Funcionarios indonesios reconocieron que no pueden dar una cifra exacta del número de muertos. El vicepresidente del país, Yusuf Kalla, señaló que sólo en Banda Aceh, capital de la provincia de Aceh, el número de víctimas fatales podría ascender a 100.000. En Banda Aceh, casi completamente destruida por las gigantescas olas, se calcula que medio millón de personas han perdido sus hogares. Un portavoz militar que sobrevoló la costa oeste de Sumatra afirmó que la región fue completamente arrasada, con pueblos enteros desaparecidos bajo el agua. Según los últimos recuentos oficiales, los principales países afectados son Indonesia, donde se perdieron 80.246 vidas, Sri Lanka, donde perecieron 28.637, India, donde se produjeron 9.451 muertes, y Tailandia, donde murieron 4.985 personas, más de la mitad de ellos, turistas extranjeros. Birmania, Malasia, las Islas Maldivas, las islas Seychelles, Bangladesh, Somalia, Kenia y Tanzania completan las lista de países en los que el maremoto ha dejado víctimas y destrozos generalizados. El portavoz del Fondo para la Infancia de Naciones Unidas, (UNICEF), Alfred Ironfide, indicó a la BBC que se estima que entre 30% y 50% de las víctimas del maremoto podrían ser menores de 18 años. Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud advirtió sobre el creciente riesgo de enfermedades gastrointestinales en los campamentos de desplazados en India y Sri Lanka. En toda la región, los equipos de asistencia intentan concentrarse en dar rápida sepultura a los muertos para evitar la propagación de enfermedades.
El reto es la distribución El coordinador para ayuda de emergencia de la ONU, Jan Egeland, señaló que por primera vez la organización tiene que lidiar con un desastre que afecta a tantos países al mismo tiempo. Egeland explicó que el principal reto será coordinar la distribución de la asistencia. En su último parte, el funcionario dijo que 1.8 millones de personas de la región necesitan alimentos con urgencia, 700.000 de ellas en Sri Lanka. Naciones Unidas informó que la comunidad internacional ha comprometido donaciones por más de US$1.100 millones para hacer frente a las consecuencias del desastre. En esta cifra se incluyen US$250 millones del Banco Mundial y US$350 millones que Estados Unidos finalmente prometió este viernes luego de las críticas que recibiera tras ofrecer inicialmente una cifra diez veces menor. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, pidió ayuda logística a los países donantes. En tanto los gobiernos de los países afectados hacen ingentes esfuerzos para coordinar la asistencia. Egeland dijo que ahora los países y comunidades afectados deberán encargarse de la ayuda suministrada por la comunidad internacional y llamó a eliminar los obstáculos burocráticos, incluidas las restricciones aduaneras.
La alarma que no llegó Por su parte el secretario general de la Mancomunidad, Don McKinnon, hizo un llamado para que se establezca un sistema de advertencia en el Océano Índico, similar al que advierte de olas potencialmente destructivas en el Pacífico. El Centro de Advertencia de Tsunamis del pacífico, con base en Hawai, expidió un boletín casi una hora después del destructivo terremoto del domingo, afirmando que aunque no existía peligro en el Pacífico, si podría haber olas destructivas cerca del epicentro. Sin embargo, autoridades de Hawai dijeron que no sabían a quién contactar para declarar la alarma en los países del Océano Índico. En las áreas costeras, ninguna alarma se emitió a tiempo para permitir que la gente alcanzara las tierras altas.
Enorme ola de daños Gobiernos, agencias de ayuda, de viajes y de seguros empezaron a calcular el costo de los estragos causados por las olas gigantes. Los primeros cálculos del Banco Mundial fijan el monto de la ayuda necesaria en unos US$5.000 millones, una cifra similar a la que se le ofreció a América Central tras el Huracán Mitch. Mitch mató a unas 10.000 personas y dejó un daño de unos US$10.000 millones en 1998.
El turismo es una parte vital de las economías de los países afectados. La industria provee empleo a 19 millones de personas en el sureste asiático, según el Consejo Mundial de Turismo y Viajes (WTTC, por sus siglas en inglés). Diciembre y enero son los meses en los que la región recibe más visitantes, pero el maremoto se llevó la esperanza de mantener el crecimiento de 45% en ganancias del turismo durante los últimos 10 meses, un aumento que anunciaba por primera vez el fin de la catástrofe turística que siguió a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra EE.UU. Con las compañías de viajes cancelando vuelos, tanto las economías de los países directamente afectados como otras de Asia y Europa sentirán repeticiones del terremoto submarino.
Lo necesario Pero los estragos no se limitan a las cuestiones relacionadas con el turismo, también cubren la pesca, agricultura y los comercios, con cientos de miles de construcciones y pequeños botes destruidos por las olas. Las agencias internacionales ofrecieron su apoyo, aunque la mayoría concuerda en que aún es imposible saber a ciencia cierta cuánto será necesario. El Fondo Monetario Internacional (FMI) prometió actuar con rapidez para ayudar a los gobiernos de los países golpeados a soportar la tragedia. Hasta antes del maremoto, sólo Sri Lanka y Bangladesh recibían ayuda del FMI, mientras que Indonesia -el epicentro del terremoto- se había librado de necesitarla recientemente. Ahora, sus gobiernos deben decidir si quieren involucrarse con el organismo. Otras agencias, como el Banco de Desarrollo Asiático, han señalado que es demasiado temprano para discutir paquetes de ayuda.
Pobres sin seguro Por su parte, aunque las aseguradoras también están en proceso del recuento de los daños, varias de las grandes compañías piensan que el total será más bajo que los US$27.000 millones que les costaron los huracanes que azotaron a Estados Unidos este año. La baja cuenta que tendrán que pagar las aseguradoras refleja la pobreza generalizada de gran parte la región afectada más que el nivel de la devastación económica de quienes viven en ella.-
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