista ha recurrido a lo poco que se sabe sobre el período persa gracias a las excavaciones y estudios arqueológicos realizados en Israel desde fines de los años 1960. Esta tendencia a negar la evidencia contradictoria alcanzó un triste crescendo cuando unos arqueólogos fueron acusados de confeccionar inscripciones con contenidos que minaban las aseveraciones de los minimalistas. En Tel Dan, se descubrieron fragmentos de una inscripción aramea de victoria del siglo noveno aEC que mencionaba la “Casa de David”. El hallazgo avergonzó a los minimalistas debido a que ellos afirmaban que David y Salomón probablemente nunca existieron o que, en caso de que sí hubieran existido, no podrían haber sido mucho más que jefes de tribus locales en Jerusalén. La referencia a la “Casa de David” en la inscripción de Dan sugería que la dinastía davídica era tan conocida y poderosa como para que un rey arameo considerara que valía la pena jactarse de haber vencido a su ejército. Algunos minimalistas acusaron a A. Biran, director de las excavaciones del Hebrew Union College en Dan, de haber forjado y plantado la inscripción. Del mismo modo, una inscripción encontrada en la ciudad filistea de Ecrón, mencionaba los nombres Aquis (un nombre filisteo), Padi (un nombre asociado únicamente con Ecrón en la Biblia) y el propio nombre de Ecrón. Esta inscripción resultaba embarazosa para la narrativa minimalista, porque apoyaba la conexión histórica entre estos tres nombres, tal como lo informaba la historiografía bíblica. Ya que era muy poco probable que las personas que prepararan una historia de ficción durante el periodo persa, como sostiene la mayoría de los minimalistas, pudieran ser conscientes de esta trivial información onomástica, la existencia de la inscripción minó las afirmaciones de los minimalistas acerca de la ausencia de objetividad en las narrativas históricas. Esta vez, la acusación de falsificación fue lanzada en contra de los dos directores de la expedición de Ecrón: S. Gitin del Instituto de Arqueología W.F. Albright y T. Dothan del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea.
El bando mal llamado “maximalista” en este debate consiste en la aplastante mayoría de los estudiosos que forman parte de los dos bandos del debate sobre la “Arqueología Bíblica” a ambos lados del Atlántico (26). La mayoría de los maximalistas no sostiene que todos los eventos registrados en la Biblia Hebrea hayan ocurrido realmente. Ellos difieren entre sí acerca de cuánto de la historiografía bíblica refleja eventos reales y acerca de cuánta información relevante debe extraerse de otras disciplinas relacionadas con los diferentes períodos de la historia israelita. Sin embargo, coinciden en que todas las fuentes extra-bíblicas contemporáneas deben ser incluidas en las discusiones sobre la historia israelita, en que el súper-escepticismo de los minimalistas es injustificado, y en que sus descripciones de la historia e historiografía israelita son demasiado generales, descriptivamente inadecuadas y a menudo incorrectas en lo factual. Basándose en:
Recientemente, Lemche se sintió obligado a defender al minimalismo y (específicamente) a los estudiosos minimalistas contra dos tipos de acusaciones: primero, que sus afirmaciones generales e interpretaciones específicas de datos están guiadas por posturas ideológicas (del establishment marxista y anti-cristiano y posturas anti-Israel, pro-palestinas y antisemitas); segundo, que muchas de sus afirmaciones más fuertes que involucran los idiomas y culturas y datos sociológicos y arqueológicos del Cercano Oriente antiguo, son aportados por individuos no calificados. Lemche, concordando con que algunos estudiosos minimalistas tienen sus propios programas privados, argumentó que el término “ideológico” usado en las acusaciones publicadas es ambiguo, pero que, sin importar cómo se use dicho término, no hay nada de “ideológico” en concluir que el período persa es el que mejor explica la “matriz mental” de la mayor parte de la literatura más vieja del Antiguo Testamento y “probablemente de toda su historiografía” (28). Yo considero que ésta es una refutación válida (29). Con respecto a las calificaciones de los estudiosos. Aunque él presentó sus propias credenciales, correspondientes a alguien que tiene gran conocimiento y experiencia en el trabajo con datos antropológicos, no defendió al minimalismo de las acusaciones del segundo tipo. En la medida en que los minimalistas desarrollan su postura principalmente sobre la base de inferencias a partir de datos de textos bíblicos filtrados a través de herramientas analíticas desarrolladas para el estudio literario del género de “ficción”, y sólo secundariamente sobre la base a una ausencia percibida de datos contradictorios provenientes de la arqueología, el debate minimalistas-maximalistas es entre biblistas (30). Ningún arqueólogo siropalestino es partidario de una postura histórica en vista de que los orígenes de literatura bíblica que asemejan bastante poco al de los minimalistas -una postura que, en todo caso, no tendría nada que ver con la arqueología per se- y que ninguna ha apoyado sus interpretaciones particulares acerca de la ausencia de datos arqueológicos.
