Seis meses después Los medios y el público se olvidan del tsunami por Satya Sivaraman Publicado originalmente en inglés en Asia Media Forum, 27 de junio de 2005 Traducción de Felipe Elgueta Frontier
Desde periodistas neófitos hasta veteranos corresponsales de guerra, todos encontraban difícil hacer un recuento de lo sucedido, y menos sondear en el por qué de todo esto. Al terrorismo, la guerra y la enfermedad, los podían comprender, pero ¿qué motivo político podían tener la tierra y el océano para matar a tanta gente de manera tan caprichosa? Con más de 225.000 muertos, un millón más de desplazados y empobrecidos y una enorme área afectada –12 países en dos continentes–, el evento del 26 de diciembre de 2004 fue demasiado repentino, demasiado inesperado y, en realidad, bastante impensable. Y, sin embargo, muy pronto los medios recuperaron el habla y, cuando hablaron, el resultado fue un tsunami de cobertura que duró por lo menos dos o tres semanas, sobre el horror de aquella nefasta mañana, las familias destrozadas, las historias de heroísmo individual, la gente perdida que aparecía milagrosamente, y los hombres, materiales y recursos que llovían desde todo el mundo. Por supuesto que hubo problemas en varios aspectos de la cobertura internacional. Los medios de televisión cometieron la falta de mostrar imágenes de personas muertas una y otra vez, con poca preocupación por su dignidad o la privacidad de sus seres queridos. Hubo demasiada atención internacional centrada en los turistas que murieron en el desastre. Se resaltó, en un montón de historias, el rol de las naciones más ricas en las labores de rescate, ignorándose a las comunidades y voluntarios locales. Pero, para ser justos con los medios, sí contribuyeron a la fenomenal respuesta del mundo entero ante el tsunami asiático. Desde ciudadanos comunes hasta corporaciones y gobiernos de lugares remotos, todos se sintieron motivados a hacer algo por sus infortunados prójimos, gracias al poder de las imágenes difundidas, la prosa escrita y las descripciones realizadas. Y, sin embargo, seis meses después, al revisar la forma en que los medios de todas partes del mundo han tratado la situación pos-tsunami, surge una sensación de algo ya visto entre quienes están familiarizados con otros desastres del pasado.
Lo que no se vio
Por ejemplo, hubo muy poco contexto local para las historias sobre el tsunami, como si las olas impactaran pueblos sin una historia pasada ni esperanzas de un futuro propio y diferente. Aunque los conflictos civiles de larga data en Aceh o Sri Lanka recibieron alguna atención en las historias sobre el tsunami, hubo muy poco a modo de trasfondo sobre los pueblos afectados en Tailandia, India o incluso las áreas no conflictivas de Sri Lanka. Nuevamente, ha habido muy pocas historias sobre las vidas de la gente que vive alrededor de los “afectados por el tsunami”. Dado el contexto de país en desarrollo en el cual están, probablemente necesitaban tanta ayuda como aquellos cuyas vidas fueron impactadas por el maremoto del 26 de diciembre. Éste es, por ejemplo, el caso de los dalits y otras comunidades que pescan en los remansos que se encuentran a lo largo de la costa del sur de la India. Necesitan ayuda desesperadamente, pero son ignorados porque no calzan con las definiciones de “afectados por el tsunami” que se manejan entre las autoridades oficiales y los medios. Es sorprendente que los medios también hayan ignorado o mostrado demasiado poca disposición a abordar historias sobre lo que está ocurriendo con las toneladas de dinero recolectado en todo el mundo en nombre de la ayuda y rehabilitación pos-tsunami. También hay demasiado poco seguimiento de todas aquellas promesas de apoyo material y financiero hechas por gobiernos y entidades privadas en los primeros días después del tsunami. ¿Y cómo están utilizando los gobiernos el efectivo donado por tantas personas generosas de todo el mundo y de sus propios países? ¿El dinero está llegando a la gente correcta? ¿La ayuda distribuida es del tipo apropiado para las necesidades locales? Ahora existe el temor de que, al igual que todos los desastres del pasado –el ciclón Orisa en India, el huracán Mitch en el Caribe o el terremoto en Irán de hace dos años–, el tsumani también se esté esfumando rápidamente de los medios noticiosos y de la memoria del público. Se está convirtiendo en un evento distante que ocurrió hace mucho, mucho tiempo a algunas personas infortunadas en algún lugar del mundo. ¿Ocurrió realmente el tsunami? ¿No fue parte de un filme de efectos especiales creado por Hollywood? Seis meses después del hecho, bien puede ser el momento de que los medios hagan una comprobación en terreno, vayan y averigüen las respuestas a estas preguntas.-
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