La preocupación de Banatte adquiere visos de tragedia si se tiene en cuenta que esa vasta zona del sudoeste haitiano, donde opera el batallón uruguayo como parte de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah), es responsable de buena parte de los menguados alimentos para la población del país, que se calcula en unos 8,5 millones de habitantes sin que haya datos oficiales fidedignos. La falta de agua y el atraso del comienzo de la temporada de lluvias, que va normalmente de fines de abril a junio con precipitaciones copiosas que lavan la tierra, es claramente apreciable desde el aire. A pesar de ello, el sur de Haití sigue mostrando un verdor que ha desaparecido hace años en la mayor parte del país, en especial en el norte y en el valle central de Artobonite, hasta hace 20 años cubierto de arrozales que llegaron a abastecer el consumo nacional. Hoy esa producción quedó en el nivel mínimo para la subsistencia de los campesinos que se resisten a emigrar. Por eso y por la desatención histórica del gobierno central hacia el sur es que afloran allí, cada tanto, deseos separatistas, señala Banatte.
Trágicas estadísticas Los árboles todavía se suceden a corta distancia y la agricultura familiar es una constante en cada casa ubicada al costado de las rutas de balasto y piedras sueltas, que se vuelven intransitables en muchos tramos cuando llegan las lluvias e inundan todo. En Haití, lo único parecido al término medio es la asociación de muchos males con el número 50. Sólo se produce 50 por ciento de los alimentos que se consumen, la expectativa de vida ronda los 50 años, la mitad de la población es analfabeta, igual proporción de los habitantes tienen menos de 21 años, muy poco más de la mitad acceden a agua potable y saneamiento, y la desnutrición tiene similar incidencia. En Haití muere un niño de hambre por hora por malnutrición y en regiones del norte, de escasa o nula producción agrícola, se llega a las 29 muertes cada día, en una población total de poco más de un millón. La mortalidad infantil por esta causa y por la falta de saneamiento ya se sitúa en 69 por mil, comentó la danesa Anne Poulsen, de la delegación en el país del Programa Mundial de Alimentación (PMA). Indicadores explicables si se tiene en cuenta que tres de cada cuatro haitianos dependen de un modo u otro de la agricultura, en gran parte de supervivencia y en la que aún prevalece la tracción a sangre, animal y humana. Transitar por zonas rurales de Haití es como regresar al siglo XIX.
Arroz y neoliberalismo Roberto Badieu, colaborador inmediato del ministro de Agricultura, señala que entre sus planes está revitalizar la producción de arroz, "un producto estratégico" según Badieu y otrora bandera de las exportaciones haitianas, hasta que el país abrió bajo presión externa sus fronteras comerciales a mediados de los años 80, cuando se profundizaba en el mundo la aplicación del modelo llamado neoliberal. Esa eliminación de las barreras comerciales permitió el ingreso de arroz estadounidense subsidiado, un huracán devastador para los cultivos nacionales pese a que éstos daban un grano de alta calidad, muy apreciado por el paladar local y extranjero. La caída de 50 por ciento (otra vez el funesto número) de las ventas locales y al exterior del arroz haitiano empujó hacia Puerto Príncipe a una multitud de campesinos casi famélico, y se duplicó en poco más de dos décadas la población capitalina, que según se piensa es hoy de unos cuatro millones de personas.
El olvido internacional La asistencia alimentaria internacional resulta fundamental con ese panorama agrícola, en un país en que la renta por persona apenas supera los 400 dólares al año y la ingesta de agua en malas condiciones provoca frecuentemente diarrea, disentería o tifus, entre otras enfermedades. "Por suerte no hay muchos niños con malnutrición muy aguda, pero sí muchos desnutridos, y eso ya es muy grave", explicó Poulsen a los periodistas uruguayos. Eso causa problemas físicos y mentales, indicó, para luego detenerse en que hay regiones de Haití donde 47 por ciento de los niños tienen problemas de nutrición. Aproximadamente 1,5 millones de haitianos dependen de la ayuda humanitaria del PMA, pese a que el país dispone de una gran variedad de ecosistemas que ofrecen amplias posibilidades de producción diversificada, tanto para el consumo local como para la exportación, comentó la experta danesa. En los próximos dos años se necesitarán más de 40 millones de dólares para llegar a las 850.000 familias previstas, que son asistidas también por otros programas, entre ellos los del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y organizaciones no gubernamentales. Pero "los donantes son difíciles de obtener", porque "en el mundo hay muchos problemas" y esta pequeña nación sin valor estratégico no llama la atención en los países del Norte industrializado, se queja Poulsen. "En Dinamarca, mi país, la sociedad ni siquiera conoce la situación política y económica de Haití, porque no están en los primeros planos de la información mundial, aunque aun así hay grupos de la sociedad civil e iglesias que cooperan", apuntó. "Haití esta fuera de foco", remató
con énfasis Poulsen. |
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