Irak: La minoría cristiana pierde su inocencia Tolerados por Saddam; blanco de terroristas durante la ocupación por Borzou Daragahi, The Independent Publicado originalmente en inglés por Counterpunch, 24 de diciembre de 2004 Traducción de Felipe Elgueta Frontier
Para la hermana Beninia Hermes Shoukwana, el año escolar en Bagdad empezaba siempre de la misma manera. Esta monja cristiana y directora de la Escuela Hebtikar, ubicada cerca de la calle Palestina, recibía una andanada de preguntas inocentes de parte de sus alumnos, que son mayoritariamente musulmanes. “Señora directora, por qué no se viste como mi mami?”, preguntaban. “¿Por qué siempre usa el mismo traje blanco?” Este año, la edad de la inocencia ha llegado a su fin, y los comentarios de padres y estudiantes se han tornado más cáusticos que curiosos. “He sido acusada de intentar convertir a los pequeños musulmanes al cristianismo”, dice esta monja de 64 años, mostrando profundas marcas de preocupación en su frente. “Se han distribuido panfletos pidiéndole a los padres que retiren a sus hijos”. Ésta no es una feliz Navidad para los atribulados cristianos de este país. Muchas de las iglesias han cancelado sus misas de medianoche por temor a atraer la atención de terroristas. Después de vivir durante décadas en armonía con la mayoría musulmana, la antigua minoría cristiana, que incluye a los caldeos, fieles al Papa, así como a los ortodoxos asirios y armenios, está más amenazada que nunca. Una avalancha de atentados explosivos en contra de iglesias, obra de extremistas musulmanes aparentemente, ha llevado a muchos a la dolorosa conclusión de que a los cristianos se les considera del mismo modo que a las fuerzas ocupantes lideradas por Estados Unidos, sin importar lo que piensen en realidad. Ellos insisten en que son nacionalistas árabes que se oponen a la presencia norteamericana tanto como los guerrilleros de la resistencia de Faluya y Mosul. Uno de cada 10 cristianos iraquíes ha huido de Irak. Cinco iglesias de Bagdad fueron blanco de ataques durante el mes de octubre. En agosto, ataques similares mataron a lo menos a 10 personas e hirieron a casi 50 cristianos iraquíes. La pequeña iglesia del padre Saad Hanna fue atacada recientemente. Su congregación tiene ahora sólo un tercio de los miembros que tenía antes de la guerra. “La gente está aterrada por lo que está ocurriendo”, dice. “La gente ya no viene a la iglesia. La verdad es que estamos en problemas y no sabemos cómo superar esto”. Muchos cristianos iraquíes dicen que tienen terror de asistir a los servicios religiosos de Navidad este año. “Tengo miedo de los autos bomba”, dice Dinkha al-Dawoudi, un recepcionista de hotel de 48 años de edad que tiene dos hijos. “El espíritu de la Navidad realmente ha sido afectado por las condiciones de seguridad”. En el pasado quedaron los días en que los cristianos cantaban villancicos junto a sus amigos musulmanes, y los árboles de navidad definitivamente ya no se ven. De hecho, pocos iraquíes están comprando los tradicionales árboles. Mohammad Noori vendió 35 el año pasado. A dos días de la celebración, este año había vendido sólo uno. En las tres décadas que la hermana Beninia lleva como directora de esta escuela de 3.000 alumnos, ella ha visto guerras, bombardeos y el ascenso y caída de Saddam Hussein. Pero éstos son los peores tiempos, dice ella, sin poder ocultar su angustia por el destino de su país y de sus hermanos cristianos, en su mayoría caldeos, miembros de la secta nestoriana que se convirtió al catolicismo en el siglo XVI. Primero fueron los panfletos distribuidos en Mosul, su ciudad natal, durante el Ramadán, en los que se le ordenaba a las mujeres cristianas que se cubrieran la cabeza. Luego fueron los ataques de agosto y octubre contra iglesias en Bagdad. Entre las víctimas estaba una pareja joven, recién comprometida, cercana a la hermana Beninia. “Durante años, cristianos y musulmanes vivieron como hermanos y hermanas”, dice. “Hoy, los extremistas están tratando de separarnos”. Pero ella no tiene planes de dejar Irak y promete continuar sus esfuerzos por educar a los niños iraquíes y construir puentes entre las distintas religiones. Ella se ha negado persistentemente a doblegarse ante los extremistas, colocando árboles de Navidad en su escuela y haciendo que sus estudiantes canten villancicos. Ella asistirá a la misa de Navidad en su convento. “Oraré por la paz en el país”, dice.
