Citar como: http://www.puertachile.cl/sociedad/2005_mejia.htm

 


Camilo Mejía, objetor de
conciencia. Foto: Refusing to kill

Cuando desobedecer es un deber

El difícil camino de quienes se negaron a combatir en Irak

por Camilo Mejía

Extracto de la traducción de Gabriela Fonceca publicada por La Jornada

Publicado originalmente en inglés en el sitio oficial de Camilo Mejía, mayo de 2005

 

A menos de un año de ser confinado a una base del Fuerte Sill, Oklahoma, donde cumplí nueve meses de una sentencia de doce, me encontré en la estación naval de San Diego, ubicada en la Calle 32, donde el oficial de tercera clase Pablo Paredes estaba siendo juzgado por una corte marcial especial. Los cargos en su contra eran ausencia no autorizada y no-movilización.

 

Su caso, al igual que el mío, recibió mucha atención, no por la naturaleza de los cargos en su contra, sino porque el 6 de diciembre del año anterior Pablo denunció públicamente que la guerra era criminal e ilegal, cuando rehusó abordar su barco, el USS Bonhomme Richard, antes de que éste partiera hacia Irak.

El juez militar encontró a Pablo culpable de no-movilización, pero no de ausencia no autorizada, y pese a que su sentencia incluyó dos meses de trabajos forzados y tres meses de confinamiento dentro de la base, el acusado no fue sentenciado a prisión ni a una baja punitiva de la marina.

El mismo día de la corte marcial de Pablo, el juez militar de Fuerte Stewart dictaminó que el sargento del ejército Kevin Benderman, quien también se opuso públicamente a la guerra, fue enviado a juicio por obra de un oficial de audiencia que estaba prejuiciado en su contra, por lo que se suspendió temporalmente la corte marcial especial que lo juzgaría. En dicho proceso lo habrían condenado a cinco años de prisión. Otra investigación, iniciada el 26 de mayo, determinará qué tipo de corte marcial lo juzgará.

Estos acontecimientos son un importante avance para el movimiento antiguerra, pues parecen indicar que las autoridades militares están manejando con más cuidado la oposición pública dentro de sus filas, en vista de que cada vez más miembros del ejército alzan la voz en contra de la ocupación. Sería interesante ver si éstos son casos aislados o si el ejército efectivamente está haciendo un esfuerzo por respetar la ley.

 

Cuestión de principios

Los hombres y mujeres que están en el ejército deben saber que los expertos que testificaron en mi juicio y en el de Pablo señalaron que la invasión y ocupación de Irak son ilegales bajo las leyes internacionales, domésticas y militares. En mi juicio, el profesor Francis Boyle, de la Universidad de Illinois, declaró que la invasión y sus secuelas son un crimen contra la humanidad y una violación al Manual de Campo 27-10 del ejército, el cual incorpora la Convención de Ginebra. En el juicio contra Pablo, la profesora Marjorie Cohm, de la escuela de leyes Thomas Jefferson de San Diego, atestiguó que la guerra contra Irak viola la carta de Naciones Unidas que autoriza al uso de la fuerza sólo en defensa propia o con autorización expresa del Consejo de Seguridad. Ella también hizo notar que, de acuerdo al Principio de Nuremberg y al Manual de Campo del ejército, desobedecer una orden ilegal es un deber, y alegar haber seguido órdenes de superiores no constituye una defensa legal en caso de que se cometan crímenes de guerra. Es interesante que ni en mi juicio ni en el de Pablo la fiscalía presentó evidencia alguna para rebatir el testimonio de los expertos en derecho internacional de la defensa.


Marzo 2005 (segundo aniversario de la invasión a Irak). La pancarta de una manifestante en Ohio cita a Martin Luther King: "El más grande proveedor de
violencia sobre la tierra es mi propio gobierno". Foto: CPA News

Estados Unidos atraviesa por una transformación histórica, al pasar de un imperialismo disfrazado a otro que es abiertamente admitido (y defendido). En una época en la que quienes protestan pacíficamente son puestos tras las rejas, en la que la libre expresión desaparece, cuando el derecho internacional es ignorado o esquivado para justificar la tortura, en una época en la que el temor y el dolor de una nación se utilizan para fabricarle apoyo a una guerra criminal por el dominio imperial, se hace imperativo que los miembros de las fuerzas armadas actúen de acuerdo con sus principios.

Un imperio no puede sobrevivir sin su ejército imperial. Un ejército cuyos miembros no cuestionan las órdenes de sus superiores, que si disienten lo hacen calladamente para salvar sus pellejos, un ejército cuyos miembros prefieren morir y matar, contraviniendo sus juicios morales antes que cuestionar la autoridad de quien los comanda.

Es demasiado fácil decirle a hombres y mujeres en servicio que deben seguir el dictamen de su conciencia, sea cual sea el significado de ello. Este consejo sólo pone la carga sobre los hombros de estos soldados, sin ningún sacrificio por parte de quien los aconseja. Pero la paz no se consigue fácilmente, y por eso le digo a todos los miembros del ejército que, cuando estén ante una orden y su mente, su alma y cada célula de su ser griten que deben rehusarse y resistir, por Dios, háganlo. La cárcel no significará nada cuando quebrantar la ley se convierta en un deber para con la humanidad.-

 

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