La campaña contra el Islam y la
política exterior norteamericana Publicado originalmente como Traducción al español por Jaffar Ali.
Los orígenes de la campaña anti-islámica La campaña en los Estados Unidos Influencia en la política exterior de los EEUU
Introducción La lógica indica que a causa de que los musulmanes incluyen un quinto de la población mundial, los norteamericanos querrían establecer relaciones amistosas con los países musulmanes, desde Indonesia hasta Marruecos. Lo que vemos, en cambio, es una campaña dirigida contra el resurgimiento de movimientos islámicos a lo largo del Oriente Medio. La mayoría de los comentaristas ignoran las distinciones entre los muchos movimientos islámicos y asumen que el conflicto entre un Islam que resurge y el Occidente es una clásica profecía autocumplida. Los organismos de aplicación de la ley deberían tratar a la violencia contra gente inocente como actos criminales, y de hecho lo hacen. No hay bases sólidas para que la religión de los perpetradores sea un asunto relevante. La cristiandad en su conjunto no se convirtió en el punto central en el espantoso desastre de Waco, Texas, ni en el atentado de la ciudad de Oklahoma. El judaísmo no fue el punto central cuando Baruj Goldstein asesinó a veintinueve palestinos que rezaban en la mezquita de Hebrón. El Islam no debería ser el punto central cuando un acto de violencia es cometido por musulmanes. Las creencias individuales pueden, desde luego, en todos los casos, ser relevantes en lo referente a la motivación. A medida que desapareció la Guerra Fría, la visión de algunos guerreros fríos hacia el Islam cambió. Samuel Huntington, de Harvard, en su muy citado ensayo "El choque de las civilizaciones", aceptó que en el Oeste "deberemos adaptarnos" a civilizaciones "cuyos valores e intereses difieren significativamente" de los nuestros. Esta "adaptación", sin embargo, consiste en prepararse para el conflicto manteniendo una "superioridad militar norteamericana, particularmente en el Este y Sudeste de Asia" (el corazón del territorio del Islam) [2]. La visión del mundo de Huntington contrasta notablemente con la de uno de los más importantes intelectuales del Islam moderno, Hasan Turabi, quien dijo casi al mismo tiempo: "Aquellos que gozan de ventajas bajo el actual orden mundial en cuanto a relaciones económicas, en las Naciones Unidas, en tecnología y en armamentos, verán que el Islam constituye un desafío porque busca justicia... Los musulmanes no permitiremos que el mundo sea moldeado en un patrón, una forma de democracia, una forma de sistema económico ... En el interés de la humanidad deberíamos tolerar más pluralidad, libertad y diversidad y, a través del diálogo y la interacción, buscar tanta coherencia y coexistencia como sea posible" [3].
Los orígenes de la campaña anti-islámica Aquellos líderes en el Oriente Medio que se sienten amenazados por movimientos islámicos indígenas, especialmente en Argelia, Túnez, Egipto e Israel, promocionan enérgicamente en Occidente la preocupación por la "amenaza islámica". El régimen que enfrenta la más sombría amenaza es Argelia debido a que anuló las primeras elecciones libres en la historia del país en enero de 1992 para impedir que el Frente Islámico de Salvación (FIS) llegara al poder. Las democracias occidentales aceptaron tácitamente esta acción flagrantemente antidemocrática. El resultado ha sido la más sangrienta guerra civil en la historia árabe moderna, con más de treinta mil muertos hasta mayo de 1995. El miedo común a los movimientos islámicos radicales ha producido una cooperación sin precedentes entre gobiernos. En enero de 1995, dieciocho ministros del interior de la Liga Árabe se reunieron y, a instancias de Egipto y con el fuerte respaldo de Argelia, Túnez y Arabia Saudita, acordaron delinear un "código de conducta para combatir al terrorismo". Los líderes israelíes, amenazados por los actos violentos de Hizbollah, Hamas y el Yihad Islámico, habían procurado enrolar a los Estados Unidos y Europa en la batalla contra el fundamentalismo islámico en general. Haim Baram, escribiendo desde Jerusalén, describió la posición de los líderes israelíes a fines de 1994 de la siguiente manera: "El enemigo temido y respetado es ahora el Islam: la demonización de los musulmanes es parte de la misma estrategia propagandística reservada hasta hace poco para el nacionalismo palestino. El líder del Likud, Bibi Netanyahu, está actualmente recorriendo el mundo y difundiendo el nuevo evangelio. Según Netanyahu, Arafat se ha convertido en alguien completamente carente de importancia, puesto que no puede detener la marea de radicalismo islámico generado