Mujeres del islam en Chile Publicado originalmente en El Mercurio, 10 de septiembre de 2001
Para que puedan ser entrevistadas, deben contar con la autorización de sus maridos o de los padres si se trata de una menor de edad. "Las mujeres no están acostumbradas a salir en los medios", explica Mohamed Rumie, imán de la mezquita As Salam. Dos días después, el encuentro se realiza allí mismo. Gianinna Backit, educadora de párvulos formada en la Universidad Católica, 40 años, trae a su hija menor. En la casa quedaron las dos mayores, nacidas en su primer matrimonio, cuando aún era cristiana. Nieta de palestinos, hoy está casada con un musulmán. "Mi conversión al Islam nada tuvo que ver con mi actual esposo, aunque es musulmán; se produjo antes. Cuando lo decidí fue como abrir una ventana que me abrió un horizonte". El pañuelo en la cabeza lo usa sólo para venir a la mezquita, porque no quiere llamar la atención en la calle ni en el colegio católico donde trabaja, "aunque allá nunca me han puesto problemas por mi religión". Después del atentado terrorista, eso sí, "algunos colegas me dijeron que llamara a Bin Laden, una broma pesada; pero tengo tanta paz interior que nada me toca". Para ella, ser musulmana es estar con Dios, "desde que abres los ojos y le agradeces por estar despierta". Cuando se le pregunta si no se siente muy sometida a su marido, se sorprende. "Dentro del Islam tenemos los mismos derechos. Es más, las mujeres no cargamos bolsas. Nos regalan joyas, porque el oro es para embellecer a la mujer, ellos usan argolla de plata". Pero la modernidad no ha borrado totalmente la separación de papeles. "La educación de los niños sigue siendo más que nada responsabilidad nuestra y la mantención de la familia, deber de ellos. Y si trabajamos, uno decide qué hacer con su sueldo". Señala otras diferencias: "A los hombres les hacen la circuncisión cuando niños, por higiene, y deben venir a la mezquita los viernes, mientras la mujer sólo lo hace cuando puede. En caso de invitación a comer, los hombres cocinan y sus esposas ayudan - o al revés- , pero después se sientan aparte, porque nosotras tenemos nuestros temas de conversación y ellos, otros". No cree en la amistad masculino-femenina. "Para que dos mujeres se hagan amigas, tiene que haber una cierta química.. Si ésta se da con un hombre que no es el novio ni el marido, es peligroso". Llegar virgen al matrimonio es un valor, pero quien se casa con una separada tiene mayor recompensa, "porque acoge a una mujer sola". "El Islam puede aceptar que el hombre tenga hasta cuatro esposas, pero tiene que darles a todas el mismo trato, lo que me parece más honesto que tener amantes. Pero hoy la poligamia no se da casi nunca". Andar tapada de pies a cabeza, como las imágenes de las afganas que muestra la televisión, tampoco es una obligatoriedad. "He viajado al Medio Oriente y he visto de todo. Damas de negro cubiertas enteras y otras normalmente vestidas; pero siempre con recato, para no provocar a los hombres. Si voy a mostrar lo mío, se lo muestro a mi esposo. Incluso, cuando rezamos en la mezquita, ellos rezan abajo y nosotras arriba, para no distraerlos". Como muchas otras musulmanas, no usa trajebaño. En el mar se baña con bermudas y polera larga. Verónica Martínez, dueña de casa, 35 años, casada con comerciante sirio, dos hijos, conoció a su marido en su almacén; ella trabajaba en una casa. "Por él me hice musulmana, ¡me habló cosas maravillosas! Comencé a venir a la mezquita y me presentó gente muy linda". Se casaron a los tres meses en la mezquita, con mucha gente, una gran fiesta - "aunque sin baile"- y con ella vestida de novia. El novio le entregó la dote: "Podría haber sido hasta un anillo de lata, pero fue dinero; lo invertí después en el negocio" Dice que nadie le ha dicho algo desagradable a raíz del atentado. Aún no ha ido a La Meca, pero ya conoce a los parientes de él en Damasco. No le costó dejar de comer cerdo ni tomar alcohol, vetados en el Corán. Una prohibición que está lejos de afectar a Alejandra Oliva, 15 años, segundo medio en un colegio mixto. "Ahora no me siento presionada para tomar en las fiestas. Tampoco para dejar de ser virgen; la mayoría de las niñas pierde hoy su virginidad a los 14". Ella, a los 13, pasaba siempre por la calle de la mezquita, hasta que decidió entrar. Salió convertida al Islam. "Siento como que Alá me escogió". Sus padres, que son católicos, no se opusieron, pero su hermano de 18, cuando la ve rezando en su dormitorio, le dice que está loca. Ella no sólo cumple con el ayuno en el mes del Ramadán, sino en otras fechas. "Sobre todo ahora, para que no haya guerra". Estaba en clases cuando fue el atentado. "Una galla entró para avisarnos. Dijo que los culpables eran los palestinos. No le creí. Me fui a la sala de videos y vi todo en la televisión. Algunos me dijeron musulmana terrorista, y a mí me corrían las lágrimas por las muertes y lo que podía pasar después". Quiere casarse con un musulmán, "entregarme pura a mi esposo para hacerlo feliz y darle hijos. Entonces andaré permanentemente con velo, no como ahora, que lo uso sólo en la mezquita". Dawlet Shouman, en cambio, esposa del embajador de Egipto, 49 años, pintora, anda con su cabeza descubierta y se viste como cualquier occidental. Hace un mes que llegó a Chile, con su marido y dos hijos. La noticia del atentado la sorprendió en la Universidad Católica, mientras acompañaba a su hija. "Vi mucha pena en la gente y también nosotras