Citar como: http://www.puertachile.cl/sociedad/2004_abortion_bush.htm

 

¿Pro-vida? Veamos sus frutos

por el Dr. Glen Harold Stassen

Publicado originalmente en inglés por Sojourners, 13 de octubre de 2004

Traducción de Felipe Elgueta Frontier, BQ

 

 

Soy profesor de ética cristiana y también cuento con una formación en estadística. Soy consecuente en mi postura pro-vida. Mi hijo David es una prueba de ello. Para mi familia, la expresión “pro-vida” tiene una connotación personal. Cuando mi esposa contrajo la rubéola en su octava semana de embarazo, decidimos no ponerle término, sino amar y criar a nuestro bebé. David es legalmente ciego y está severamente discapacitado; él es también una bendición para nosotros y para el mundo.

Yo me fijo en los frutos de las decisiones políticas más que en las palabras. Analicé los datos sobre aborto durante la presidencia de George W. Bush. No existe una fuente única para obtener esta información –los informes federales llegan sólo hasta el 2000, y muchos estados no han aportado sus datos–, pero encontré datos suficientes como para identificar las tendencias. Mis hallazgos resultaron perturbadores y contrarios a lo que sugeriría el sentido común.

El aborto estaba disminuyendo. Cuando el presidente Bush asumió su cargo, las tasas de aborto de la nación estaban en su nivel más bajo en los últimos 24 años, después de una disminución del 17.4% durante la década de los 90. Esto corresponde a una disminución promedio de 1.7% al año, que se concentró en los últimos años de la década (estos datos provienen de Ciudadanos Preocupados por la Vida, de Minnesota, quienes usaron los estudios del Instituto Guttmacher).

Llega George W. Bush en el 2001. Uno esperaría que la tasa de aborto siguiera su curso descendente o que incluso cayera bruscamente. En lugar de eso, ocurrió lo contrario.


Cuando el presidente Bush asumió su cargo, las tasas de aborto en
los EEUU estaban en su nivel más bajo en los últimos 24 años.
Gráfico extraído del sitio web del Instituto Alan Guttmacher

Encontré tres estados que han publicado estadísticas anuales hasta el 2003, y las tasas de aborto han aumentado en los tres: Kentucky aumentó en un 3.2% desde el 2000 al 2003; Michigan aumentó en un 11.3% en el mismo período; Pensilvania aumentó en un 1.9% desde 1999 hasta el 2002. Encontré otros 13 estados que informaron estadísticas para los años 2001 y 2002. Ocho estados tuvieron un aumento en las tasas de aborto (un 14.6% de aumento en promedio) y cinco tuvieron un descenso (4.3% en promedio).

Bajo la presidencia de Bush, la tendencia descendente que se había observado durante una década en las tasas de aborto, parece haberse revertido. Dada la tendencia registrada durante los años 90, podemos decir que en el 2002 en los Estados Unidos ocurrieron 52.000 abortos más de los que habría cabido esperar antes de este cambio de dirección.

¿Cómo es posible esto? Yo creo que intervienen tres factores:

Primero, dos tercios de las mujeres que abortan dicen que no pueden mantener otro hijo (sitio web de Ciudadanos Preocupados por la Vida). En los últimos tres años, las tasas de desempleo aumentaron en aproximadamente un 50%. Desde Hoover, nunca había habido una pérdida neta de trabajos a lo largo de un mandato presidencial, hasta que llegó la administración actual. Los ingresos reales promedio disminuyeron, y durante siete años el sueldo mínimo no ha sido reajustado para compensar la inflación. Con menos ingreso, muchas futuras madres temen tener otra boca que alimentar.

Segundo, la mitad de las mujeres que abortan dicen no tener una pareja fiable (Ciudadanos Preocupados por la Vida). Los hombres que no tienen trabajo generalmente no se casan. En el año 2002 sólo tres de los 16 estados mencionados tuvieron más matrimonios que en el 2001, y en aquellos estados las tasas de aborto disminuyeron. En los 16 estados, hubo en total 16.392 matrimonios menos y 7.869 abortos más que el año anterior. Al aumentar el desempleo en los varones, los matrimonios disminuyen y los abortos aumentan.

Tercero, las mujeres se preocupan por la atención de salud que recibirán ellas y sus hijos. Puesto que ahora hay 5.2 millones de personas más sin seguro de salud –gran parte de ellas, mujeres en edad fértil– en comparación con la situación anterior a esta presidencia, la tasa de abortos aumentó.

Los obispos católicos de EEUU advirtieron que éste podría ser el resultado si se restringía el apoyo a las familias con hijos. Mi esposa y yo sabemos –junto con nuestro hijo David– que los médicos, las enfermeras, los hospitales, el seguro médico, la educación especial y el empleo de los padres, son cruciales para un niño especial. David asistió a la Escuela para Ciegos de Kentucky, así como a varias escuelas para niños con parálisis cerebral y otras discapacidades. También se integró a cursos regulares en escuelas públicas. Tenemos otros dos hijos y cinco nietos, y sabemos que cada madre, padre e hijo necesita del apoyo familiar y público.

¿Qué nos dice esto? La política económica y el aborto no son temas separados; juntos constituyen un solo imperativo moral. La retórica es hueca, como un metal que resuena, si no hay atención de salud, seguro médico, trabajo, cuidado infantil y un sueldo que alcance para vivir. Pro-vida en acción, no sólo palabras, significa tener políticas que aporten empleo, seguros de salud y apoyo para las futuras madres.-