por Irán. Es una estrategia casi ridícula ya que el propio líder del Likud describió hasta hace poco a Arafat como la principal amenaza no sólo contra Israel, sino también contra todo el mundo occidental". Netanyahu ha creado una nueva línea de razonamiento para su antigua posición de rechazo. Arafat no importa, los islamistas se despegarán de él y gobernarán al pueblo palestino, y por lo tanto toda concesión territorial carece absolutamente de sentido. Irán, irónicamente, es retratado como el Gran Satán, capaz de amenazar a Occidente con bombas atómicas. Líbano e incluso Siria experimentarán una revolución islámica muy pronto, terminará su dificultoso coqueteo con los norteamericanos e Israel retomará su status como principal activo estratégico de Occidente. Por lo tanto, la presión sobre Israel para que haga concesiones territoriales también cesará. Es increíble el número de israelíes que ya están dispuestos a inhalar este dislate... Desgraciadamente, el propio Rabin había adoptado una línea de razonamiento similar, especialmente en sus frecuentes visitas a Washington. El "peligro islámico" fue uno de los tópicos más tediosos de Rabin, y el objetivo de esta campaña era obvio. Ardiente anticomunista de la Guerra Fría durante toda su vida adulta, esperaba convencer a los norteamericanos de que Irán representa la misma amenaza que representó Moscú durante los viejos buenos tiempos [4].
La campaña en los Estados Unidos El impulso de la campaña anti islámica en los Estados Unidos sugiere que los puntos de vista pretendidos por los líderes israelíes han sido adoptados crecientemente por sus sostenedores y por otros. La campaña parece dirigida tanto a la opinión pública como a los creadores de políticas. Mortimer Zuckerman, editor en jefe del U.S. News & World Report, adoptó con entusiasmo el tema principal: "La tendencia militante del Islam está a punto de reemplazar al comunismo como principal oponente de la democracia liberal occidental y los valores que ésta venera" [5]. Fergus M. Bordewich, en un artículo sensacionalista en el Reader's Digest titulado "Una guerra santa marca nuestro camino" ("A Holy War Heads Our Way") usa los excesos violentos de los extremistas musulmanes en la guerra civil de Argelia para plantear el caso contra el fundamentalismo islámico. Al hacerlo se funda en dos de los más prominentes defensores norteamericanos de Israel: Robert Satloff, director ejecutivo del Washington Institute for Near East Policy, y Daniel Pipes, ex director del Foreign Policy Research Institute de Filadelfia. Cita a Pipes diciendo: "Los fundamentalistas no son en modo alguno sólo musulmanes "tradicionales", y los extremistas no son tan sólo "criminales". Son fervorosos creyentes. Cuando los radicales oyen que son aceptables en tanto no sean violentos, simplemente dividen sus alas política y militar. De ese modo pueden eximirse públicamente de responsabilidad por la violencia cometida por sus fuerzas subterráneas" [6]. Amos Perlmutter, profesor de ciencia política en la American University y editor del Journal of Strategic Studies, escribió en 1995: "La era pos Guerra Fría no implica un nuevo orden mundial, sino más bien un mundo lleno de nacionalismos radicales y secesionistas. La ideología del fascismo y el nazismo de los años treinta tiene su contraparte en algunos lugares en el radicalismo islámico, un movimiento totalitario, anti occidental y popular que tiene la esperanza de enseñar a los "cruzados" cristianos modernos algunas lecciones de ultra violencia. No es casual que las principales áreas permanentes de violencia constante en el mundo hoy estén instigadas por fundamentalistas y nacionalistas radicales y panislámicos ... El mundo occidental ... no puede permitir el reemplazo de una forma de totalitarismo con otra; el modelo soviético con el islámico" [7]. Steven Emerson, un autor conocido por sus puntos de vista pro israelíes, produjo el programa en PBS "Yihad en Norteamérica", transmitido el 21 de noviembre de 1994. Su centro de mesa fue el atentado en el World Trade Center y, aunque se advirtió que los extremistas islámicos son sólo una pequeña minoría de los musulmanes, el corolario del programa fue, en palabras de Walter Goodman, el crítico de televisión del New York Times, que "organizaciones musulmanas aparentemente respetables tienen lazos con los militantes que predican la violencia" [8]. Musulmanes y no musulmanes a lo largo del país protestaron contra este retrato del Islam, y el programa fue objeto de demandas judiciales. Un caso particularmente egregio fue que Emerson usó la respuesta dada por un entrevistado (el Dr. Sami al-Arian, de Tampa, Florida) a una