El apoyo de EE.UU. a Israel es clave para entender la ira islámica.

Las razones del rencor musulmán
por KATHERINE BÄUERLE EWERT

Publicado originalmente en El Mercurio, 27 de septiembre de 2001


El mundo islámico resiente la presunta indiferencia de EE.UU. hacia sus problemas.

Un imperio poderoso como pocos a lo largo de la historia. Inalcanzable en su vigor económico, político y militar, irrefrenable en su influencia cultural, Estados Unidos ciertamente no carece de detractores en el mundo entero.

Pero, ¿qué hace que ese malestar se manifieste de manera particularmente violenta desde sectores del mundo musulmán? ¿Qué cuerda política o cultural se siente tan vulnerada allí por la maquinaria norteamericana como para derivar en una ira tal como la demostrada el pasado 11 de septiembre por supuestos terroristas musulmanes?

Como en ninguna otra parte, es en el mundo islámico donde el resentimiento hacia Estados Unidos y su política exterior - marcada por la natural arrogancia de superpotencia- pesa tanto.

La animosidad contra el "enemigo" occidental que representa Estados Unidos, y que hoy puede observarse en las manifestaciones en Afganistán y Pakistán, tiene un innegable trasfondo histórico.

"Para muchos musulmanes, sin importar su pensamiento político, Estados Unidos ha reemplazado a la Europa colonialista como la representación del mal. Desde su punto de vista, EE.UU. es la fuente de todos los males que ha sufrido su mundo desde la segunda mitad del siglo pasado", afirma a "El Mercurio" Marius Deeb, profesor de estudios del Medio Oriente de la Universidad Johns Hopkins.

El mundo islámico es poseedor de una cultura antigua y orgullosa, la cual, sin embargo, durante el siglo pasado cayó bajo la fuerte influencia occidental.

Bernard Lewis, el reconocido historiador del Islam, interpretó así los resultados de tal influencia: "Para innumerables personas en el Medio Oriente, los métodos económicos occidentales trajeron pobreza, las instituciones políticas occidentales trajeron tiranía, al mismo tiempo que las prácticas bélicas occidentales trajeron derrotas".

Así, no resulta extraño que en décadas recientes surgiera una retórica que presenta a Estados Unidos como el epítome de todos los estragos que Occidente habría causado.

En la práctica, este discurso es el que han utilizado grupos terroristas como el de Osama bin Laden para respaldar sus acciones violentistas. Pero no se trata de un discurso limitado a estos grupos. La cultura popular árabe, así como muchos intelectuales, también dan cuenta del resentimiento contra una superpotencia que ven como agresiva, manipuladora y subyugadora del mundo musulmán.

 

Política exterior

Según Marius Deeb, existen dos razones claves que apuntan a la política exterior norteamericana y que explican la creciente frustración y molestia en un mundo islámico que abarca a mil millones de fieles, de los cuales un tercio vive en el Medio Oriente.

"Primero, está el histórico apoyo de EE.UU. a Israel desde su creación. Y más recientemente, durante la Guerra del Golfo Pérsico, el despliegue de tropas norteamericanas en Arabia Saudita, que contraviene una costumbre que data del siglo VII d.C. y que prohíbe la presencia de infieles cerca de los principales lugares sagrados del Islam", sostiene Deeb.

A estos factores se suman otros no menos importantes. Entre ellos está el desencanto popular con muchos regímenes árabes seculares y pro norteamericanos. Gobiernos como los de Arabia Saudita, Kuwait y Egipto son considerados poco democráticos y corruptos por muchos musulmanes que ven cómo Estados Unidos los respalda en aras, acusan sus detractores, de mantener bajos los precios del petróleo y de garantizar la supervivencia del Estado de Israel.

La situación de Irak es otro tema ineludible. Desde la Guerra del Golfo en 1991, Estados Unidos ha mantenido férreas sanciones económicas contra Bagdad, así como una prohibición de vuelos sobre buena parte de Irak.

Muchos en el mundo islámico consideran esta represión excesivamente severa y particularmente cruel para los niños iraquíes, muchos de los cuales han muerto o sufrido como consecuencia de la falta de alimentos y medicinas.

La globalización de la cultura norteamericana, con su impronta considerada invasiva y liberal, tampoco escapa de esta realidad: en muchas regiones se ve este fenómeno como una influencia corrosiva que socava los elementos de la civilización tradicional islámica.

Si el antagonismo musulmán hacia Estados Unidos y sus políticas forma parte realmente del "choque de civilizaciones" que predijo Samuel Huntington en la pasada década puede ser aventurarse demasiado. Pero esto no impide que algunos intenten pintarlo así.

Para Marius Deeb eso queda claro al ver a Bin Laden, "el mayor fanático de la teoría huntingtoniana. Buscando provocar una represalia norteamericana que no distinga a los musulmanes fundamentalistas de los otros, él lograría su victoria suprema: que el mundo islámico realmente crea en el choque de las civilizaciones".