estuvimos muy tristes. ¿Por qué matar así? Se hablaba de terroristas musulmanes y nosotros, como musulmanes, lo único que queremos es la paz en el mundo". Proviene de familia islámica, igual que su marido, con quien se casó hace 22 años. Son parientes, y sólo se enamoró de él... después del matrimonio. Las egipcias, dice, no se diferencian mucho de las occidentales. "Nosotras vamos a la mezquita los viernes y ellas, a misa los domingos, pero adoramos al mismo Dios. Algunas de nosotras usan velos, pero muchas otras no, aunque todas somos más conservadoras". Ambas, dice, se casan, tienen niños en su gran mayoría y viven los mismos problemas. Muchísimas van a la universidad y ocupan altos cargos. Pero hay prohibiciones de la religión católica que para ellas están permitidas, como el uso de anticonceptivos, el aborto terapéutico, el divorcio y que el marido lleve a la casa otra esposa. "Es algo raro, porque con una ya es bastante. Por lo general, pasa en los matrimonio en los que la esposa está enferma o no puede tener hijos". Reza cinco veces al día, donde quiera que esté, hasta en los aviones. "Tal como cualquier cristiana que se persigna ante las iglesias". Lo mismo hace la señora del embajador de Marruecos. Pero como no siempre puede ir a la mezquita, para sus oraciones ha destinado una pieza de su residencia. Asma Lambrabet, 40 años, médico (actualmente ejerce su carrera en el Hospital Calvo Mackenna, ad honorem), destaca que ella lleva el apellido de su padre, "porque el Islam nos permite conservar el nuestro de soltera y no ser la señora de..., lo que ha llevado a las europeas, que no pueden hacer lo mismo, a luchas feministas". Integrante de una familia de seis hermanos, tiene un solo hijo, de 18 años. Toda su familia es musulmana. Sostiene que en el Islam la mujer tiene derecho a elegir su futuro marido y nadie la puede obligar a casarse con alguien que no quiere. "Ése es un mito". También que los niños de familias musulmanas estén obligados a seguir la religión islámica. Joumane Khaddage, cónsul del Líbano, 28 años, soltera, hija de padres profesores y con cinco hermanos, estudió en un colegio de monjas Carmelitas, "lo que me permitió entrar a otras iglesias y entender otros credos", antes de ingresar a la universidad para seguir Ciencias Políticas y la carrera diplomática. "Chile es mi primer destino y mis padres me empujaron para que me viniera", confiesa. Aunque optó por el Islam desde pequeña, sólo a los 17 años experimentó la presencia de Dios: "Estaba en mi casa, a punto de dormirme". Desde ese día y aunque no va con mucha frecuencia a la mezquita, se siente siempre en contacto con Él. Asma explica que el creyente debe observar cinco preceptos que establece el Corán: Ser testigo de que Dios es único, y Mohammed su último profeta. Rezar cinco veces al día en dirección a La Meca. Pagar el impuesto purificador (2,5% de las ganancias en el año), que hay que repartir entre los necesitados. Ayunar en el mes de Ramadán. Peregrinar a La Meca, allí está la mezquita con la piedra negra donde oraba el profeta Abraham. "Nuestro culto es sin imágenes y la comunicación con Dios, directa. No hay clero en el Islam, sólo gente que estudia mucho el Corán y puede orientar a los demás; los llamamos imanes". Mujer: edad de oro - Aquí hay una visión muy distorsionada, que entregan los medios y el cine, de los musulmanes. La civilización islámica ha dado mucho a Occidente en las ciencias, el arte, la música, la medicina; la palabra álgebra, por ejemplo, es un término de origen árabe, que viene del matemático Al Yaber. Asma resalta: "Cuando Occidente estaba en la Edad Media, la musulmana vivía la de Oro, y ahora se habla de ella como algo bárbaro y retrógrado. En cuanto a su concepción de la mujer, Joumen advierte que el Islam ha asegurado muchos de los derechos humanos femeninos fundamentales. "Hay un versículo del Corán que dice que ella es igual al hombre y quien hace la diferencia no es creyente". Asma agrega que el profeta Mohamed fue el primero que otorgó el derecho a voto a la musulmana, en el siglo VI después de Cristo. "Quien escribió los dichos del Corán, que han dado la esencia a la historia del Islam, fue una mujer: Aicha, la esposa del profeta. Otra mujer importante en el Corán es la Virgen María o Mariam, en árabe. "El Corán dice que será la primera que va a entrar al Paraíso". También ha desempeñado un papel fundamental en el mundo académico. La primera universidad en Marruecos, "y tal vez en el mundo entero", fue creada por una mujer, en el siglo X. "Las musulmanas que vemos en televisión, sometidas y sin derechos, son minoría y los regímenes que les imponen esas reglas no han entendido nada del Islam, sólo siguen sus instintos misóginos culturales". Después del atentado terrorista, que lamentan, sienten haberse sentido víctimas de acusaciones injustas y hasta de chistes de mal gusto emitidos por radio y televisión. Dice Joumane: "Cuando se refieren a los terroristas como los seguidores de Alá, nos están tratando como a una secta. Si relacionan el terrorismo al Islam, me parece que están haciendo la amalgama del terrorismo con el cristianismo y el judaísmo al mismo tiempo. Porque el Islam es la continuación de las religiones monoteístas, y ser musulmán es ser cristiano y judío al mismo tiempo, creyentes del mismo Dios".-
Artículos relacionados: Asma Lambaret: Simplemente musulmana en La Tercera, 9 de junio de 2001
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