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Adam Smith: La riqueza de las naciones

La dimensión religiosa
de la ciencia económica
*
por Renato Espoz Le-Fort
Departamento de Estudios Humanísticos
Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas
Universidad de Chile

 

Adam Smith, moralista cristiano reformado

El orden natural unificado

La consagración de la desigualdad

Mercado y providencia divina

 

Adam Smith (1723 - 1790), autor de La riqueza del naciones, es sin duda, como dice Schumpeter, el economista más famoso y escribió el libro de "más éxito, no ya de todos los libros de economía, sino también, con la posible excepción del Origin of Species de Darwin, de todos los libros de ciencia publicados hasta el día de hoy". Estaba llamado a ser la fons et origo de la economía para las generaciones posteriores.


Adam Smith, moralista cristiano reformado
En primer término, Adam Smith es un calvinista. Es un miembro de la Iglesia Nacional Escocesa, más conocida como Presbiteriana. Smith es un calvinista del siglo XVIII, donde el dogma de la predestinación desempeña una papel de primer plano, donde se exalta al máximo y se glorifica el trabajo humano como un acto religioso a causa de la predestinación. Este dogma crea el individualismo; cada individuo actúa sólo en función de sí mismo, creyendo que su salvación es un decreto individual. Además, este dogma de la predestinación transformó el ascestismo medieval en moral de acción. Si es un réprobo, en su trabajo se verá; pero si es un elegido, todas sus actividades llevarán la marca de las bendiciones divinas. Y cuanto más sea visiblemente bendecido en sus trabajos, más segura será su elección. De aquí proviene la doctrina de la superioridad moral del trabajo como título de propiedad: el trabajo era el único factor "creador de riqueza". Calvino introduce un ideal ascéstico al interior de la vida secular.

La revolución mayor de los últimos quinientos años tuvo lugar en la ética. Calvino fue el que dio con los nuevos sentimientos morales del Occidente cristiano. En primer lugar, no puede haber una ética viva si no existe una convicción acerca de un orden y finalidad de las actividades humanas individuales, sociales-económicas-políticas e históricas. En el caso de calvino, un orden Providencial. Una nueva imagen de orden natural surgió con Calvino, la cual se difundió rápidamente al ámbito intelectual, más precisamente, primero a la filosofía natural y luego a la moral. Esta observación es importante para comprender nuestra actual situación. Desde la época de Smith, la economía ha aceptado la idea de un gobierno y un plan suprahumano de género humano. Técnicamente aparece a cargo del mercado. Ésta es una convicción religiosa, fundada en la concepción de Providencia del calvinismo. No importa lo que los hombres digan en sus palabras mientras sus actividades estén dirigidas por esas convicciones; en particular, no importa lo que los economistas digan, mientras sigan operando, a pesar de su aparente incredulidad, con el orden natural de la ciencia económica.

Es imprescindible preguntarse ¿cómo pudo establecer la existencia de este orden natural en el cual, por definición, los hombres no pueden hacer nada, excepto aceptarlo? ¿Dónde funda este orden natural? Para comprenderlo, es necesario saber y analizar el trasfondo en que fundamentó su concepción. Este trasfondo es la teología de Calvino.

El pensamiento de Calvino parte de la Soberanía de Dios sobre el universo y de la absoluta dependencia del hombre. Este concepto teológico no sólo es necesario para la salvación, sino que es un principio de gobierno del universo, incluidas todas las actividades humanas. Como doctrina, está presente en los fundamentos de la ciencia natural moderno puritana y en la teoría política, social y económica que busca el Reino de Dios en la tierra.

Según Calvino la divinidad había predeterminado todos los sucesos por medio de decretos promulgados desde el comienzo:

"Sostenemos que Dios es el que dispone y gobierna todas las cosas; que desde la más remota eternidad de acuerdo con su propia sabiduría, decretó lo que hará y ahora, mediante su poder, ejecuta lo que ha decretado. De ahí que sostengamos que, por medio de su providencia, no sólo los cielos y la tierra y las criaturas inanimadas, sino también las determinaciones y voluntades de los hombres se hallan de este modo regidos para que se muevan exactamente en el curso que Él ha trazado".

En el calvinismo, la soberanía de Dios es el fundamento y principio de gobierno de toda actividad humana. La concepción sobre la propia suficiencia y aptitud del hombre para solucionar sus problemas falta completamente en esta doctrina. La soberanía del hombre es una ficción de la imaginación y es tratada como tal en el calvinismo. La divinidad gobierna directamente como un rector absoluto por medio de decretos promulgados desde el comienzo. Estos decretos no eran otra cosa que las leyes de la naturaleza, de modo que la doctrina teológica de la predestinación preparaba el camino para la mal llamada "filosofía del determinismo mecanicista".

