Citar como: http://www.puertachile.cl/sociedad/2005_desarme_lun.htm

 

Dispara usted o disparo yo

por Florencia Browne, Las Últimas Noticias

Publicado originalmente por diario Las Últimas Noticias, 15 de mayo de 2005

 

Para civiles o militares, un arma es siempre un artefacto diseñado para matar y, por lo tanto, se diga lo que se diga acerca de la defensa propia, su manejo es un permanente manoseo de la muerte y un sobajeo de la locura.

 


El miércoles de esta semana murió en Santiago una mujer de 61 años, víctima de un balazo en la frente. Al parecer, su hijo de 17 años jugaba con una pistola y la pistola se disparó. A menudo se sabe de historias similares, en las que alguien le dispara a un ser querido por accidente, pero esta vez el disparo ha sido además un comentario dramático a la discusión en torno a la nueva ley de control de armas, porque, mientras el joven descargaba la pistola en la frente de su madre, el diputado Lorenzini daba el ejemplo acerca de las armas indocumentadas y entregaba a una iglesia un revólver de colección, es decir, una chuchería inservible fuera de su panoplia.

Al día siguiente, un adolescente de 14 años se suicidó con la escopeta de su padre. En este caso, el disparo no fue accidental, sino febrilmente calculado por un muchacho que no soportó ser expulsado de su liceo. En ambas muertes, la tenencia de armas ha sido el principal blanco de las acusaciones, dándose a entender que este tipo de situaciones no ocurriría si los permisos para poseer un arma fueran mejor asignados. ¿Y cuándo, me pregunto yo, las armas están bien asignadas? Se supone que en las fuerzas armadas, por definición, las armas están bien asignadas. Pues bien: para cerrar la semana de los tiroteos, un conscripto murió en un regimiento del sur, a causa de un misterioso balazo en el abdomen, lo que fue calificado por las autoridades castrenses como “una acción fortuita”.

En mi opinión, las armas nunca están en buenas manos. Puede ser que las fuerzas armadas tengan la confianza de la sociedad, pero eso no significa necesariamente que las armas estén en buenas manos: un soldado medio prepotente podría creer, por ejemplo, que entre sus funciones está bombardear La Moneda y “darle guaraca hasta el final”. Para civiles o militares, un arma es siempre un artefacto diseñado para matar y, por lo tanto, se diga lo que se diga acerca de la defensa propia, su manejo es un permanente manoseo de la muerte y un sobajeo de la locura, razón de sobra para entender que es imposible garantizar la idoneidad de un portador de armas.

Es fácil culpar al Diablo de cargar una escopeta para un suicidio adolescente o una pistola para un parricidio accidental, pero el responsable de la muerte en la ruleta rusa no son las armas, sino las cabezas de las personas, que nunca están preparadas para tener la muerte entre las manos. Además, alguien que compra un arma siempre tiene un tornillo un poco suelto o, por lo menos, tiene un tornillo que se afloja apenas siente el olor de la pólvora. Al respecto, no logro recordar ahora el apellido del diputado o senador que hace poco proponía aceptar, como único requisito para la tenencia de un arma de fuego, la licencia de conducir al día, como si los automovilistas fueran unos ejemplos de cordura y de templanza, que nunca pasan en rojo los semáforos de la vida o de la muerte.

 

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