pregunta, como respuesta para otra pregunta, cambiando de este modo su significado para hacerlo concordar con el tópico anti islámico [9]. Los dos temas principales de Emerson fueron que existe una "Internacional Islámica" que dirige una campaña de terror anti occidental y que existe una red de células terroristas islámicas a lo largo de los Estados Unidos. No pudo aportar ninguna evidencia de peso para estas alegaciones. Philip C. Wilcox Jr., coordinador del Departamento de Estado para contraterrorismo, afirmó en 1995: "Aunque existen contactos informales entre los islamistas, especialmente en el exterior, donde sus líderes encuentran refugios seguros y posibilidades de recaudar fondos, hay poca evidencia de peso acerca de una red internacional coordinada o dispositivo de comando y control entre estos grupos" [10]. Asimismo, los organismos nacionales de aplicación de la ley públicamente no han dado crédito a los alegatos de Emerson acerca de una red terrorista islámica en los Estados Unidos. En un largo artículo en The New Republic (12 de junio de 1995), Emerson reitera sus afirmaciones de que grupos islamistas radicales "han establecido elaboradas infraestructuras políticas, financieras y, en algunos casos, operacionales en los Estados Unidos" y que "el FBI ha hecho de esta red una máxima prioridad". Sin embargo, se basa en fuentes israelíes y anónimas de "ex funcionarios". No cita ni un solo funcionario en actividad de organismos norteamericanos federales o estatales de aplicación de la ley para respaldar sus acusaciones. Emerson reveló su intención al difundir estas denuncias durante las primeras repercusiones del trágico atentado de Oklahoma del 19 de abril de 1995. El 19 y el 20 de abril apareció frecuentemente en la televisión de difusión nacional dando a entender que terroristas islámicos habían sido los autores, con afirmaciones como estas: "El atentado de Oklahoma tuvo todas las señas particulares del atentado de Buenos Aires o del World Trade Center... Fue un auto bomba y fue diseñado para explotar y matar tanta gente como fuera posible. Esta no es una clase de actividad que se haya visto en suelo norteamericano antes del período de actividad terrorista islámica... El hecho es que ciertos grupos musulmanes están tratando de ocultarse tras la etiqueta políticamente correcta de que de en cierto modo están siendo arreados a campos de concentración" [11]. Afirmaciones tan irresponsables, a las cuales The Progressive llamó "intolerantes y empedernidos chismeríos", ciertamente contribuyeron al pico de episodios de hostigamiento que los musulmanes norteamericanos enfrentaron en los días siguientes [12]. En un nivel más elevado, Leslie Gelb, escribiendo para el New York Times, compartió los puntos de vista de sus interlocutores israelíes Rabbi David Harman y Yehoshafat Harkabi de que el Islam no reconoce la coexistencia como doctrina básica. "La coexistencia va contra el sentido de orden mundial del Islam" [13]. Otros escritores, que parecen fundarse básicamente en los gobiernos del Oriente Medio, permanentemente van tras Irán y Sudán. Steven A. Holmes, escribiendo desde Washington acerca de cómo "el fundamentalismo está alterando las relaciones de poder" en el Oriente Medio, reiteró las acusaciones sobre bases de entrenamiento piloteadas por Irán en Sudán y los estrechos vínculos militares y económicos entre ambos países, pero sin ofrecer evidencia específica ni razón alguna acerca de por qué dos estados musulmanes de similar perspectiva no deberían tener estrechas relaciones [14]. Muchos periodistas adoptan sin cuestionar el punto de vista oficial de los EE.UU. de que los "estados malvados" (una nueva categoría de nación) están "exportando la revolución" (nunca definida) y habitualmente ignoran por qué el gobierno israelí y ciertos regímenes árabes han provocado un descontento popular tan ampliamente difundido. Además, raramente entrevistan a los líderes de los movimientos islámicos, la mayoría de los cuales son fácilmente accesibles y a menudo educados al modo occidental. Una excepción notable es Robin Wright, de Los Angeles Times, que ha viajado extensamente y entrevistado a muchos líderes musulmanes. Sus escritos testimonian la diversidad de sus opiniones. Judith Miller, escritora independiente para el New York Times ha entrevistado a Hasan Turabi y otros. Así y todo ha escrito la madre de las generalizaciones en política internacional: "...virtualmente todos los militantes islámicos se oponen a ambos [la democracia y el pluralismo]. Son y seguramente seguirán siendo anti occidentales, anti norteamericanos y anti israelíes". Por su parte, un académico en Islam, H. R. Dekmejian, ha