 

El orden natural unificado
El orden determinista forma parte de la fe fundamental de la Ilustración. Todos los filósofos de la Ilustración elaboraron sus sistemas guiados por este principio. Smith lo empleó directa y explícitamente. En realidad, se trata del principio de armonía en su forma filosófica secularizada, de la providencia en su forma teológica protestante.

Lo interesante es que estas ideas no permanecerán sólo en un plano teológico-religioso, para discusiones dominicales. Tuvieron una aplicación inmediata en el trabajo intelectual.

Jacob Viner dice:

"El mayor derecho de Smith a la fama, como ya lo he dicho anteriormente, estriba en su elaborada y detallada aplicación al mundo económico del concepto de un orden natural, y que, abandonado a su propio curso, produce beneficiosos resultados para el género humano."

En realidad, es el calvinismo el que crea la ciencia económica, la moral moderna. La concepción de orden natural unificado que produce resultados beneficiosos para el género humano, es una idea religiosa.

Adam Smith cree que existe un orden natural en el mundo humano, conforme al cual todas las actividades humanas generadas por el egoísmo se organizan necesariamente para alcanzar el bien social. Lo único que podríamos decir es que Smith es un creyente cabal y sigue su doctrina religiosa.

No puede ignorarse, por ejemplo, que para establecer el "desigual orden natural de la distribución" y la "mejor asignación de recursos" recurrió a las concepciones de providencia y de predestinación de Juan Calvino. Su concepto de la "mano de Dios" es la "mano invisible" en Smith que conduce a los hombres "a pesar" del egoísmo, "a pesar" de que cada uno busca su propio beneficio, a realizar "el bien social de la comunidad de los elegidos". Esta idea la securaliza en el concepto de mercado, el cual, de ente físico, se transmuta en un ente divino, inteligente y activo que logra objetivos específicos de producción, distribución y consumo.

Desde la perspectiva cristiana latina, llama la atención que nadie la objetara. En cambio, para los contemporáneos y coetáneos de Smith fue una afirmación evidente. Todos creían en la soberanía de Dios y en la dependencia del hombre. La Providencia conduce a los hombres de acuerdo con los fines que ella ha predeterminado. Esto constituía una creencia básica de los puritanos británicos.

El calvinista Smith dice en la Theory of Moral Sentiments:

"La idea del Ser Divino, cuya sabiduría y benevolencia han arbitrado y conducido, desde toda la eternidad, la inmensa máquina del universo, para producir en todos los tiempos la mayor cantidad posible de felicidad es, ciertamente, el más sublime de todos los objetos de humana contemplación... La administración del gran sistema del universo... la preocupación por la felicidad universal de todos los seres racionales y sensibles, es asunto de Dios y no del hombre. Al hombre se le ha asignado una esfera mucho más humilde, pero mucho más adecuada a la debilidad de sus potencialidades y a la estrechez de su comprensión: el cuidado de su propia felicidad, de la de su familia, sus amigos, su país."

Adam Smith no duda. La felicidad del hombre no es asunto de los hombres sino del Ser Divino. Dios administra el gran sistema del universo para la felicidad de todos los seres racionales y sensibles. La soberanía de Dios es absoluta, como la dependencia del hombre.

Los muchos nombres de este Ser benéfico o Naturaleza que él ocupa son: El Gran Director de la Naturaleza, La Causa final, El Autor de la Naturaleza, el Gran Juez de los Corazones, La Mano Invisible, La Naturaleza, Providencia, El Divino Ser y Dios.

La creencia central de que Dios determinó el marco general, disponiendo que el interés propio y el social sean uno y el mismo. De esta manera, no existe ninguna restricción para la búsqueda por parte del individuo de su interés económico personal. Por el contrario, existe el deber personal de lograrlo, porque significa participar en la obra de Dios y alcanzar beneficios para su comunidad.

 

La consagración de la desigualdad

La economía es una ética, la cual está condicionada por la religión que la funda. En ella se concreta, en una vieja y nueva actitud de vida y un temple de ánimo. Es la expresión técnica, con más precisión, "científica" del nuevo estilo de vida confesado en la religiosidad protestante.

