Citar como: http://www.puertachile.cl/sociedad/2004_irak_guerrilla.htm

 

Qué esperar después de Faluya

por Roy Kraybill

Publicado originalmente en inglés por Ekklesia, 12 de noviembre de 2004

Traducción de Felipe Elgueta Frontier

 

Toda una vida de experiencia en negociaciones de paz me ha permitido tener un contacto considerable con movimientos de insurgencia.

La experiencia en otros escenarios nunca permite predecir el futuro con absoluta certeza, pero a menudo ofrece orientaciones útiles. A continuación expongo lo que sabemos acerca de aquellos que están luchando en Faluya y qué resultado podemos esperar, basados en lo que nos sugieren los patrones de conducta del pasado.


El daño causado por los ataques norteamericanos a
los civiles iraquíes es uno de los factores que aseguran
la persistencia de las guerrillas de insurgentes.
Foto: Aljazeera

 

1) Mayoritariamente, quienes luchan contra las fuerzas norteamericanas se ven a sí mismos como patriotas y amantes de su país que luchan por el futuro de sus hijos e hijas. Ellos no son soldados profesionales que calculan costos versus beneficios, sino personas que se consideran atacadas en su más profunda dignidad y orgullo. Los extranjeros, sin lugar a dudas, son minoría.

2) Su método es la guerra de guerrillas, cuyo objetivo nunca es enfrentarse y derrotar a un ejército regular. Su propósito, en cambio, es agotar al enemigo en una guerra prolongada que no pueda ganarse a través de los medios convencionales.

Las guerrillas buscan comprometerse en combate sólo lo necesario para lograr que el enemigo realice una fuerte inversión en soldados y equipamiento. Luego desaparecen, para repetir el proceso en otro tiempo y lugar.

3) La guerra de guerrillas no alcanza el éxito al derrotar al enemigo militarmente, sino más bien al hacer que la población en general se vuelva en contra del enemigo. Por ello, un objetivo constante de los guerrilleros es incitar al enemigo a actuar con mano dura de maneras que lo vayan distanciando de las poblaciones locales.

“Pasamos muchísimo tiempo seleccionando cuidadosamente las localidades en donde nos parecía que podíamos hacer que el ejército se involucrara en una acción importante que realmente enojara a la gente del lugar”, me dijo una vez un veterano con años de experiencia en una insurgencia moderna en Asia.

“Buscábamos una situación en la cual la gente realmente se molestara con el ejército, y después de eso trabajábamos duro para ganar la confianza de la gente del lugar”.

 

Lo que vendrá

Si estos patrones de conducta son válidos en Faluya, el resultado probablemente se parecerá a éste:

1) Sólo permanecerán en Faluya los insurgentes necesarios como para hacer que los atacantes norteamericanos sigan ocasionando daños serios. Las tropas estadounidenses tomarán la ciudad, con una pérdida considerable en vidas de civiles, hogares e infraestructura pública. La percepción en EEUU será “¡ganamos!”

2) En las semanas siguientes se descubrirá que la mayor parte de los insurgentes huyó de la ciudad antes de la batalla o en el transcurso de ella y que están continuando su lucha en muchas otras localidades.


Una imagen de los resultados de la "victoria" norteamericana en Faluya. Foto: Aljazeera

3) Los civiles de Faluya y otras ciudades prestarán una atención enorme al daño causado por los norteamericanos y al sufrimiento impuesto por ellos a la población de Faluya. Las historias que se contarán serán una combinación de verdades importantes y elementos adicionales de exageración y ficción entremezclados.

A EEUU le resultará imposible defenderse de estos relatos, puesto que no estarán negando la verdad central de la vasta destrucción y sufrimiento.

4) La lucha terminará en Faluya durante algunos meses, y la vida volverá gradualmente a su normalidad. Pero luego de seis meses o un año a partir de hoy, después de que los civiles hayan regresado, la guerrilla renovará sus ataques en Faluya y el ciclo volverá a comenzar.

5) Entretanto, una nueva oleada de reclutas, encolerizados ante la barbarie de los extranjeros, se habrá unido a los insurgentes, y el conflicto seguirá una espiral ascendente por todo el país.

 

¿Un callejón sin salida?

Con pocas excepciones, éste ha sido el esquema seguido hasta ahora, y hay poca razón para creer que no se repetirá. La escalofriante verdad es que Estados Unidos ya está atrapado, al haber asumido repetidamente el rol que más nos quieren asignar los guerrilleros: el del extranjero bruto y armado que no cesa de disparar. No les sería posible demonizarnos ante los ojos de los iraquíes comunes y corrientes si no contaran con nuestra colaboración, y hasta ahora la hemos prestado con eficiencia.

La única salida es aceptar, sin lugar a dudas, que ésta es “nuestra” invasión y que son nuestros propios propósitos egoístas los que nos motivan. Tenemos que enfrentar la verdad: pretendimos contar con un apoyo global, pero en realidad tuvimos poco respaldo desde el principio, y empeoramos eso al insistir en controlar casi todo lo referente a la invasión. El precio de salir de ahí será cargar con los persistentes costos del apoyo económico y militar necesario para la estabilización de Irak y, al mismo tiempo, renunciar al control norteamericano de los acontecimientos y de las estructuras administrativas, económicas y políticas y, en algún grado, de las militares.

Cuanto antes lo hagamos, más probable será que otros sectores del mundo intervengan y den su significativa colaboración, y mientras más esperemos, más difícil será que nos libremos algún día de la percepción global existente de que, más allá de nuestro discurso sobre la liberación, lo que en realidad nos impulsa es la arrogancia y el egoísmo.

Para muchos norteamericanos, renunciar al control de la situación en Irak puede parecer un precio demasiado terrible que pagar; pero la alternativa, una década de guerra sumada al permanente distanciamiento de la mayor parte del mundo, es muchísimo peor.-

 

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