identificado y clasificado más de 175 sociedades "islamistas" en el mundo árabe, en términos de pragmáticas gradualistas, shiítas revolucionarias, mesiánicas puritanas y revolucionarias sunnitas [15]. En una muestra de arrogante superioridad cultural; la señora Miller escribió: "Un estado islámico como lo exponen la mayoría de sus proponentes es simplemente incompatible con los valores y verdades que los norteamericanos y la mayoría de los occidentales de hoy consideran auto evidentes". Concluye que un diálogo norteamericano con esas fuerzas islámicas es una pérdida de tiempo [16]. Destacada entre los "think tanks" que contribuyen al debate sobre la amenaza islámica es la conservadora Heritage Foundation, de Washington, que el 21 de julio 1994 discutió "la amenaza islámica al Norte de África". Entre los oradores estaba Khalid Duran, socio de Daniel Pipes, y Steven Emerson (al cual Duran ayudó en la producción de "Yihad en Norteamérica"). Pipes, que se opone al diálogo con fundamentalistas "buenos" o "malos", hizo cuatro recomendaciones para la política de EE.UU. de combate de la nueva "amenaza roja": a) enfrentar a los fundamentalistas; b) presionar a Irán y Sudán para moderar sus políticas; c) ayudar a aquellos musulmanes que se enfrentan a los fundamentalistas; y d) respaldar a gobiernos en la región que combatan al fundamentalismo, como Argelia. Pipes también comparó la lucha con la Guerra Fría, diciendo que fue el Derecho Norteamericano el que ganó la Guerra Fría enfrentando a la URSS, y puede hacer lo mismo contra el Islam [17]. Pipes aparentemente no dilucidó acerca de cómo el régimen soviético totalitario se equiparaba con los movimientos islámicos que se oponen a regímenes autoritarios. En todo caso, su posición no se distingue de la de Martin Sherman, un politólogo israelí que ha escrito acerca de "la batalla global de culturas que tiene lugar entre el Islam y el liberalismo occidental, una lucha tan poderosa como aquellas contra ... el comunismo y el nazismo" [18]. Hay interesantes coincidencias que ligan a algunos de estos individuos y grupos entre sí. Steven Emerson dijo al Washington Post que había recibido buena parte de los 325.000 dólares para financiar "Yihad en Norteamérica" de la Fundación Bradley, de Milwaukee [19]. Robert D. Kaplan, autor de Los Arabistas, un recuento pro israelí de los especialistas en Oriente Medio del Departamento de Estado, destaca en su prefacio que el libro "no podría haber sido escrito sin la ayuda financiera de la Lynde and Harry Bradley Foundation de Milwaukee, cuyos fondos fueron administrados por el Foreign Policy Research Institute", (de Daniel Pipes) [20]. Y como para oficializar el lazo entre el mensaje anti islámico de los líderes israelíes y sus amigos norteamericanos, la nueva publicación de Daniel Pipes, Middle East Quarterly, está siendo distribuida gratuitamente por los consulados israelíes en los Estados Unidos. Las voces más convincentes que refutan las generalizaciones y simplificaciones acerca de los movimientos islámicos modernos pertenecen a los propios académicos que a lo largo de los años han criticado muchos aspectos del Islam. Entre ellos el académico francés Dr. François Burgat, quien ha dicho: "Los islamistas no son más que gente que conecta el Islam con el diálogo político; por lo tanto abarcan todo el abanico desde neo fascistas hasta ultra liberales". Entre los académicos norteamericanos que han escrito y hablado ampliamente sobre el tema se incluyen John Voll (Universidad de New Hampshire), John Esposito (Georgetown), James Bill (William and Mary), John Entelis (Fordham), Richard Bulliet (Columbia), Charles Butterworth (Maryland) y Augustus Richard Norton (Boston). Sostienen que el fracaso en hacer distinciones entre los muchos movimientos islámicos y el estereotipo de los musulmanes como radicales propensos a la violencia fortalecerá a los extremistas a costa de la vasta mayoría de los musulmanes moderados y responsables. Aún más, las distorsiones y falsas representaciones de la verdadera naturaleza de los movimientos islámicos complican la aptitud del país para llevar a cabo una política exterior constructiva. Esto se evidencia en las recientes afirmaciones de líderes tan prominentes como el presidente de la Cámara de Diputados, Newt Gingrich (Republicano, de Georgia), que ha exhortado a los Estados Unidos a adoptar una "estrategia norteamericana coherente para combatir al totalitarismo islámico" [21] y el Secretario General de la NATO Willie Claes, que sostuvo que "el fundamentalismo islámico constituye ahora una amenaza tan grande para Occidente como en su momento lo fue el comunismo" [22].