Calvino, en relación al orden humano, dice:

"Porque en la administración y gobierno del género humano, de tal manera ordena su providencia, que mostrándose de infinitas maneras munífico y liberal para con todos, sin embargo, no deja de dar claros y cotidianos testimonios de su clemencia a los piadosos y de su severidad a los impíos y réprobos. Porque los castigos y venganzas que ejecuta contra los malhechores, no sin ocultos sino bien manifiestos, como también se muestra bien claramente protector y defensor de la inocencia, haciendo con su bendición prosperar a los buenos, socorriéndolos en sus necesidades, mitigando sus dolores, aliviándolos en sus calamidades y proveyéndoles de todo cuanto necesitan".

Con relación a la distribución, sostiene el Reformador:

"Porque debemos considerar que lo que cada uno posee no lo ha sido conseguido a la ventura o por casualidad, sino por la distribución del que es supremo Señor de todas las cosas, y por eso a ninguna persona se le pueden quitar sus bienes con malas artes y engaños sin que sea violada la distribución divina".

Y no olvidemos que éste es el orden de Dios.

"...finalmente ordena todas las cosas conforme al mejor orden posible".

Adam Smith acepta el orden natural del mundo humano de Calvino:

"Las causas del progreso en las facultades productivas del trabajo, y el orden según el cual su producto se distribuye naturalmente entre los diferentes rangos y condiciones del hombre en la sociedad, forma la materia del Libro primero de esta Investigación".

En el encabezamiento del Libro I de “La riqueza de las naciones”, expresa:

"De las causas del progreso en las facultades productivas del trabajo, y del modo como un producto se distribuye naturalmente entre las diferentes clases del pueblo."

Adam Smith admite el orden natural que consagra la desigual distribución de la riqueza entre los hombres y las naciones.

Con esta visión, Smith funda la ciencia económica y su estructura básica se convierte en el fundamento de todo pensamiento económico posterior.

En esta estructura no podemos razonablemente encontrar un lugar para los problemas de nuestros países y menos una solución. La desigualdad pertenece al sistema y no existe por definición una distribución equitativa.

Es la expresión consistente de cierta manera de entender el cristianismo, la cual da las pautas de comportamiento para el hombre medio. Esta visión cristiana subordina la salvación individual a la vida económica, transforma profundamente a hombre, la sociedad y la historia. La búsqueda de señales de salvación en prosperidad, en los logros y en el éxito mundano son pilares de la nueva teología. La providencia es liberal con los salvados, mezquina con los condenados. Existe una distribución divina y existe una predestinación. ¿Como puede el hombre saber si fue destinado a santo o a réprobo, a la vida o a la muerte? Las obras no importan. "Dios sin tener en cuenta las obras elige a aquel que en sí mismo ha decretado". Es un mundo sin libre arbitrio, donde lo único que cabe es buscar las señales en las cuales se manifiesta la elección de Dios.

 

Mercado y providencia divina
Smith empleó directa y explícitamente el orden natural y la providencia de Calvino. Ésta, en su forma filosófica secularizada, es el principio de armonía.

Con el fin de tener una comprensión más afinada, es el caso indicar las proposiciones de Paul Tillich, un teólogo protestante actual:

"La idea cristiana de la providencia no contiene la noción mecánica de que Dios ordenó todas las cosas en un momento determinado y que ahora se sienta en su trono y duerme mientras el mundo sigue su curso. Los reformadores tuvieron que librar una lucha feroz contra esta distorsión de la idea de providencia. Antes, el sentido de la providencia es que Dios crea en todo momento y dirige todas las cosas de la historia hacia una realización final en el reino de Dios. Luego está el elemento del 'a pesar de'. A pesar de la finitud humana, a pesar de la enajenación humana con respecto a Dios. Dios determina cada instante de manera tal que en él resulta posible la experiencia de lo ulterior, de modo tal que en toda trama del bien y el mal de la historia, el objetivo divino terminará por prevalecer. La providencia no obra de forma mecánica sino que dirige y guía".

El "guardián de este orden" es la Providencia, "la mano invisible". Smith aceptó que existía una distribución divina independiente del saber y de los propósitos de los hombres. Dice:

"Los ricos escogen del montón sólo lo más preciado y agradable. Consumen poco más que el pobre y, a pesar de su egoísmo y rapacidad natural y aunque sólo procuran su propia conveniencia y lo único que se proponen con el trabajo de esos miles de hombres a quienes dan empleo es la satisfacción de sus vanos e insaciables deseos, dividen con el pobre el producto de sus progresos. Son conducidos por una mano invisible que los hace distribuir las cosas necesarias de la vida casi de la misma manera que habrían sido distribuidas si la tierra hubiera estado repartida en partes iguales entre todos sus habitantes; y así, sin proponérselo, sin saberlo, promueven el interés de la sociedad y proporcionan los medios para la multiplicación de la especie. Cuando la Providencia dividió la tierra entre unos pocos nobles propietarios, no olvidó ni abandonó a aquellos que parecían haber quedado fuera del reparto".

