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Foto: Confidencial, Nicaragua       

Desigualdad en América Latina y el Caribe:
¿Ruptura con la historia?

por el Banco Mundial, 7 de octubre de 2003

 

 

El informe del Banco Mundial

Diferencias étnicas

Una larga historia

Las necesarias reformas

 

El informe del Banco Mundial

Para poner fin a la prolongada historia de desigualdad en la región de América Latina y el Caribe, un nuevo estudio realizado por el Banco Mundial propone la necesidad de que las naciones emprendan profundas reformas de las instituciones políticas, sociales y económicas, mejoren el acceso de los pobres a servicios y bienes básicos –en especial la educación–, entreguen transferencias de ingresos a las familias pobres y apliquen políticas públicas específicas para ayudar tanto a los indígenas como a los afrolatinos.

Desigualdad en América Latina y el Caribe: ¿ruptura con la historia?, cuyo lanzamiento se lleva a cabo hoy en esta ciudad, es el principal estudio de investigación anual del Banco Mundial sobre América Latina y el Caribe. Este documento analiza los motivos de la persistente desigualdad que aflige a la región, identifica de qué manera ésta obstaculiza el desarrollo y propone formas para lograr más equidad en cuanto a la distribución de la riqueza, el ingreso y las oportunidades.

“América Latina y el Caribe es una de las regiones con mayor desigualdad en el mundo”, según David de Ferranti, Vicepresidente para América Latina y el Caribe del Banco Mundial, quien junto con Guillermo Perry, Francisco H.G. Ferreira y Michael Walton, dirigieron al equipo que elaboró el informe. “América Latina es altamente desigual en cuanto a ingresos y también en el acceso a servicios como educación, salud, agua y electricidad; persisten además enormes disparidades en términos de participación, bienes y oportunidades. Esta situación frena el ritmo de la reducción de la pobreza y mina el proceso de desarrollo en sí”.

De acuerdo con la información recabada por los investigadores, el decil más rico de la población de América Latina y el Caribe se queda con el 48% del ingreso total, mientras que el decil más pobre sólo recibe el 1,6%. Por su parte, en las naciones industrializadas el decil superior recibe el 29,1% mientras que el decil inferior recibe el 2,5%. Los investigadores usaron también el “índice de Gini” para medir la desigualdad en la distribución del ingreso y el consumo y descubrieron que, desde la década de los setenta hasta la de los noventa, la desigualdad en América Latina y el Caribe fue superior en 10 puntos respecto de Asia; en 17,5 puntos respecto de los 30 países de la OCDE y en 20,4 puntos respecto de Europa oriental.

Indicadores de desigualdad en Italia, Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica.

Fuente: Banco Mundial

Los datos muestran que la inequidad en el país menos desigual de la región (Uruguay) es superior respecto al país más desigual de Europa oriental y los países industrializados. En promedio, la desigualdad del ingreso ha tendido a empeorar en la región aunque las experiencias son variadas; algunos países con relativa igualdad, como Argentina, Uruguay y Venezuela, han experimentado aumentos en la desigualdad; el primero en forma drástica. Por el contrario, Brasil, históricamente el país con mayor desigualdad de la región, experimentó una leve pero significativa mejora, al igual que México, país que parece haber mejorado un poco su situación.

 

Diferencias étnicas

El informe destaca que la raza y la etnia son los factores que determinan en forma más permanente las oportunidades y el bienestar de los individuos de esta región. Tanto los indígenas como los afrolatinos viven “en considerable desventaja respecto de los blancos”, según el informe, puesto que son éstos últimos los que reciben los ingresos más altos de la región. El estudio se centra en siete países (Brasil, Guyana, Guatemala, Bolivia, Chile, México y Perú) y revela que los hombres indígenas ganan entre 35-65% menos que los hombres blancos; la disparidad entre mujeres blancas y mujeres no blancas es similar. En Brasil, por ejemplo, las mujeres y los hombres de ascendencia africana ganan alrededor del 45% de los sueldos de sus contrapartes blancos.

En tres países donde las categorías étnicas y raciales revisten gran importancia, como Guatemala, Bolivia y Brasil, más del 50% de los hogares encabezados por hombres o mujeres blancos tienen acceso a alcantarillado, en comparación con el 30% de los hogares encabezados por hombres indígenas y el 37% de aquellos encabezados por mujeres indígenas. Entre los brasileños, el 50% de los hogares encabezados por mujeres blancas tiene alcantarillado, contra el 40,5% de hogares encabezados por hombres no blancos y el 45,1% de aquellos encabezados por mujeres no blancas. En toda la región, la parte inferior de todas las escalas de distribución de activos la ocupan las mujeres y las personas de origen indígena o africano.