Influencia en la política exterior de los EEUU La ferocidad e intensidad de la campaña anti islámica cobran el precio de la aptitud del gobierno de los EE.UU. para seguir una política flexible y constructiva hacia los movimientos islámicos. Comunicados políticos de funcionarios de los EE.UU. han ridiculizado la idea de un Islam monolítico enfrentando a Occidente, pero han dejado pocas dudas acerca de que los Estados Unidos se opondrán a que los movimientos islámicos lleguen al poder, incluso a través de las urnas. En palabras del ex Secretario de Estado Asistente, Edward Djerejian: "no apoyamos el principio un hombre, un voto, una vez" (como si los regímenes existentes permitieran las elecciones libres) [23]. La política de contenido dual hacia Irak e Irán ha sido recientemente reforzada con la ampliación de las sanciones contra Irak y la cancelación del acuerdo de Conoco con Irán. El embargo comercial total sobre Irán que el presidente Clinton anunció el 30 de abril de 1995 fue impuesto siguiendo una fuerte campaña del American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) [24]. EE.UU. apoya completamente a Egipto y Túnez en su lucha contra los movimientos islámicos indígenas, pasando por alto significativas violaciones a los derechos humanos en el proceso. Sólo en Argelia, donde los Estados Unidos aceptaron tácitamente la anulación de las elecciones por los militares, y donde son un actor marginal, se han dedicado tardíamente a un esfuerzo entre bastidores para buscar intereses comunes entre el gobierno y los líderes islámicos no violentos. El presidente Clinton consideró útil cuando visitó Indonesia el año pasado hacer su más importante aparición pública en la principal mezquita de Yakarta, y declarar que "aunque hemos tenido problemas con el terrorismo proveniente del Oriente Medio, no está intrínsecamente relacionado con el Islam, ni con la religión, ni con la cultura". Visitando Jordania poco antes, había dicho: "Norteamérica se rehúsa a aceptar que nuestras civilizaciones deban chocar. Respetamos al Islam" [25]. La administración hizo loables esfuerzos, a diferencia de los vapuleadores del Islam, para evitar escrupulosamente implicar a musulmanes en el atentado de Oklahoma. Pese a los nobles sentimientos expresados por la administración Clinton, sus acciones y su búsqueda de una comprensión mutua dejan mucho que desear. La intimidación del Departamento de Estado por medio de las incesantes voces anti islámicas ha llegado al punto de que incluso cuestiones menores como la emisión de visas se vean afectadas. El Shaikh Rashid Ghanoushi, el exiliado líder del partido tunecino An-Nahda (Renacimiento) y uno de los adalides moderados del resurgimiento islámico, fue invitado en enero de 1994 a asistir a la tercera mesa redonda anual sobre el Islam en la actualidad, patrocinado por el Comité de Estudios del Oriente Medio de la Universidad del Sur de Florida y el World and Islam Studies Enterprise, un centro de investigaciones con sede en Tampa. Estas mesas redondas, la primera con Hasan Turabi, de Sudán, en 1992, y la segunda con Khurshid Ahmad, de Paquistán, en 1993, dan a los académicos norteamericanos una oportunidad de relacionarse con intelectuales islámicos en debates, y en ambos casos hubo fuertes diferencias de opinión. Las mesas redondas merecieron altos conceptos por parte de los participantes, que incluyeron a muchos de los principales académicos norteamericanos. Los textos completos de las sesiones diarias fueron publicados y puestos a disposición para el público [26]. Rashid Ghanoushi era una elección obvia para la mesa redonda de mayo de 1994, visto los sucesos del Norte de África. Aunque Túnez lo sentenció a cadena perpetua en ausencia en 1992 (en el curso de un juicio que hasta el informe sobre derechos humanos del Departamento de Estado vio con gran escepticismo), el gobierno británico le concedió asilo político en 1993. El Departamento de Estado no pudo actuar en su solicitud de visa, y la mesa redonda de 1994 fue postergada. Tampoco pudo actuar a tiempo para la conferencia a ser mantenida en diciembre de 1994. Y, pese a reiteradas solicitudes, no ha actuado