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Chile, a 15 años de Pinochet: Una nueva Constitución para el Bicentenario Editorial de Revista Mensaje, septiembre de 2005
Entonces, los que mantuvieron por tantos años los ‘resguardos’ constitucionales que les han permitido beneficiarse de cuotas de poder mayores a su representatividad popular, no tenían nada que celebrar salvo su tardío oportunismo. Tampoco debieran alegrarse demasiado quienes tuvieron éxito en su prolongado empeño de terminar con los senadores institucionales, la inamovilidad de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y la tutela de estas sobre el pueblo soberano. Y ello porque estas reformas —que representan un paso adelante significativo— no terminan con el carácter esencialmente autoritario de la Constitución de Pinochet.
Un dañino sistema electoral Ilustra lo anterior la vigencia del sistema electoral
binominal, consagrado ahora en una ley orgánica constitucional
pero cuya modificación no pudo concretarse en esta reforma.
Por encima de los cálculos del momento, cabe una grave responsabilidad
política a los que se han empeñado en mantener un
sistema electoral que le está haciendo daño a la democracia
y a la legitimidad de sus instituciones. Esto porque dicho sistema
imposibilita la representación parlamentaria de un porcentaje
no despreciable de chilenos y es incapaz de reflejar la voluntad
popular al sobredimensionar a la primera minoría. Además,
genera un deterioro en las relaciones al interior de cada coalición.
Mientras tanto, contamos con un ordenamiento político deficiente, incluso más allá del sistema electoral, pues no fomenta el crecimiento en ciudadanía. No estimula ningún tipo de ‘primarias’ que vuelvan más participativa la designación de los candidatos. Este vaciamiento de ciudadanía favorece la desproporcionada importancia que han ido adquiriendo las encuestas. Ellas no sólo actúan en la práctica como único indicador del acontecer político y de la popularidad de sus actores, sino también son usadas para influir en los electores.
Nueva Carta Fundamental
Se ha vuelto a hablar una vez más del término de la transición. El símbolo que marcaría su fin sería el reemplazo de la firma de Augusto Pinochet en el actual texto constitucional por la del presidente Ricardo Lagos. Es lamentable que una Constitución diseñada por la dictadura y parcialmente reformada, sea avalada con la firma de un presidente elegido democráticamente por el pueblo soberano y que cuenta con un impresionante apoyo popular al término de su mandato. Creemos necesaria una nueva Constitución que reforme el sistema electoral binominal, facilite la transparencia, corrija anomalías en la administración de Justicia a través de algún control externo al Poder Judicial. Una Carta Fundamental que no confiera a la propiedad privada resguardos tales —como lo hace la actual— que, de hecho, impiden que el bien común pueda primar sobre la propiedad privada como corresponde éticamente. Enfrentamos entonces un desafío ético que toca las relaciones entre política y sociedad. ¿Es el presidencialismo extremo que consagra nuestra actual Constitución el mejor modelo para Chile? ¿Lo es un parlamento que no puede controlar ni su agenda ni el presupuesto de la nación? Volvemos a insistir en la necesidad de una nueva Constitución cuya propuesta debiera ser incluida en los programas de los candidatos presidenciales y su proceso de elaboración estar concluido para la celebración del bicentenario de nuestra independencia. Que sea un referente reconocido por todos los sectores del país como legítimo e inspirador de los grandes valores de la patria. Es una tarea que queda pendiente para la sociedad chilena. Sólo con la vigencia de una Constitución plenamente democrática se marcará realmente el fin de la época de transición pos-pinochetista. En el mes de septiembre celebramos nuestra fiesta nacional. ¿Qué país hemos sido y queremos ser? ¿Qué nos une hoy a los chilenos? Necesitamos una Carta Fundamental que refleje nuestra rica diversidad, donde todos nos podamos reconocer, sintiéndola propia. De la cual podamos estar orgullosos al ver representados en ella nuestros valores, el resguardo de todos sus habitantes, la protección de los débiles. Una Constitución que consagre el valor infinito de cada vida humana y el respeto de los derechos de todos los hijos e hijas de esta tierra.-
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