Es sorprendente que nuestro país no asuma y se beneficie tanto de la vasta evidencia científica, como de la experiencia acumulada por muchos países sobre los efectos dañinos del tabaco y de las medidas que han adoptado para proteger tanto a los individuos que fuman como a quienes inhalan el humo de quienes les rodean, los llamados fumadores pasivos. Como sabemos, Chile presenta una de las prevalencias de tabaquismo más altas del mundo: 42% de la población fuma, especialmente en los grupos de jóvenes y niños, que ya en cuarto año básico empiezan a fumar, para llegar a un 27% en octavo año básico y a un 55% cuando egresan de cuarto año medio, según estudios recientes. El daño que el cigarrillo produce en la salud es conocido desde la década del 50, cuando los Drs. Hill y Doll, este último fallecido el día 24 de julio recién pasado, descubrieron el carácter adictivo de la nicotina y relacionaron el hábito de fumar con cáncer al pulmón en médicos de Gran Bretaña. La evidencia científica es apabullante: sólo en Estados Unidos sobre 50 mil fumadores pasivos mueren como consecuencia de enfermedades producidas o agravadas por consumo de tabaco. En síntesis, hoy día no cabe la menor duda del daño que produce el tabaco, siendo la primera causa prevenible de muertes en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. En este contexto, llama la atención la liviandad con que el país enfrenta nuevamente la discusión de una Ley de Tabaco actualmente en trámite legislativo, y la pobreza de argumentos que se han esgrimido para hacer de esta Ley una verdadera herramienta que permita disminuir la cantidad de fumadores en el país. Esta discusión ya se planteó a comienzos de la década del 90, culminando con una Ley con medidas cosméticas, con un consumo de tabaco que continuó aumentando hasta los niveles alarmantes que observamos hoy día. Según los economistas especializados en salud, existen medidas "blandas" y "duras". Las "blandas" son aquellas que actualmente están en discusión: advertir en la cara frontal de la cajetilla el daño que produce el tabaco, limitar o eliminar la publicidad, limitándola al interior de los establecimientos que venden cigarrillos, prohibir la venta a menores de 18 años, no vender cigarrillos a 100 metros de los colegios, crear áreas herméticas para fumadores en bares y restaurantes. La medida "dura" más efectiva no está considerada en la ley, y consiste en aumentar en un 200 a 300% el precio de los cigarrillos, lo cual ha permitido reducir la prevalencia de tabaquismo en otros países.
Existen numerosas experiencias internacionales exitosas en que gobiernos de países desarrollados y en desarrollo, se la han jugado por disminuir el tabaquismo, llegando los ministros de Salud a ser los más populares del Gobierno. Así aconteció con el ministro Serra en Brasil, que luego de impactar con su campaña antitabáquica se convirtió en el candidato oficialista a la Presidencia de la República, y con el ministro de Salud de Irlanda, que a pesar de prohibir fumar en todos los "pubs" irlandeses, llegó a tener una altísima popularidad. Es decir, la población exige a los gobiernos tener especial consideración con los no fumadores y ayudar a los fumadores a abandonar el hábito. Es por ello que llama tanto la atención el poder ejercido en Chile por la empresa tabacalera, en contraste con lo que piensa y requiere la población. Esta empresa tiene amplia llegada a los medios de comunicación, al Congreso de la República y ejerce todos los mecanismos de presión posibles para "suavizar" la Ley de Tabaco, lo cual ya le dio resultado en la década del 90. Actualmente, diez años después, habiendo Chile firmado el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Tabaco, la empresa ha sido escuchada en numerosas oportunidades por la mayoría de los senadores, aparece con inserciones pagadas y cartas en los principales diarios, sin argumentos, solamente invocando la libertad individual y la libertad de informar a sus consumidores, como si el libre mercado estuviese por sobre la salud y la vida de las personas. Otro antecedente es que las empresas tabacaleras, al verse limitadas sus prácticas en los países desarrollados, decidieron concentrarse en los países con menos regulaciones, con evidente beneficio.-
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