sobre el tema de la visa hasta junio de 1995. ¿Por qué la vacilación? El gobierno tunecino, según se informa, había planteado una objeción, como lo había hecho con Sudáfrica, donde Ghanoushi fue invitado en el verano de 1994. El gobierno de Mandela rechazó la objeción tunecina en nombre de la libertad de expresión, y Ghanoushi asistió a una conferencia académica allí en el verano de 1994. Si sólo Túnez había presentado objeciones al Departamento de Estado, Ghanoushi debería haber recibido su visa, como lo hizo el líder del Sinn Fein, Gerry Adams, contra la objeción del gobierno británico. Sin embargo, la oposición a Ghanoushi salió a la luz en mayo de 1994 en el periódico judío de Nueva York Forward. La nota de tapa de Lucette Lagnado se titulaba "Sheikh del terror tunecino enciende el furor en la colina. Posible futuro Ayatolá busca entrar en los EE.UU.". El periódico sostenía que Ghanoushi había "patrocinado y apoyado la acción violenta contra los norteamericanos y sus aliados y la interferencia generalizada del proceso de paz en el Oriente Medio". El artículo cita al ubicuo Daniel Pipes diciendo que Ghanoushi había asistido a conferencias en Irán y Sudán a las que "también habían ido otros clérigos radicales". Pipes comparó estas conferencias con una "suerte de Internacional Islámica donde los líderes se unen en su odio acérrimo contra Norteamérica, Occidente e Israel" [27]. El 24 de junio de 1994, la diputada [ahora senadora] Olympia Snowe (Republicana, de Maine), miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores, emitió un comunicado de prensa exhortando al Secretario de Estado Christopher a negar una visa a Ghanoushi a causa de su "amplio prontuario de actividades terroristas". La más seria oposición contra Ghanoushi, sin embargo, llegó el 29 de junio de 1994, cuando el poderoso Washington Institute for Near East Policy , engendrado por la AIPAC, editó un "centinela de políticas" escrito por Martin Kramer, director asociado del Centro Moshe Dayan para Estudios de Oriente Medio de la Universidad de Tel Aviv, y profesor visitante de Georgetown. Kramer lanzó acusaciones de "terrorismo" contra Ghanoushi (aparentemente reconociendo que no tenían sustento puesto que el gobierno británico le había concedido asilo) y centrándose en la posición anti saudita y anti norteamericana de Ghanoushi durante la Guerra del Golfo así como su oposición al acuerdo entre Israel y la OLP, al cual se dice denominó "un plan judío norteamericano abarcador de toda la región, que la limpiaría de toda resistencia y la abriría a la actividad económica y cultural judía, culminando con la completa hegemonía judía desde Marrakech hasta Kazaquistán". Kramer concluyó que "una visa para Ghanoushi sería un signo de que los Estados Unidos han sido tan confundidos por las tretas de los islamistas que ya no pueden distinguir amigos de enemigos, y no sólo en Túnez" [28]. Un profesor israelí está de este modo en la anómala posición de decir al gobierno de los Estados Unidos, en nombre de una de las instituciones más poderosas de Washington, que no debería conceder visas a extranjeros que no estén de acuerdo con las políticas exteriores norteamericana e israelí. La campaña anti islámica ha conseguido impedir un diálogo entre un importante intelectual islámico y académicos norteamericanos, pero hay en juego cuestiones mucho mayores. Los musulmanes en Norteamérica están preocupados por ser individualizados como desleales y potenciales enemigos de Norteamérica, especialmente desde la sanción de la orden ejecutiva del presidente Clinton del 24 de enero de 1995, "prohibiendo las transacciones con terroristas que amenacen con obstaculizar el proceso de paz de Oriente Medio". Este temor ha probado ser válido durante las primeras repercusiones del atentado de Oklahoma, como se apuntó anteriormente. En un ejemplo más reciente, el 28 y el 29 de mayo de 1995, el Tampa Tribune publicó sendas notas de tapa de un joven periodista, Michael Fechter, la primera de ellas titulada "Vínculos con los terroristas". Retrataba al citado Dr. Sami al-Arian con una foto del atentado a un autobús en Tel Aviv del 19 de octubre de 1994, que