”Las promesas son buenas, pero el efectivo es mejor”, dijo el secretario general de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), Kofi Annan, sobre el lento flujo de ayuda para los países invadidos hace más de tres meses por una ola, tras un intenso terremoto submarino en mares de Sumatra. Hasta ahora, gobiernos, empresas y donantes privados se comprometieron a asistir a los damnificados con 6.700 millones de dólares. De ese total, 5.800 millones corresponden a 92 estados. ”Es una generosidad inédita en la historia de la ONU”, dijo el subsecretario general del foro para Asuntos Humanitarios, Jan Egeland. Pero de los 6.700 millones, apenas 2.500 millones fueron ”registrados como asignados o pagados”. El problema, sostuvo Egeland, es ”convertir los compromisos en asignación de efectivo”. El director del programa de respuesta a emergencias del la organización humanitaria Servicio Mundial de Iglesias (CWS), Rick Augsburger, dijo a IPS que algunos donantes sopesaban los riesgos y vulnerabilidades antes de cumplir con sus compromisos. Augsburger admitió que las promesas no se han traducido en dinero, pero aclaró que ”eso no es razón para deducir que no son cumplidas”, pues ”algunos compromisos están atados a la política de reconstrucción” de los países a los que están destinados. Annan dijo que, con mucha frecuencia, insume mucho tiempo transformar las promesas en billetes. “Quizás debamos, incluso nosotros en la ONU, volvernos un poco más agresivos en el seguimiento de los gobiernos, tal vez enviando funcionarios que les recuerden sus compromisos o emitiendo informes periódicos sobre quién prometió y quién pagó”, advirtió. “Estamos familiarizados con el fenómeno de países que comprometen su ayuda frente a los medios de comunicación, pero no cumplen cuando las cámaras se retiraron”, dijo a IPS el director interino de prensa de la filial estadounidense de la organización humanitaria Oxfam Internacional, Stephen Greene. La recepción de recursos menores a los esperados amenaza los esfuerzos de reconstrucción y complica el trabajo de organizaciones privadas de asistencia, que deben tener certidumbre, por ejemplo, sobre la finalización de obras de infraestructura necesarias para cumplir con sus tareas, agregó Greene. “El desafío no es sólo reconstruir comunidades, sino reconstruirlas mejor”, dijo el miércoles en una conferencia en Nueva York el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton, enviado especial de la ONU para los países afectados por el tsunami. “Eso significa reconstruir escuelas acogedoras para los niños, servicios de salud accesibles para todos y sistemas de alerta temprana para impedir en el futuro tal pérdida masiva de vidas”, sostuvo. Greene, de Oxfam, advirtió que el uso eficaz de la asistencia es tan importante como la cantidad que se obtenga. “Oxfam alienta a los gobiernos y agencias humanitarias a coordinar esfuerzos y a aplicar criterios internacionalmente reconocidos para la prestación de ayuda, a fin de asegurarnos de que los sobrevivientes del tsunami sean participantes plenos de la reconstrucción de sus comunidades”, sostuvo. ”En Oxfam controlamos en particular que las mujeres y las comunidades
vulnerables y socialmente marginadas, como los dalits de India y los
inmigrantes birmanos en Tailandia, reciban una asistencia adecuada”,
agregó Greene.-
Véase también: El tsunami y la Biblia envenenada 14.02.2005 Líderes ecuménicos reflexionan sobre el tsunami 14.02.2005 La devastación de Asia: Reflexiones sobre una calamidad 31.12.2004 Asia, unida por el dolor 31.12.2004
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