De esta manera, la distribución se resolvió "providencialmente". Por tanto, nunca fue problema, pese a la evidencia que se palpa en la realidad de todas las sociedades del pasado y del presente. Es lamentable que la injusticia aparezca tan protegida en la teoría, lo cual permitió y permite acciones inhumanas, contrarias a la más elemental justicia humana. Smith introdujo en su teoría el concepto de justicia divina que es inescrutable. La distribución desapreció como problema de la estructura teórica, porque pertenece al que es "supremo Señor de todas las cosas". No parece necesario para nosotros fundamentar la necesidad de cambiar la concepción de distribución divina. En síntesis, lo que quiero decir es que la distribución no es asunto de la "mano invisible" sino de nosotros. No tenemos ninguna razón para aceptar la afirmación de Calvino:

Con relación a la "mano de Dios" y el libre albedrío, dice Calvino (en De la Gracia y el Libre Albedrío, cap. XX):

"Por tanto, si la voluntad del rey es guiada por la mano de Dios, tampoco la voluntad de los que no somos reyes quedará libre de esta condición".

"Hay a propósito de esto una bella sentencia de San Agustin, quien dice: La Escritura si se considera atentamente, muestra que, no solamente la buena voluntad de los hombres –la cual él hace de mala, buena y así transformada la encamina al bien obrar y a la vida eterna- está bajo la mano y el poder de Dios, sino también toda la voluntad durante la vida presente; y de tal manera lo están que las inclina y las mueve según le place de un lado a otro, para hacer bien a los demás, para causarle un daño cuando se los quiere castigar; y todo esto lo realiza según sus juicios ocultos, pero justísimos".

En el ámbito científico económico actual, se exige abandonar toda concepción ética diferente a la de la teoría: se incita a la humanidad a promover el código moral que fundamente la "ciencia económica" y a hablar un lenguaje mercenario. ¿No es la economía una nueva ética que propone un modo de ser individual y social?

"¿Cuál es el mecanismo -se pregunta Richard T. Gill, profesor de Harvard- por medio del cual los individuos que sólo tienen presente su deseo de obtener una ganancia personal se ven ‘conducidos por una mano invisible’ a buscar el bienestar de la comunidad? La respuesta de Smith es que ese mecanismo habría que encontrarlo en el sistema de mercado, que operaba a través de las fuerzas de la competencia. Al declararlo así, estaba planteando un conjunto de problemas que hasta nuestros días han seguido teniendo el carácter de fundamentales."

El mercado se convirtió en el concepto técnico más importante del análisis, sin perder su dimensión religiosa: es el ente que distribuye la riqueza y asigna los recursos de la naciones de modo que se alcanza el máximo de beneficio social. La humanidad es conducida por la mano invisible de manera inexorable.

Ciertamente los indios hipanoamericanos, los mestizos, no compartimos la visión calvinista del mundo social, donde los elegidos pueden aniquilar a su prójimo. El mundo es resultado de la responsabilidad y la construcción del hombre. Nuestra estructura de creencias impone la responsabilidad moral del hombre en un primer plano. Es responsable del bien y del mal, es el verdadero constructor del mundo en que vive y sobre él recae la factura de ese mundo. En síntesis, no somos calvinistas, no estamos condenados. Es recomendable abandonar los principios de la ciencia económica basados en una concepción teológica tan ajena y perjudicial para nosotros.

La importancia de lo expuesto está en hacer consciente la diferencia hispanoamericana con la tradición económica y comprender los peligros que implica su aplicación indiscriminada.-

 

(*) Véase también:

Renato Espoz Le-Fort, "De cómo el hombre limitó la razón y perdió la libertad"
1ª ed., 2003, Editorial Universitaria, 434 páginas

Comentario: Este libro pretende, a través de una crítica y un diálogo creador, abrir la posibilidad de una nueva síntesis del desarrollo de la filosofía occidental, de la ciencia, de la tecnología, de la moral y de la economía. Con una mirada innovadora, revela las raíces religiosas de toda la filosofía occidental.
El escepticismo del mundo contemporáneo, el relativismo moral y la explotación irracional de la naturaleza exigen una rectificación. El despertar de América Latina y del Tercer Mundo puede conducir a una ampliación de los horizontes culturales, a una integración rectificadora de la ciencia-tecnología con el fin de resolver los problemas actuales.