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(14) P.R. DAVIES, In Search of Ancient Israel (JSOTSS 266; Sheffield 1992). En realidad, Davies fue precedido en parte por N.P LEMCHE, Early Israel. Anthropological and Historical Studies on the Israelite Society Before the Monarchy (VTS 37; Leiden 1985). Sin embargo, el libro de Lemche no generó furor ni suscitó debate. Después de la caracterización de estos estudiosos como “minimalistas”, él estuvo asociado con ellos. G. GARBINI, History and Ideology in Ancient Israel (New York 1988) 1-20, 125-126, 132, 154-169, se anticipó a los minimalistas en su ataque a las interpretaciones teológicas de la historia que veían la historiografía teologizante de los textos bíblicos como afirmaciones históricas, y en su datación de las composiciones bíblicas dentro de los períodos persa y helenístico. Sus beligerantes ensayos, publicados en traducción inglesa dos años después de su aparición en italiano, no se han convertido en parte del diálogo minimalista. (15) T.L. THOMPSON, Early History of the Israelite People. From the Written and Archaeological Sources (SHNE 4; Leiden 1992). (16) P.R. DAVIES, "What Separates a Minimalist from a Maximalist? Not Much", BARe 26/2 (2000) 24-27, 72-73. (17) Los modelos de evolución y difusión cultural se volvieron populares en muchas de las explicaciones históricas y arqueológicas durante los años 1970 y lo son aún. Su aplicación refleja la tendencia a rechazar las explicaciones de cambio en las poblaciones antiguas que recurrían a teorías de invasiones y migraciones. Los académicos consideraron que los cambios podrían explicarse mejor atribuyéndolos a procesos socio-arqueológicos ordenados que operaban en la población indígena local. Cf. J. CHAPMAN – H. HAMEROW, "On the Move Again — Migrations and Invasions in Archaeological Explanations", Migrations and Invasions in Archaeological Explanation (eds. J. CHAPMAN – H. HAMEROW) (BAR.IS 664; Oxford 1997) 1; y la nueva investigación sobre migraciones presentada en Migration, Migration History, History. Old Paradigms and New Perspectives (eds. J. LUCASSEN – L. LUCASSEN) (Bern 1999). (18) DAVIES, In Search of Ancient Israel, 11-14. (19) N.P. LEMCHE, "On the Problems of Reconstructing Pre-Hellenistic Israelite (Palestinian) History", Journal of Hebrew Scriptures (http://purl.org/jhs) 3 (2000) pars. 4.2. (20) Los argumentos para fechar la edición final del Pentateuco, la mayor parte de los escritos históricos, la edición final de la literatura profética, los salmos y los proverbios de la Biblia Hebrea en diferentes partes de los períodos persa y helenístico ocuparon un sitial prominente a fines de siglo XIX. Fueron influidos en gran medida por las estimaciones de Kuenen y Wellhausen después de que K.H. Graf presentara lo que entonces se consideraba como argumentos sólidos para una atribuir una fecha post-exílica a la fuente sacerdotal; cf. A. KUENEN, An Historico-Critical Inquiry into the Origin and Composition of the Hexateuch (Londres 1886 [traducido de la 2ª. ed. Holandesa de 1885]) 313-321; J. WELLHAUSEN, Prolegomena to the History of Ancient Israel (Nueva York 1957 [reimpr. de 1885; traducido de la 2a. ed. Alemana de 1883]) 13. Estas visiones del siglo XIX se mantuvieron entre los académicos continentales con creciente sofisticación, pero parecen haber tenido poca influencia sobre los estudiosos ingleses o norteamericanos; cf. H. BOUILLLARD-BONRAISON, "Les livres bibliques d’époque perse", La Palestine à l’époque perse (ed. E.M. LAPERROUSAZ) (Études annexes de la