Citar como: http://www.puertachile.cl/sociedad/2004_tortura_reuters.htm

 

Miles de chilenos develan horrorosas vivencias de tortura
Informe de la Comisión de Prisión Política y Tortura

por Ignacio Badal

Publicado originalmente por Agencia Reuters, 10 de noviembre de 2004

 


Memorial de las víctimas mortales de la dictadura militar. Ahora, los sobrevivientes cuentan su historia. Foto: Derechos Chile

Con amargura, al revivir el dolor físico y poner en palabras la indescriptible humillación, más de 35.000 chilenos se sentaron frente a un desconocido para narrar y dejar registrado en un documento histórico su secreto más inconfesable: el que sufrió su humanidad por la tortura.

El presidente Ricardo Lagos recibió el miércoles el informe que él mismo encomendó a la llamada Comisión de Prisión Política y Tortura, un grupo de profesionales anónimos que, entre noviembre y mayo, recogió y transcribió impactantes testimonios de quienes sufrieron las vejaciones de la represión dictatorial.

"¿Cuántos países se han atrevido a mirar en profundidad su historia?, ¿cuántos países se han atrevido a llegar al fondo de lo que ocurrió?. Chile se atreve, es un país sólido, estable, que puede hacerlo y espero que todos estemos en condiciones de mirar con altura el paso que se está dando," dijo Lagos. Mientras el mandatario recibía el informe de manos de los comisionados, muchas de las víctimas se agolparon frente al palacio presidencial para aplaudir lo que consideran un tardío pero valorable reconocimiento. Lagos sólo revelará los detalles del documento en algunas semanas más y probablemente hará una propuesta económica o moral de reparación simbólica a los afectados. No obstante, a través de entrevistas a los encargados de recopilar los antecedentes y a víctimas que entregaron su testimonio, Reuters tuvo acceso a algunos de ellos.

Salpicado de macabros detalles, el informe constata que la tortura fue una práctica sistemática del gobierno de Augusto Pinochet (1973-1990). Es la historia de una enorme cantidad de chilenos que, si bien no murieron, hoy caminan con el perpetuo padecimiento de haber sido ultrajados por pensar distinto.

Mujeres que desgarran la emoción al describir múltiples violaciones, con hombres y animales; hombres y jovencitas que soportaron días infinitos de choques eléctricos; y aquellos que vieron cómo sus amigos caían bajo centenares de puntapiés.

"Ponían música muy fuerte. No sé si para que los demás presos no escucharan los gritos o porque ellos mismos no querían escucharlos (...) Los choques eléctricos eran tan fuertes que la cama de fierro a la que me amarraron, se cayó (...) Ahí entendías lo que querían hacer: que sufrieras al máximo," dijo la activista del grupo rebelde MIR, Juanita Aguilera, en su testimonio.

La comisión recibió los relatos de uno por cada 400 chilenos, tanto en el país como en el extranjero, así que están conscientes de que éstos no son los únicos. Muchos murieron esperando o simplemente no quisieron declarar.

"Para mí es difícil recordarlo. Quizás no fui (a declarar) porque me dejé estar, pero de manera consciente," comentó Rolando, un ex preso político que estuvo en el mayor campo de concentración de la dictadura, el Estadio Nacional de Santiago.

 

El dolor lacerante del recuerdo

Cada página del informe, con un hilo conductor histórico, trasluce escalofriantes relatos de quienes más de una vez quebraron a los propios profesionales encargados de recibirlos.

Un 60 por ciento de los casos se concentró en los primeros días tras el golpe de Estado de 1973, cuando militares desbocados tomaron prisioneros a una innumerable cantidad de simpatizantes del derrocado gobierno de Salvador Allende en cuarteles, edificios públicos, barcos y hasta iglesias.

Dado que aún no se sistematizaba la persecución política, cualquier uniformado parecía tener poder de decisión.

"Primero fueron golpes con pies, puños, ramas y culatas de fusiles, hasta dejarme inerte en el piso. Después dos oficiales jóvenes me hicieron un simulacro de fusilamiento, me pusieron sus pistolas en la sien simulando tiros y terminaron con la pistola en mi boca," contó Vicente Acuña, un ex alcalde comunista.

De acuerdo al informe, la tortura se volvió un procedimiento estatal con la creación de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina), la policía política que operó entre 1974 y 1978. Desde sus cuarteles miles salieron sin vida o casi sin ganas de vivir.

"Maquinear es cuando te instalan electrodos y te pegan los golpes eléctricos. Pero hay otras peores: te colgaban desnudo, con un fierro entremedio de las piernas, con electrodos en el cuerpo y te dan golpes eléctricos tan fuertes que giras en torno al fierro," dijo el ex guerrillero del MIR, Jorge Martínez.

La sucesora de la Dina fue la Central Nacional de Informaciones (CNI) que, inicialmente, redujo la crueldad. Pero luego sus agentes fueron "dignos" herederos de la ferocidad de la Dina hasta que Pinochet abandonó el gobierno en 1990.

 

Un abrazo a los olvidados


El reconocimiento oficial de la tortura en Chile le tomó décadas
de sacrificio a las organizaciones de derechos humanos.
En la imagen: La policía reprime brutalmente una manifestación
para denunciar la tortura en Chile, realizada en 1988 en el
frontis de la Biblioteca Nacional. Foto: Alejandro Hoppe

 

 

Pese a que la tortura era una práctica sistemática de los aparatos de inteligencia de Pinochet y las historias sobre ella se repetían de boca en boca, en los 14 años de democracia los gobiernos de la coalición centroizquierdista no habían llevado al papel su reconocimiento y condena oficial.

"Las víctimas sienten que había una gran deuda con ellos, de la sociedad, del Estado, lo hemos escuchado reiteradamente," dijo María Luisa Sepúlveda, vicepresidenta ejecutiva de la Comisión.

"Más de alguien dijo que lo único que quiere es que alguien diga que él es un ser honorable y no un delicuente," agregó.

Más allá de la reivindicación a quienes sufrieron la tortura, el impacto político y social del informe cuando sea revelado en detalle, se prevé devastador.

Tanto es así que hace una semana, anticipándonse a la entrega del documento, el actual comandante en jefe del ejército chileno reconoció por primera vez que las violaciones a los derechos humanos bajo la dictadura fueron una práctica institucional y sistemática y ordenada desde los más altos mandos del país.-

 

Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (Sitio oficial)

 

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