El tipo de globalización que propende a un crecimiento económico desenfrenado y unas ganancias corporativas sin límite, imponiendo al mismo tiempo condiciones económicas a los países pobres –que a menudo van en su detrimento– ha sido un problema persistente para el desarrollo real en el sur del globo, y una ofensa a las exigencias de justicia. Pese a ello, en las muchas sesiones en que participé hubo una crítica seria a aquellas mismas prácticas y problemas estructurales, especialmente en relación con la crisis de atención de salud a nivel global y la urgente reducción de la extrema pobreza. Ello constituye una señal de esperanza. Desde el 11 de septiembre de 2001, unos cuantos líderes religiosos han sido invitados a participar en la conversación con la esperanza de crear un diálogo interreligioso que abra una brecha a través de las peligrosas divisiones y agregue perspectivas morales y éticas a las deliberaciones sobre “el estado del mundo”. Durante una reunión de Diálogo entre Occidente y el Mundo Islámico realizada la mañana del primer día, los diversos líderes religiosos dijeron que esperaban “entender las diferencias y reafirmar las concordancias”. Este año, 24 líderes religiosos de todo el mundo acudieron con el propósito de conversar unos con otros y con los líderes políticos y económicos reunidos allí. El grupo era convocado cada día por mi viejo amigo, Lord George Carey, ex arzobispo de Canterbury, y luego se dispersaba con regularidad para escuchar y presentarse en las muchas sesiones interactivas con los líderes de gobiernos, corporaciones y la sociedad civil. Seis de nosotros proveníamos de los Estados Unidos. Me resultaron alentadoras las francas conversaciones sobre la pobreza y la enfermedad que a nivel global afectan a la población más pobre. En una sesión se señaló que, de los 10 millones de niños que mueren cada año, un cuarto podría salvarse a través de las vacunaciones con que se previenen rutinariamente sus enfermedades en los países desarrollados pero que aún no están disponibles de manera masiva en las naciones en desarrollo. Existe una brecha de unos 20 años entre la introducción de nuevos medicamentos que salvan y mejoran vidas en las partes ricas y pobres del mundo, y la diferencia entre las expectativas de vida de las dos partes alcanza ahora la impactante cifra de 40 años. Hombres de negocios como Bill Gates de Microsoft apuntaron a “fallas de mercado” de un sistema de atención de salud que contempla las necesidades del mundo rico, y llamaron a “tomar grandes riesgos” para salvar muchas vidas. Fue impresionante ver cómo el mayor arquitecto de programas de computación del mundo se ha educado tan a fondo sobre las más grandes crisis de salud del mundo y ha empezado a invertir tanto de su fortuna y de sí mismo en encontrar respuestas. En la base de las discusiones estaba la dramática disparidad y reconocida acusación moral que constituye el hecho de que la vida es menos valorada en los lugares más pobres del mundo que en los ricos; unas 100 veces menos, según estimó un expositor.
Hora de cumplir las promesas
En una sesión extraordinaria sobre “Los próximos pasos en África”, los panelistas hablaron de 2005 como un año de resplandecientes promesas, pero señalaron que 2006 debe llegar a ser un año de cumplimiento y de monitoreo de esos compromisos. El presidente nigeriano Obasanjo ofreció una consecuente voz profética como uno de los principales reformadores africanos que ha enfrentado valientemente la corrupción en su país y la corrupción en los tratos de las naciones y compañías acaudaladas con los países africanos. El músico y activista irlandés Bono habló con fuertes palabras sobre la necesidad de practicar la justicia en el comercio si lo que se pretende es que las naciones empobrecidas escapen de la pobreza, y llamó a un “trato preferencial” para los países más pobres. Dijo que los subsidios agrícolas en Occidente, que le pagan a cada vaca europea el equivalente a 2 dólares al día, podría hacer que los africanos que viven con menos de 1 dólar al día desearan ser vacas en lugar de gente. Y Gordon Brown, ministro de hacienda de Gran Bretaña, citó los comentarios de Martin Luther King sobre la democracia esperando que la “nota prometedora” de los compromisos de Occidente para ayudar al desarrollo no acabe en “fondos insuficientes”, y luego ofreció su creativa visión del “financiamiento innovador” para atender las necesidades globales más urgentes, como la educación y la atención de salud universales para los niños más vulnerables del mundo. La mayoría coincidió en que las respuestas radican tanto en el empoderamiento africano como en que los países ricos asuman sus responsabilidades. En su discurso inaugural, la nueva canciller alemana Angela Merkel prometió honrar el compromiso de su país de entregar una ayuda para el desarrollo del 0.7% de su PGB, pese a las presiones internas para retractarse de su cumplimiento. El presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, no trató los compromisos de EEUU, pero reconoció que aún persisten muchos problemas en el desarrollo de los países pobres, tales como los impuestos de hasta 500 dólares para iniciar actividades comerciales en muchos lugares. Esto, dijo, sería sólo “un almuerzo caro” para muchos de los presentes en Davos; pero constituye un tremendo obstáculo para la mayoría de los habitantes del planeta. Yo intervine en una sesión llamada “¿Debemos perder la esperanza ante las disparidades?” y mostré cómo los profetas se levantaban sólo cuando la desigualdad se convertía en un problema de nivel societal (como lo es hoy), y en otra titulada “La mano de Dios en la política de EEUU”, en el cual muchos europeos se sintieron aliviados de oír que la Derecha Religiosa no es el único movimiento de inspiración religiosa en Norteamérica. Rick Warren, autor de “Una vida con propósito”, y yo nos reunimos por primera vez en Davos y encontramos que compartíamos muchos propósitos comunes. Conversamos in extenso sobre cómo la “agenda pastoral” y la “agenda profética” para las iglesias podrían complementarse en la lucha para la superación de la pobreza. Muchos de los probables candidatos a la presidencia de EEUU en el 2008 estaban presentes, incluidos los senadores John McCain y John Kerry y el ex gobernador Mark Warner. El ex presidente Bill Clinton repletó el local cuando habló de las tres mayores amenazas en el mundo de hoy (el cambio climático global, la desigualdad económica y social y el conflicto religioso y cultural); pero llamó a la gente talentosa y poderosa de su auditorio a creer que estos problemas tendrán solución si trabajamos con esfuerzo y perseverancia.
Entre aquellos que se reunieron en Davos había un impresionante y esperanzador contingente de líderes emergentes y emprendedores sociales que ya están marcando una diferencia real. Conocí a uno de ellos en una sesión sobre “prestar servicios y hacer el bien”. Era un joven suizo llamado Pierre Tami, quien se convirtió en cristiano y se fue a Camboya, donde empezó a rescatar mujeres y niños atrapados en el tráfico sexual. En 12 años, Hagar, la organización cristiana de desarrollo que fundó, ha tocado las vidas de 100 mil mujeres, muchas de las cuales han sido liberadas de la esclavitud sexual y han encontrado nuevas formas de vivir y trabajar a través de un sinnúmero de pequeños negocios iniciados por Hagar. Después de que le hablé al grupo, Tami me dijo: “Sé quién eres... ¡Recibo el SojoMail!” Davos es la máxima experiencia de trabajo en redes, y la comunidad religiosa está desempeñando un rol mayor en este cabildo global. Un líder cristiano comentó que creía que Jesús habría venido a Davos si lo hubieran invitado. Un rabino que estaba junto a mí susurró: “Pero apuesto a que habría volcado unas cuantas mesas”. Verdad que sí.
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