Bible de Jérusalem; Paris 1994) 157-188; B. GOSSE, Structuration des grands ensembles bibliques et intertextualité à l’époque perse. De la rédaction sacerdotale du livre d’Isaïe à la contestation de la Sagesse (BZAW 246; Berlín 1997). (21) Cf. su estudio sintético, N.K. GOTTWALD, The Tribes of Yahweh. A Sociology of the Religion of Liberated Israel, 1250-1050 B.C.E. (Maryknoll 1979). Gottwald mismo refinó ideas introducidas inicialmente por G. MENDENHALL, "The Hebrew Conquest of Palestine", BA 25 (1962) 66-87, aportándoles una base teórica con modelos socio-antropológicos. (22) Con respecto a la conquista
y asentamiento, véase G.E. WRIGHT, "The Literary and Historical
Problem of Josh 10 and Ju 1", JNES 5 (1946) 105-114; J.
BRIGHT, A History of Israel (Filadelfia 1959) 110-127, presentó
una síntesis Albrightiana-Wrightiana de datos, aun cuando la
evidencia arqueológica de la conquista y asentamiento se describe
turbiamente como “no carente de ambigüedades en todos sus
aspectos” (ibíd., 118). Trabajos más recientes que
según los minimalistas, pero no sólo los minimalistas,
han resuelto el problema, argumentan adecuadamente que no hubo conquista
ni asentamiento. Esto abandona totalmente la idea de usar las narrativas
bíblicas de algún modo significativo para una síntesis
histórica, porque se les considera incompatibles con la evidencia
arqueológica dura. Cf. I. FINKELSTEIN, The Archaeology of
the Israelite Settlement (Jerusalén 1988); "The Emergence
of Early Israel: Anthropology, Environment, and Archaeology", JAOS
110 (1990) 677-686. (23) Este fenómeno intelectual se describe y analiza en el cap. I de mi libro, Z. ZEVIT, The Religions of Ancient Israel. A Synthesis of Parallactic Approaches (Londres 2001) 49-68. (24) DAVIES, In Search of Ancient Israel, 46-47 y 19, n. 4. Aunque esta declaración en particular parece distinguir a Davies de los elementos del discurso posmoderno que sostienen que no hay verdades objetivas, sino sólo ideologías subjetivas, dentro del contexto de las discusiones entre biblistas es un recurso retórico que hace innecesaria la defensa de sus argumentos. Sus adversarios están describiendo lo que los minimalistas llaman el ‘Israel histórico’. (25) DAVIES, In Search of Ancient Israel, 161. Su anticipación del rechazo era realista, dado que se dirigía a los biblistas y atacaba a la misma audiencia que preservaba la ‘arqueología bíblica’. N.P. LEMCHE, "Ideology and the History of Ancient Israel", SJOT 14 (2000) 165-166, describe también la anticipación del rechazo de sus ideas en el comienzo mismo de su carrera, en gran parte por la misma razón, pero decidiendo ir a la pelea de todos modos. (26) El término ‘maximalista’ crea la falsa impresión de que este grupo consiste en fundamentalistas literarios. Los minimalistas quedaron con un rótulo mejor que el de sus oponentes. (27) W.G. DEVER, "Save Us from Postmodern Malarkey", BARe 26/2 (2000) 28-35, 68-69; J. HACKETT, "Spelling Differences and Letter Shapes Are Telltale Signs", BARe 23/2 (1997) 42-44; R. HENDEL, "The Date of the Siloam Inscription: A Rejoinder to Rogerson and Davies", BA 59 (1996) 233-237; S. NORIN, "The Age of the Siloam Inscription and Hezekiah’s Tunnel", VT 48 (1998) 37-48; A. HURVITZ, "The historical quest for ‘ancient Israel’ and the linguistic evidence of the Hebrew Bible: some methodological considerations", VT 47 (1997) 301-315; S. JAPHET, "Can the Persian Period Bear the Burden? Reflections on the Origins of Biblical History", Proceedings of the Twelfth World Congress of Jewish Studies Jerusalem, July 