Citar como: http://www.puertachile.cl/sociedad/2004_robinson_sufragio.htm

 

Una modesta sugerencia: Sufragio Global

por Simon Robinson, periodista australiano y jefe de la oficina de la revista Time en África (Johannesburgo)

Publicado originalmente en inglés por Time, Europa, 19 de septiembre de 2004

Traducido por Felipe Elgueta Frontier, BQ

 

Las políticas de los Estados Unidos tienen un impacto mundial, así que ¿por qué no dejar que todos voten para elegir a su presidente?

 


Proceso electoral en Nigeria.
Foto: Nopa.net

Es la esencia de la democracia norteamericana: todo ciudadano de los EEUU que sea mayor de 18 años, con excepción de los presidiarios y, en algunos casos, los ex convictos, puede inscribirse para votar en la próxima elección presidencial. Pero mientras muchos norteamericanos no toman en serio esta obligación –sólo un 70% se toma la molestia de inscribirse y apenas la mitad de los que tenían derecho a hacerlo votaron en la elección del 2000–, EEUU sigue excluyendo a una gran masa de ciudadanos que, de tener la oportunidad, asumirían el sufragio como el deber sagrado que es. Esta gente se ve afectada día a día por las decisiones adoptadas en la Casa Blanca. Ellos merecen la oportunidad de expresarse en el proceso electoral. Norteamérica, es hora de dejar que el resto del mundo vote por vuestro presidente.

Antes de que empiecen burlarse, les diré que existen precedentes de sobra para mi propuesta. Aquellos que tuvieron la fortuna de ser conquistados y ser hechos ciudadanos honorarios de la antigua Roma, eran consultados cada cierto tiempo, y los ciudadanos de territorios franceses como la Polinesia Francesa y la Guyana Francesa aún votan cada cinco años para elegir al presidente francés. El resto del mundo quizás no sea oficialmente una colonia norteamericana; pero a veces, ciertamente, se siente como una. Y si la CIA acostumbraba decidir cuáles serían los resultados de las elecciones en otros países, entonces ya es tiempo de que nosotros, los extranjeros, asumamos un rol a la hora de decidir quién se sienta en la Oficina Oval.

Los beneficios son obvios. El mundo tendría por fin una voz real a la hora de decidir quién lo gobernará durante los próximos cuatro años, mientras los candidatos presidenciales se verían obligados a buscar nuestro voto y no sólo disfrutar de nuestras exportaciones petroleras o nuestro apetito por las Big Macs y las películas taquilleras de Hollywood. Si EEUU invade alguno de nuestros países –o hace una secuela de “Titanic”– podremos responder en las urnas de votación.

También habría ganancias para los EEUU. Más votantes implican una mayor competencia para atraerlos, y fardos de billetes aún más grandes para los republicanos y los demócratas (los aportes a la campaña provenientes de fuentes extranjeras, actualmente ilegales, serían parte del trato). El sufragio global crearía emocionantes vuelcos geopolíticos en uno y otro sentido y elevaría marcadamente los niveles de sintonía de las cadenas de televisión de Norteamérica. Imaginen la escena en la noche de la elección: los primeros resultados acaban de empezar a llegarnos desde el baluarte republicano de Arabia Saudita; pero aguarden un segundo, Alemania ha empezado a votar y se ve favorable a Kerry; esperen, los ambientalistas de Islandia están apoyando a Nader. Por cierto, existe la posibilidad de que el crucial voto europeo pueda inclinar la balanza de manera decisiva; pero al menos el perdedor tendría la satisfacción de culpar a los franceses por una buena razón.

Talvez la mejor forma de vender el plan a los norteamericanos escépticos sea como una nueva arma en la guerra contra el terrorismo. En todo el mundo hay un montón de gente que aún no puede votar por sus propios líderes. Denles la oportunidad de expresarse en una elección de los EEUU y es probable que se les empiecen a ocurrir nuevas ideas. Antes de que ustedes se den cuenta, los déspotas del mundo se verían obligados a realizar elecciones locales o enfrentar a ciudadanos alborotados que han podido saborear la democracia y miran otra vez a los EEUU como una lumbrera. No podría haber acusaciones de unilateralismo, y menos la necesidad de invadir. Los pueblos de todo el mundo habrán tomado su decisión en la única elección que realmente importa.

Honestamente, no es tanto lo que pedimos. Trátennos como el 51° estado (¡pero si ya lo hacen!) y dennos 50 votos electorales en el complicado sistema estadounidense (eso es menos de lo que tiene California, pero más de lo que tienen Nueva York o Texas). Estos votos pueden ser asignados de acuerdo con la población y la influencia política o económica. Según mis cálculos, Europa debería tener unos 18 votos, Japón 7 y China 6, con un voto extra agregado cada vez que China tenga un crecimiento económico de un 10% o sus atletas ganen 10 medallas de oro adicionales en los Juegos Olímpicos.

Puse a prueba mi idea con mi suegro, un habitante de Nebraska, tan conservador que cree que conducir por el lado izquierdo del camino es subversivo. Seguro –dijo–, los no norteamericanos podrían votar, “siempre que paguen los mismos impuestos que pagamos nosotros”. Sospecho que los demás norteamericanos, en su mayoría, se turbarían bastante menos ante la idea de concederle el derecho de sufragio a los extranjeros. Pero quizás la sola sugerencia de que el mundo deba votar algún día, sea suficiente para inspirar una mayor concurrencia a las urnas en noviembre. Talvez a los norteamericanos les espante tanto mi idea que efectivamente acudan a un local de votación para asegurarse de que la influencia extranjera siga siendo mínima. Eso me parecería muy bien. Sólo espero que comprendan que su voto afecta al resto del mundo. Nos guste o no.-

 

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