En contraste con la brecha permanente relacionada con las diferencias raciales y étnicas, América Latina sí ha experimentando avances en cuanto a acortar la disparidad de género en relación con el ingreso y la educación. En gran parte de la región, las niñas y las jóvenes están en realidad superando a los niños y jóvenes en términos de logros educacionales.

 

Una larga historia

El problema de la desigualdad es a la vez profundo y complejo. El equipo de investigadores del Banco Mundial recabó datos de 20 países utilizando encuestas domiciliarias con una cobertura de 3,6 millones de personas y revisó además una vasta cantidad de estudios económicos, sociológicos y políticos sobre desigualdad en América Latina. Los investigadores descubrieron que la desigual distribución de los recursos que hoy caracteriza a la zona sigue un patrón determinado según los diferentes rasgos que tomó la colonización europea de la región.

Según el informe, tal como en el antiguo período colonial, hoy también son los grupos de élite los que dan forma a las instituciones y las políticas públicas para favorecer en primer lugar sus propios intereses. Un ejemplo de ello es que los países de la zona no lograron niveles altos de alfabetismo sino hasta bien entrado el siglo XX. El bajo nivel de apoyo prestado a la educación primaria contrasta con el generoso financiamiento que recibieron las universidades, donde se educaban los hijos de los grupos dominantes. Por otra parte, un rasgo característico es la debilidad de las instituciones políticas de la región y, si bien la transición a regímenes democráticos vivida por muchos países ha impulsado importantes avances, los patrones de influencia siguen siendo altamente desiguales y aún existe una tradición de clientelismo y patronazgo, a pesar de las prácticas electorales a nivel nacional y local.

 

Las necesarias reformas

Para hacer frente a las profundas raíces históricas de la desigualdad en América Latina, además de los poderosos intereses económicos, políticos y sociales que la sustentan y que persisten hasta hoy, el informe del Banco Mundial destaca las siguientes cuatro amplias áreas de trabajo en torno a las cuales se deben unir los gobiernos y la sociedad civil con el fin de romper con este destructivo patrón:

- Construir instituciones políticas y sociales más abiertas, que permitan tanto a los grupos pobres como a los subordinados, por ejemplo a indígenas y descendientes de africanos, lograr mayores niveles de protagonismo, participación y poder en la sociedad.

- Asegurar que las instituciones y las políticas económicas procuren mayor equidad, a través de una sólida gestión macroeconómica e instituciones equitativas y eficaces para resolver los conflictos, que eviten las enormes redistribuciones regresivas que se producen en situaciones de crisis y que permitan ahorrar en los “tiempos buenos” para mejorar el acceso de los pobres a las redes de protección social durante los “tiempos malos”.

- Aumentar el acceso de los pobres a los servicios públicos, especialmente educación, salud, agua y electricidad, así como el acceso a tierras cultivables y a servicios rurales para que los pobres mejoren la productividad, además de fortalecer los derechos de propiedad de los pobres en las ciudades.

- Reformar los programas de transferencia de ingresos de modo que lleguen a las familias más pobres, incluyendo el uso de medidas que condicionen la asistencia de los niños y niñas a la escuela y a los consultorios de salud, a fin de mejorar la capacidad de generar ingresos durante todo el ciclo vital.

“El factor clave para reducir la desigualdad en América Latina es emprender una reforma institucional”, dice Guillermo Perry, el Economista en Jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, y coautor del estudio. Según este economista, “para superar la desigualdad que socava los esfuerzos que hacen los pobres por salir de la pobreza, éstos necesitan ejercer mayor influencia en las instituciones políticas y sociales, lo que incluye a instituciones y servicios públicos, de salud y de educación. Para permitirles lograr esa influencia, las instituciones deben ser totalmente abiertas, transparentes, democráticas, participativas y fuertes”.

El Banco Mundial

Perry y sus colegas que dirigieron el estudio - Francisco H. G. Ferreira y Michael Walton - concluyeron que el éxito en cuanto a “romper la larga trayectoria de desigualdad en América Latina” depende “de un fuerte liderazgo y la creación de amplias coaliciones” con el fin de lograr avanzar en la primera área de trabajo, a saber, movilizar “el protagonismo político de los gobiernos progresistas y de los pobres”.-

 


Más sobre el informe:

Desigualdad en América Latina y el Caribe: ¿ruptura con la historia?
en Banco Mundial, 7 de octubre de 2003