Permanecer en Irak es un deber
La hermana Beninia ha tenido una enorme experiencia enfrentando problemas desde que el partido Baath decidió nacionalizar todas las escuelas, incluida la de Hebtikar, que era administrada originalmente por su convento. “Ellos querían obligarme a que me uniera al partido Baath, pero siempre me rehusé”, dice. A pesar que su negativa a adherirse a la maquinaria política del régimen de Saddam, ella logró mantenerse en su puesto de trabajo debido a sus habilidades organizacionales y a su popularidad entre padres y alumnos. Otro desafío fue el que surgió durante la guerra contra Irán en los años 80. Después del desorden que siguió a la caída del régimen de Saddam el año pasado, ella pasó la primavera y el verano en la Escuela Hebtikar, protegiéndola de los intentos de saqueo. “Yo no estaba armada y era vulnerable”, dice. “Pero encaraba a los ladrones y éstos huían”. Pese a los crecientes prejuicios en contra de su fe y las amenazas contra su escuela, la cantidad de padres que intenta matricular a sus hijos sigue creciendo. Actualmente se construye un anexo. Khaled Hamed Rachid, cuyas tres hijas asisten a Hebtikar, dice: “Por supuesto que tengo miedo de que los fanáticos consideren a esta escuela como un objetivo. Aun así, nunca sacaré a mis hijas de la escuela, porque su nivel de disciplina es único”. La hermana Beninia, nacida en 1940 en una aldea ubicada al norte de Mosul, ingresó a los 11 años de edad al Convento de las Hermanas Caldeas. Pero ella también se sintió atraída por el mundo de los libros y las salas de clase, e inició una carrera en educación. Ha administrado escuelas en Dohuk, en el Kurdistán iraquí, y Basora en el sur shiíta. También trabajó en escuelas de Kuwait y Dubai antes de regresar a Irak en 1971 y convertirse en directora de la Escuela Hebtikar. Cada mañana a las 7:30, sale de su residencia en el Convento de la Inmaculada Concepción, un humilde edificio de cuatro pisos, aborda un minibús y, sin acompañantes ni guardaespaldas, se dirige al trabajo. Allí se aboca a la miríada de detalles cotidianos de administrar una gran escuela, los profesores reemplazantes, los alumnos atrasados y los padres preocupados. Durante el recreo, se puede escuchar su voz amplificada por un megáfono, exigiendo orden a la ruidosa multitud de niños uniformados que salen en tropel al patio. “Manténganse en orden”, ordena la hermana Beninia Hermes Shoukwana. “No anden corriendo”. Los niños obedecen. Si las clases terminan abruptamente por un brote de violencia bélica o una explosión en las cercanías, ella a menudo se queda en la escuela hasta el anochecer, asegurándose de que todos lleguen a casa sanos y salvos. Dieciséis de sus estudiantes, en su mayoría cristianos, se han ido del país. Cada día la visitan padres desesperados que dicen estar asustados y con intenciones de dejar Irak. Ella los insta a quedarse. “Intento explicarles que, adondequiera que vayan, siempre serán inmigrantes”, dice. “Irak es como nuestra casa. Y es nuestro deber tratar de limpiar nuestro hogar”.-
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