El poder de la reconciliación Estados Unidos luego de las elecciones del 2004 por Jim Wallis Publicado originalmente en inglés por Sojourners, 1° de diciembre de 2004 Traducción de Felipe Elgueta Frontier
La elección del 2004 fue una de ésas en las que, sin importar quien ganara, casi la mitad de la población iba a quedar absolutamente destrozada (la mitad derrotada de un electorado dividido en dos partes iguales). Ahora nos sentimos profundamente divididos, como dicen los medios, en “estados rojos” (republicanos) y “estados azules” (demócratas). Dado este contexto, ¿cómo conversa la gente de los estados rojos con la de los azules, especialmente la gente de fe?
En nuestro divisivo período post-electoral, pensé que talvez sería apropiado y útil relatar una historia personal de reconciliación que es muy importante para mí, y que nunca antes había contado hasta hace poco. Se refiere a mi relación con un hermano cristiano que, si aún estuviera vivo, probablemente no habría votado igual que yo. Bill Bright fue el fundador y presidente de la Cruzada Estudiantil por Cristo, una organización evangélica que trabaja en los campus universitarios del país. Motivado sobre todo por la Gran Comisión, Bill Bright quería alcanzar para Cristo a todo habitante de este planeta “en esta generación”. Preocupado por la “degeneración moral” de Estados Unidos, Bright quería que la nación se volviera a Dios, lo que para él implicaba la aplicación de una agenda política ultraconservadora. Bill y yo éramos cristianos evangélicos, pero estábamos claramente en desacuerdo acerca de todo un abanico de temas políticos. En 1976, Bill Bright se unió a un miembro ultraderechista del Congreso, llamado John Conlan, y a otros conservadores más, en un proyecto para movilizar a los grupos evangélicos celulares y de oración para propósitos políticos. Éste fue, de hecho, el primer intento de crear una “Derecha Religiosa” en la política estadounidense, varios años antes de la fundación de grupos como la Mayoría Moral y la Coalición Cristiana. Nosotros, en Sojourners, decidimos investigar. Éste resultó ser el proyecto investigativo más amplio que hubiéramos realizado jamás, y dio como resultado una historia de portada en la revista, titulada “El Plan para salvar América”. Bright fue avergonzado públicamente por estas revelaciones y por toda la experiencia. Aunque habíamos sido en extremo cuidadosos, respaldando cada dato del reportaje con al menos tres fuentes, Bright me denunció airadamente. Invitamos a Bright y a los demás involucrados a que respondieran ante estas evidencias, antes y después de la publicación del artículo, pero decidieron no hacerlo. Como también discrepábamos en casi todos los asuntos políticos, desde Vietnam hasta los problemas de política interior, se desarrolló una encarnizada y pública polarización entre Bill Bright y yo. La mala sangre continuó durante muchos años. Recuerdo un momento particularmente doloroso en una cena para líderes evangélicos, cuando Bright otra vez procedió a atacarme públicamente, llamándome “mentiroso”. Más de dos décadas después, Bright y yo nos encontramos en otra cena para líderes religiosos. Cuando lo vi al otro lado de la habitación, tragué saliva y empecé a caminar hacia él. Obviamente, no me reconoció después de tanto tiempo. Me presenté y él se quedó en silencio. Le dije: “Bill, necesito disculparme contigo. Estuve en un hotel hace varios meses y supe que tú también estabas allí. Debí haber ido a tu habitación e intentado, después de todos estos años, enmendar la dolorosa brecha que ha habido entre nosotros. No lo hice, pero debí hacerlo. Lo siento”. Bill, un anciano ya, extendió sus brazos y me estrechó con ellos. Luego dijo: “Jim, necesitamos estar unidos. Ha pasado tanto tiempo, pero el Señor nos iba a reunir”. Ambos teníamos lágrimas en los ojos y nos abrazamos largo rato. Luego Bill dijo, “Jim, estoy tan preocupado por los pobres, por lo que va a ser de ellos. Tú nos estás congregando en torno a eso y yo quiero apoyarte”. Me quedé asombrado. Acordamos reunirnos pronto.
Unos pocos meses después, Bill y yo estábamos de nuevo, coincidentemente, en el mismo hotel. Llamé a Bill y nos pusimos de acuerdo para ir a caminar juntos a la playa a la mañana siguiente. Bill y yo compartimos las historias de nuestras conversiones. Compartimos nuestros llamados y sueños para nuestros respectivos ministerios y hablamos de cómo podríamos estar más conectados. Entonces Bill me asombró diciendo: “¿Sabes, Jim? Yo soy algo así como ‘el tipo de la Gran Comisión’ ”. Sonreí y asentí con la cabeza. “Y he descubierto que la preocupación por los pobres es parte de la Gran Comisión, porque Jesús nos instruyó que debíamos ir a las naciones ‘enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado’. Y, Jim, Jesús por cierto nos enseñó a preocuparnos por los pobres, ¿verdad? ¡La preocupación por los pobres es parte de la Gran Comisión!”, dijo Bill. Cuando regresamos al hotel, él me preguntó si podíamos orar juntos. Nos sentamos y nos tomamos de las manos. Primero, cada uno oró por el otro, y luego por sus ministerios. Bill Bright oró por mí y por la obra de Call to Renewal y Sojourners. Cuando terminamos, dijo que quería reunir algún dinero para nuestra “obra del Señor”. Bill, quien para entonces ya tenía más de 80 años de edad, pronto empezó a enfermarse. Me mantuve al tanto de su estado de salud. Luego, un día, recibí una carta. Era de Bill Bright. Esto es lo que decía:
Mi querido Jim: Felicitaciones por tu gran ministerio para nuestro Señor. Me regocijo contigo. Una donación inesperada, destinada a mi uso personal, hace posible esta modesta contribución para tu revista. Desearía tener los medios para agregar al menos tres ceros más al cheque adjunto. Recibe mi cálido afecto en Cristo. A tu disposición para ayudar a cumplir la Gran Comisión cada año hasta que nuestro Señor regrese, Bill
Dentro del sobre venía un cheque por 1.000 dólares. Mientras estaba leyendo la carta de Bill, mi colega Duane Shank entró a mi oficina. “¿Lo escuchaste?”, me preguntó. “Bill Bright acaba de fallecer”. Miramos el matasellos en el sobre de la carta y lo comparamos con los informes noticiosos acerca de la muerte de Bill. Concluimos que escribir esa carta fue una de las últimas cosas que hizo Bill Bright en esta tierra. Bill envió una donación de 1.000 dólares a la revista que había hecho público su momento más vergonzoso más de 30 años antes, y lo hizo como un reconocimiento al ministerio de otro líder cristiano a quien una vez consideró su enemigo. No pude contener las lágrimas, y tampoco ahora, mientras escribo por primera vez esta historia. La experiencia de mi relación con Bill Bright me ha enseñado mucho acerca de la promesa y el poder de la reconciliación. Nunca volveré a rechazar la posibilidad de acercarme a aquellos con quienes discrepo. Así es, en verdad, el poder del evangelio de Jesucristo para derribar los muros que nos separan. Gracias, Bill. Jamás te olvidaré.
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