Evidencias Científicas y Anticoncepción de Emergencia Píldora del Día Después por Fernando Zegers Hochschild, Médico ginecólogo Publicado originalmente en El Mercurio, 9 de septiembre de 2001
El reciente fallo de la Corte Suprema que terminó por impedir la comercialización y el uso del anticonceptivo de emergencia (AE) llamado Postinal, fue tan contundente y el nivel de discusión pública que lo precedió fue de tal modo apasionado e irracional, que nuestra sociedad quedó una vez más separada entre aquellos que se yerguen como los defensores de la vida, autodenominados "pro vida" y aquellos que no respetarían la vida del que "está por nacer" y que luego del fallo de la Corte Suprema han quedado implícitamente rotulados como "pro aborto". El problema no termina aquí; la controversia generada en el juicio al AE ha puesto en evidencia que si queremos crecer como sociedad y como personas, debemos dejar a un lado la rabia, la irracionalidad, la pasión y abrir espacios para el respeto a la razón. Es necesario estar atentos y preparados para efectuar los cambios internos en la medida que la ciencia y la tecnología nos llenan de información nueva. En el caso de la AE, que es lo que motiva esta intervención, me es fácil comprender que para muchos la primera reacción hayan sido el rechazo y la adversidad. Para mí también lo fue hace 10 años cuando aparecieron los primeros intentos de introducir un proyecto psicosocial destinado a evaluar la aceptabilidad del AE en algunos países de Latinoamérica. En ese entonces, una mirada rápida a la información científica presentada por la agencia patrocinante (Organización Mundial de la Salud) y a la propaganda que acompañaba a este fármaco, hacían aparecer como irrelevante (para aquellos que lo proponían) el que este método pudiera o no afectar el desarrollo de óvulos fecundados o embriones pre implantacionales. Mi primera reacción fue de rechazo. Con el tiempo fueron ocurriendo dos cosas. En primer lugar, me di cuenta de que la información existente era confusa, la mayoría de los estudios tenían carencias metodológicas serias y las conclusiones eran exageradas en relación a las evidencias. Todo hacía pensar que incluso algunas frases que acompañaban al AE, tales como "este medicamento puede afectar la implantación embrionaria" no tenían un sólido sustento científico. En segundo lugar, el desarrollo de la biología molecular y la genética nos entregó armas mucho más eficientes para entender el proceso de la implantación embrionaria y el rol del endometrio en este proceso.
Los cambios de la década En estos últimos 10 años, han ocurrido importantes cambios. Ha aparecido una variedad de investigaciones, directamente relacionadas con el tema o en áreas similares. Las investigaciones más recientes (del presente año), provenientes de la universidad de Karolinska en Suecia y del instituto de nutrición de México, señalan con mucho rigor científico que el Levonorgestrel (0.75 mg) usado como AE no afecta la capacidad del endometrio de acoger un embrión. En esos estudios se midieron hormonas, marcadores morfológicos y morfométricos, marcadores químicos y moleculares clásicamente asociados al proceso de implantación embrionaria. Todos ellos demostraron normalidad o pequeños cambios que de ninguna manera afectarían la implantación embrionaria. En lo personal, algunas investigaciones realizadas en estos años y orientadas a favorecer la implantación embrionaria en mujeres con problemas reproductivos han desencadenado en un invento (actualmente patentado en Estados Unidos) que permite liberar concentraciones altísimas de Progesterona en el endometrio, Los estudios clínicos que desarrollamos en más de 500 mujeres en varios países demostraron que si bien la capacidad del embrión de implantarse no se vio aumentada en algunos casos, en otros la tasa de nidación aumentó significativamente. Si bien no he comparado el efecto directo del Levonorgestrel con el de la Progesterona usada en esos experimentos, ambas son moléculas progestacionales si se usan después de la ovulación deben favorecer o al menos mantener la implantación embrionaria. De ahí el nombre genérico de progestina con que se conoce el Levonorgestrel. En base a estas y otras investigaciones que he realizado quisiera compartir las siguientes enseñanzas: Para evaluar el efecto de un determinado fármaco en tejidos humanos, en este caso el efecto del Levonorgestrel en el endometrio, no basta con demostrar que el tejido manifiesta algunas modificaciones morfológicas o moleculares; se requiere a demás demostrar que estos cambios se asocian a cambios funcionales. En el caso del AE no basta con demostrar que el Levonorgestrel produzca algunos cambios morfológicos o químicos. Se hace necesario demostrar que estos cambios se asocian a un impedimento en el desarrollo embrionario y/o la implantación. La mayor parte de los estudios que en algún momento demostraron cambios en marcadores endometriales y que han sido referidos como sinónimo de efecto abortivo del Postinal, también se encuentran en mujeres con otras patologías que no impiden la implantación embrionaria. Muchos de esos estudios carecen de grupos controles y por ello, los cambios encontrados no son necesariamente atribuibles al Levonorgestrel.
Otras investigaciones Las nuevas investigaciones realizadas con el Levonorgestrel demuestran sin lugar a dudas que este fármaco usado después de la ovulación no afecta el desarrollo de un potencial embrión. Un embrión normal es capaz de implantarse en prácticamente cualquier tejido. Es por ello que existen embarazos en la trompa de Falopio (que no tiene endometrio), en la serosa del intestino y en tejidos endometriales cuyas glándulas han sido casi enteramente reemplazadas por tejido fibroso como parte de procesos inflamatorios. Mi experiencia y la de otros especialistas demuestran que un embrión normal requiere muy poco para implantarse. Por otra parte, un embrión anormal no se implanta ni en el más bonito y atractivo endometrio, o de implantarse, se pierde irremediablemente, la mayor parte de las veces sin que la mujer sepa que estuvo embarazada. Estas investigaciones personales junto a un análisis profundo y desinteresado de la literatura científica moderna me llevan al convencimiento de que el Levonorgestrel usado como AE no altera la capacidad del endometrio de acoger un embrión y por lo tanto no es abortivo. Es importante que se sepa que esta conclusión es compartida por la Sociedad Chilena de Fertilidad, la Sociedad de Reproducción y Desarrollo, la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología, la Asociación Latinoamericana de Investigadores en Reproducción Humana, y muchas otras instituciones que gozan de respeto nacional e internacional. Tengo plena conciencia de lo difícil que es cambiar de opinión cuando uno ya se ha convencido de algo en particular. Más aún si la creencia se acomoda a procesos personales o sociales. Sin embargo, con profundo respeto invito a mis autoridades religiosas y los miembros de la Corte Suprema a examinar las nuevas evidencias científicas. A dejarse enriquecer con el conocimiento nuevo y así iluminar con justicia y sabiduría a aquellos a los que sirven.-
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