29 – August 5, 1997. Division A. The Bible and Its World (ed. R. MARGOLIN) (Jerusalén 1999) 35-43. La respuesta de Lemche a estos tipos de crítica es minimizar la importancia de cualquier evidencia objetiva, empírica y extra-bíblica, permitiendo que sólo pueda encontrarse un pellizco de veracidad en las narrativas históricas. Por ejemplo, al comentar las inscripciones extra-bíblicas que mencionan a los reyes israelitas y judahítas en relación con eventos internacionales que también son mencionados en la Biblia, él escribe que demuestran tan sólo que la evidencia bíblica sobre la sucesión de reyes y los sincronismos ‘no son del todo engañosos’, y que después de que los datos bíblicos y extra-biblicos son comparados puede concluirse que la historia de los historiadores bíblicos ‘no está totalmente desprovista de información histórica’. Causa sorpresa y extrañeza que Lemche escriba sobre el período más crucial para la mayoría de los minimalistas, pero, al parecer, ya no para él: ‘el período persa es, finalmente, un punto oscuro en el mapa histórico de Palestina. No sabemos nada sobre este período. Esdras, el gran héroe del judaísmo post-exílico es probablemente una invención tardía (¿de autores fariseos?)’; cf. LEMCHE, "On the Problems of Reconstructing Pre-Hellenistic Israelite (Palestinian) History", 5.5; 8.9. (28) N.P. LEMCHE, "Ideology and the History of Ancient Israel", SJOT 14 (2000) 169-173, 190-193. La contradicción entre su visión del período persa en esta declaración y aquella citada en la nota anterior, ambas publicadas el mismo año, no ha sido aclarada hasta ahora en publicaciones posteriores. (29) Por esta razón, el polémico libro de K.W. WHITELAM, The Invention of Ancient Israel. The Silencing of Palestinian History (London 1996) no ha tenido ningún rol duradero en las discusiones minimalistas. Es irrelevante. Siendo él mismo un minimalista, Whitelam adopta el punto de vista anti-orientalista del crítico literario E. Said al criticar tanto a los maximalistas como a los minimalistas. Todos están equivocados por ser estudiosos anglo-europeos y por escribir en la terminología ética del academicismo occidental (ibíd., 393-370, 119-121, 203-222, 234, 236). El libro, una polémica retórica hábilmente escrita, consiste en una crítica totalmente negativa. No presenta ninguna propuesta positiva ni ninguna fórmula práctica propia ni tampoco sugiere qué aspecto podría tener una historia exenta de omisiones. Lo que es asombroso, Whitelam sólo revela en las últimas frases de la última página de su libro que en todo momento sólo supuso la existencia de la historia que él afirmaba que fue omitida. Hasta ahora no ha sido ‘(re)descubierta’ (ibíd., 237). No hay revisionismo histórico aquí, sino sólo una afición por el silencio. (30) Por ejemplo, los minimalistas suponen la existencia de la gran población no-indígena en Yehud cuya ansiosa comprensión de sus propias circunstancias precipitó el proceso creativo que dio origen a lo que se convirtió en la literatura bíblica. De hecho, aunque la información procedente de fuentes escritas, tanto bíblicas como extra-bíblicas, confirma el establecimiento de poblaciones extranjeras en torno a Samaria en los siglos VIII y VII aEC por parte de los asirios, ninguna evidencia similar apoya una situación semejante en las áreas alrededor de Jerusalén después de que los babilonios exiliaran a parte de la población local en los siglos VI y V aEC. Sin embargo, ninguna evidencia contradice este supuesto.
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