Dorothy Stang: Crónica de una muerte anunciada Compilado a partir de informaciones
publicadas
17 de febrero de 2005
Miles de campesinos descalzos acompañaron este martes los funerales de la misionera estadounidense Dorothy Stang, cuyo asesinato en un remoto paraje amazónico conmovió al Brasil. Mientras, en la capital el gobierno prometió ''castigo ejemplar'' para los criminales.
Tras una noche de vigilia, miles de personas pasaron lentamente frente al sencillo ataúd cubierto con la bandera brasileña y colocado en una capilla en el poblado de Anapú, ubicado en el estado de Pará, a unos 2.100 kilómetros de Río de Janeiro. Algunos sostuvieron un pañuelo manchado con la sangre de Stang, su bolso o pequeños arbustos, símbolo de la selva que murió defendiendo. Una muchedumbre siguió al ataúd desde la capilla al cementerio, a través de una calle de tierra, cantando en portugués “mataron a otra hermana, pero ella se levantará de nuevo. No olvidaremos”. Dorothy Stang, misionera de las Hermanas de Notre Dame de Namur, estadounidense naturalizada brasileña, se hizo célebre por defender al medio ambiente amazónico y a los pobres de la región. Como reconocimiento a su lucha por los derechos humanos y sociales, había recibido el título de Ciudadana del estado de Pará y el premio de derechos humanos de la Orden de Abogados de Brasil, Sección Pará.
El asesinato de Stang no resultó una sorpresa para sus colaboradores y simpatizantes, debido a que es una región conocida por la explotación ilegal de madera, trabajo esclavo, violentos conflictos y sobre todo, impunidad. Objeto de innumerables amenazas de muerte a lo largo de los años, Stang fue asesinada el sábado en el campamento Boa Esperanca -donde trabajaba con unos 400 familias pobres- cerca de Anapú. "La gente le advirtió no ir a Boa Esperanca ese día, que era demasiado peligroso. Pero ella fue de todos modos", dijo María Socorro Cunha, una monja quien trabajó con Stang. "No creía que alguien pudiera atreverse a hacerle algo", agregó. Según testimonios entregados a la policía, la misionera estadounidense habría visitado a sus asesinos en la víspera de su muerte. Las fuentes señalan que, informada de que su muerte había sido ordenada, Stang fue la noche del viernes hasta una cabaña donde estaban los dos “pistoleiros” (asesinos contratados), para tratar de disuadirlos. Sorprendidos por esta visita, los asesinos no mostraron ninguna agresividad e incluso habrían asegurado a la misionera que no la asesinarían. La hermana Stang les pidió recitar un salmo y los bendijo pasándoles la mano sobre la cabeza, agrega la información. La mañana del sábado, esos dos mismos hombres se acercaron a la hermana Dorothy y le dispararon, en presencia de dos testigos. Uno de ellos indicó que Stang, al ser sorprendida por los atacantes, sacó la Biblia de su bolso y comenzó a leer. Los pistoleros escucharon, retrocedieron unos pasos y dispararon. Las autoridades informaron que Stang, recibió seis tiros, al menos uno de ellos a quemarropa en la cabeza, con un arma calibre 45. "Ella siempre pidió protección para otros, nunca para ella. No era el tipo de persona que pudiera vivir con policías vigilándola todo el tiempo", dijo el ministro Nilmario Miranda, de la Secretaría de Derechos Humanos. Miranda agregó que el gobierno federal y las autoridades del estado de Pará trabajaban en un programa para investigar amenazas de muerte a activistas de derechos humanos, antes que sean asesinados. "En esta región, luchar por los derechos humanos es una ocupación de alto riesgo", añadió Miranda.
Una presencia transformadora
Por su parte, la Arquidiócesis de Belém,
capital del Estado de Pará, ha hecho pública una declaración,
en la que se expresa profunda consternación. Tras indicar su temor de que este crimen incida como nunca en una historia que ya cuenta con abundantes hechos similares, los obispos hacen pública su desaprobación: “¡Es necesario gritar con todos los tonos posibles que no es éste el mundo el que queremos! ¡Es importante luchar para que la Vida triunfe sobre la muerte! ¡Es urgente que todos asumamos una postura y no seamos cómplices de estas situaciones de derramamiento de sangre en nuestro suelo amazónico!”. Los obispos concluyen su mensaje augurando que “nuestra parte de construcción de una patria más justa y solidaria, en clima de paz, haga de nuestra Cuaresma una responsabilidad todavía mayor, para que nuestra vida cristiana sea presencia transformadora de esa sociedad que mata a inocentes o deja impunes a los asesinos”. Señalando al signo de la Cruz y a la esperanza de la Resurrección, los obispos concluyen pidiendo que “el signo dejado por la hermana Dorothy Stang marque todavía más nuestra vida cristiana en este tiempo, y nos ayude a ser aún más coherentes con la vida de bautizados. ¡Que reine la paz en sus fronteras!”.-
Véase también:
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