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"En el espíritu del Reverendo Martin Luther King Jr.,
el más grande líder religioso de los Estados Unidos,
la comunidad religiosa podría ayudar a una nación dividida a encontrar un fundamento común y superior".

No fue una derrota para la fe progresista

Estados Unidos luego de las elecciones del 2004

por Jim Wallis

Publicado originalmente en inglés por Sojourners, 3 de noviembre de 2004

Traducción de Felipe Elgueta Frontier

 

La religión fue un factor importante en esta elección, y los “valores morales” fueron mencionados como un tema clave para los votantes en las encuestas realizadas a la salida de los locales de votación. Por el lado republicano, a George W. Bush se le vio muy a gusto en sus frecuentes alusiones a su fe personal y al abordar lo que su base religiosa conservadora denominó “los asuntos morales”. Por el lado demócrata, el senador John Kerry evocó el relato del Buen Samaritano en el Nuevo Testamento, habló de la importancia de amar a nuestro prójimo y dijo que la fe sin obras es una fe muerta; pero sólo empezó a hablar así al final de su campaña.

 

 

En los Estados Unidos, ya hemos iniciado un auténtico debate acerca de cuáles son los “asuntos religiosos” más importantes en política, y dicha discusión se extenderá hasta mucho después de la reciente elección. La Derecha Religiosa luchó para mantener la atención puesta sobre el matrimonio homosexual y el aborto, e incluso dijo que los buenos cristianos y judíos sólo podían votar por el presidente. Pero muchos cristianos moderados y progresistas no estuvimos de acuerdo con esto. Insistimos en que la pobreza es también un asunto religioso, haciendo notar los miles de versículos bíblicos acerca de los pobres. El medio ambiente (la protección de la creación de Dios) es también una de nuestras preocupaciones religiosas. Y millones de cristianos en Estados Unidos creemos que en Irak no hubo una “guerra justa”.

De modo que, en esta elección, un bando habló acerca de la cantidad de vidas que cada año se pierden antes de nacer, mientras el otro señalaba las 100.000 bajas civiles en Irak. Pero ambos asuntos tienen que ver con el derecho a la vida (así lo señaló el Papa, por ejemplo, quien se opone tanto a la visión de Kerry acerca del aborto como a la política de guerra de Bush). Algunos líderes eclesiales le preguntaron a los candidatos si acaso pensaban ponerle fin al terrorismo únicamente matando terroristas y pidieron enfrentar el tema desde una perspectiva más profunda. Y 200 teólogos, muchos de ellos pertenecientes a las principales instituciones evangélicas, advirtieron que “una “teología de guerra proveniente de los más altos círculos del gobierno estadounidense está filtrándose hacia nuestras iglesias”.

Queda claro que Dios no es republicano ni demócrata y que el mejor aporte de la religión es, precisamente, no ser predecible en lo ideológico ni guardar lealtades político-partidistas, sino mantener una independencia moral que le permita criticar tanto a la derecha como a la izquierda.

Ahora es clave recordar que nuestra visión, una visión progresista y profética de la fe y la política, no estaba postulando en esta elección; John Kerry sí, y perdió. Kerry no planteó decididamente la defensa de los pobres como un asunto religioso y un “valor moral”, ni hizo de la guerra en Irak un asunto claramente religioso. En sus debates con George Bush, Kerry debió haber criticado la guerra en Irak como una guerra injusta, tal como lo hicieron muchos líderes religiosos (evangélicos y católicos, entre ellos). Y John Kerry ciertamente no abogó por una ética consecuente acerca de la vida humana como lo hicimos nosotros (oponiéndonos a todas las formas en cuales se ve amenazada la vida en nuestro violento mundo).

Nosotros no perdimos la elección. John Kerry la perdió, y los elementos faltantes que hacen que su visión y la de su partido sean moral y políticamente incompletas, deben seguir siendo materia de discusión para la gente progresista de fe.

En un país profundamente polarizado, los comentaristas señalaron que cualquier resultado político “aplastaría” las esperanzas de casi la mitad de la población. Así que talvez el rol más importante para la comunidad religiosa vendrá ahora, cuando la necesidad de algún tipo de sanidad y reconciliación política se ha tornado dolorosamente evidente. En el espíritu del Reverendo Martin Luther King Jr., el más grande líder religioso de los Estados Unidos, la comunidad religiosa podría ayudar a una nación dividida a encontrar un fundamento común y superior. Y, al igual que nuestros partidos políticos, debemos estar dispuestos a responder al desafío del profeta bíblico Miqueas: “hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios”.-

 

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