1. Por razones de mi conciencia rechazo la guerra, no acepto forma alguna de ser preparado para matar, me declaro contrario a todo sistema militar, como estructura de poder y como esquema de pensamiento. 2. Negarme a ser reclutado para el Servicio Militar Obligatorio (SMO) o participar en conflictos armados es un derecho humano consagrado en las Naciones Unidas, basado en el derecho de libertad de conciencia, de libertad de pensamiento y de libertad de creencias religiosas. La vigencia de este derecho es un signo de la calidad de nuestra democracia y de una sociedad moderna y humana, más justa y solidaria 3. Me declaro un constructor de la cultura de la Paz, sumando mis esfuerzos a todos los que han trabajado a lo largo de la historia, en distintos momentos y lugares, para hacer vida los ideales de la paz, de la fuerza moral de la noviolencia, solidaridad, no discriminación, tolerancia e integración de la diversidad. Creo en la capacidad de entendimiento entre las personas y rechazo la inmoralidad de la guerra, que pretende mantenernos en la prehistoria humana con el imperio de la ley del más fuerte o la fuerza como razón última. 4. Porque tengo fe en el género humano creo que “la violencia es un error de respuesta” ante los conflictos de la historia. Hay que cambiar la idea de que “la paz no es posible” y rebelarnos frente a lo establecido, frente a lo predicado como natural e inmodificable. Ningún cambio se habría dado en la historia si no hubiera existido esta actitud fundamental de rebelión. Creo en la noviolencia como método de resolución de conflictos, como valor más digno y como solución más verdadera y real, como camino alternativo, creativo, que lleve a superar en definitiva la falsa legitimación de la institucionalidad de la guerra. 5. Declaro que el mayor enemigo de un desarrollo humano y justo se encuentra en los altos gastos para la guerra y los presupuestos militares de las naciones. Los gobiernos, anualmente, gastan más en armas y mantención de sus estamentos militares que en salud, educación y superación de la pobreza. Sólo la desmilitarización y la lucha contra el armamentismo pueden servir al desarrollo humano como el gran “dividendo de la paz” propiciado por las Naciones Unidas. 6. No admito la comparación de que el rechazo a la ley de servicio militar obligatorio sea igual o tenga como efecto necesario el rechazo del pago de impuestos al estado. Un deber tiene que ver con el bien común y los gastos sociales de una comunidad humana, mientras que el otro tiene como fin último la guerra, como si fuera el único sistema de defensa, desconociendo que hay caminos alternativos, más eficaces y propiamente humanos. Además, no hay comparación en cuanto a las formas y métodos democráticos de cumplimiento. Se debe denunciar que el reclutamiento al SMO termina anulando toda expresión de derecho ciudadano, al punto de asimilarse a un perfecto secuestro legal de las personas, que dentro de los cuarteles pierden toda carta de ciudadanía y posibilidad de defensa de sus más básicos derechos a la integridad física y de respeto a su dignidad. 7. Rechazo en forma absoluta las FALSAS LEGITIMACIONES QUE PRETENDEN HACERSE DEL SMO, en cuanto a:
a) Presentar al SMO como “escuela y temple del espíritu”. El sistema de la guerra siempre atentará contra un espíritu de grandeza humana. b) Presentar al SMO como “escuela de oportunidades para los pobres”. La preocupación por los jóvenes pobres y sin oportunidades es del Estado y la sociedad civil, no una misión de los ejércitos. c) Presentar al SMO como un “reformatorio de jóvenes con problemas de conductas sociales” (delincuencia, drogadicción, etc.). Los sistemas militares no pueden tener esa finalidad y están lejos de alcanzar una mínima competencia para esas tareas. No podemos seguir aceptando estos falsos mitos e impresentables legitimaciones que le dan un valor al SMO que nunca ha tenido y no es posible aceptar, a riesgo de quedar sometidos a un poder del militarismo que bien hemos conocido durante los años de “dictadura”, y que más allá de los cuarteles pretende imponerse a toda la sociedad. 8. Me declaro contrario al concepto de “obediencia militar” u “obediencia ciega” aplicado en los cuarteles y sistemas militares. Hoy más que nunca, basándose en renovadas y profundas concepciones de la “educación”, la sociedad democrática y la persona humana han adquirido mayor nivel de conciencia de su dignidad y tienen mayor capacidad de rechazar conceptos que ofenden su desarrollo más pleno y más auténtico. 9. Nadie tiene derecho a calificar al objetor de conciencia como un flojo, un apátrida o como persona sin valores solidarios. Por el contrario, nos mueve un amor profundo al género humano, a todos los hombres y mujeres sin distinción. Nuestro gran esfuerzo, contra toda forma de comodidad e indiferencia, es hacernos parte del gran legado de solidaridad de todos quienes han luchado en forma incansable por la justicia y una cultura de los derechos humanos. 10. Nadie podrá pretender acusarnos de cobardes o de espíritu pusilánime. Nuestro cuestionamiento al SMO no es por el simple motivo de querer huir de golpizas absurdas o de malos tratos injustificados. No por ser cobarde estoy contra el SMO. Al contrario, estoy dispuesto a tener consecuencia hasta el final, incluso a ir a la cárcel si es necesario, para lograr hacer efectiva la Objeción de Conciencia para otras generaciones y dar real testimonio de nuestra fe en la paz y el desarrollo ético del género humano. PARA ESTO ESTAMOS LOS OBJETORES DE CONCIENCIA.-
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