mató a 23 israelíes, bajo el encabezado: "Un grupo con sede en Tampa simpatiza, y algunos dicen que apoya financieramente, a los militantes [del Yihad Islámico y Hamas]. Está conducido por el profesor de la Universidad del Sur de Florida (USF) Sami Al-Arian". Los artículos "de investigación" eran en su mayor parte un refundido de las acusaciones infundadas de "Yihad en Norteamérica" y contenían numerosos errores fácticos e insinuaciones para implicar a la USF. Las principales fuentes citadas eran Steven Emerson, el periodista israelí Ronni Shaked, un investigador anónimo del Centro Simon Wiesenthal, y Martin Kramer. La acusación más irresponsable era que existía una conexión entre una mezquita local (que alberga una escuela primaria) y Hamas, puesto que la mezquita se llamaba Izzedine al-Qassam (un respetado líder musulmán muerto por los británicos en Palestina en 1935). El periódico imprimió una foto de la mezquita con su dirección, lo que produjo miedo en los niños y profesores y obligó a la comunidad islámica a contratar guardias de seguridad. Los artículos también sedujeron a activistas judíos locales. Luego de un minucioso examen de las acusaciones, la presidenta de la USF, Betty Castor, afirmó que "ninguna actividad ilegal tenía lugar" en el campus, y en respuesta a las preocupaciones de la comunidad judía, "necesitamos que la gente entienda que la universidad les da la bienvenida, pero al mismo tiempo les da la bienvenida a otros" [29]. En el plano internacional, los Estados Unidos son vistos en todo el mundo como un enemigo del Islam. Israel, Argelia, Egipto, Túnez y otros gobiernos temen justificadamente el ascenso de los movimientos islámicos que resurgen. Estos gobiernos son amigos de los Estados Unidos, y debemos tener en cuenta sus legítimas preocupaciones. Un ex embajador norteamericano altamente respetado cree que deberíamos pasar por alto las brutales medidas tomadas por Egipto, contra egipcios, en el Alto Egipto, detalladamente documentadas por Robert Fisk [30], ya que es la única manera de tratar con fanáticos [31]. Pese a lo mucho que uno pueda estar de acuerdo con ese punto de vista en un país en particular, la política de la única superpotencia mundial hacia un quinto de la población del mundo no debería estar determinada por las amenazas que otros gobiernos enfrentan de sus propios ciudadanos descontentos u oprimidos, más de lo que nuestra política debería estar afectada por las acciones de los terroristas. La aparente indiferencia del gobierno de los EE.UU. hacia el asesinato de 200.000 musulmanes en Bosnia, el ataque en Chechenia, los sucesos en Cachemira, India, la Margen Occidental y Gaza, y las medidas económicas sin precedente contra Irán, han convencido a muchos musulmanes de que los Estados Unidos son anti islámicos. El profesor James Bill agregó: "La situación es exacerbada cuando los musulmanes se ven increíblemente etiquetados como terroristas y cuando los gobiernos occidentales animan a sus aliados seculares de Oriente Medio a enfrentar a los movimientos populistas musulmanes con la fuerza bruta" [32]. El presidente Clinton ha insistido en que los Estados Unidos no son anti islámicos, pero nuestras acciones o inacciones y la renuencia a permitir el diálogo serio con intelectuales islámicos indican otro cosa. Como mínimo, el gobierno de los EE.UU. debería promover enérgicamente el diálogo con intelectuales islámicos a lo largo de todo el mundo musulmán. Estos pensadores, a su vez, deberán expresarse contra el terrorismo y las injusticias perpetradas por regímenes tanto islámicos como no islámicos, si es que tal diálogo ha de dar frutos. Para aquellos que insisten en la analogía de la nueva Guerra Fría, un periodista irlandés ha escrito: "en el apogeo de la Guerra Fría, Occidente invirtió considerable energía tratando de entender al sistema comunista y al pensamiento marxista. Pero no se están haciendo esfuerzos similares para comprender o asir al Islam... Sin diálogo sólo podrá haber enfrentamiento" [33].-
Bibliografía [1]Mary Anne Weaver, "Children of the Jihad,"
The New Yorker, 12 de junio de 1995.
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