73% de jóvenes chilenos no es practicante de alguna religión por Cecilia Gutiérrez Publicado originalmente en La Tercera, 26 de abril de 2000
Los adolescentes se sienten muy ligados a una creencia individual, la que plantean debe estar lo más alejada de la institucionalidad eclesiástica y de los dogmas. Apenas un tercio de los encuestados se reconoce como católico y, de ellos, apenas el 50% participa activamente. En tanto, en su relación familiar, el 20% se siente incomprendido.
Aunque los jóvenes
chilenos del siglo XXI le dan cada vez más importancia a las
creencias religiosas, la mayoría de ellos -el 73% para ser precisos-
no es practicante de alguna. Viven este ámbito de la vida "a
mi manera", término con el que denominan su forma de reconocer
la existencia de un Dios, independiente de la religión. Sin embargo,
son pocos los que participan activamente de las labores propias de estas
instituciones. Según explica Cristián Parker, "uno de los rasgos más marcados del cambio cultural en el inicio del nuevo milenio dice relación con una suerte de reencantamiento de la sociedad derivado del resurgimiento de expresiones religiosas y, por otra parte, con una diversificación de las expresiones religiosas populares de tipo tradicional o nuevas tendencias espirituales". Parker agrega que, aunque los jóvenes sienten una inclinación por la espiritualidad, esta no se traduce en una adhesión a las nuevas corrientes espirituales como el new age, sino más bien en un distanciamiento cada vez más de las "expresiones dogmáticas e institucionalizadas de la religión. De hecho, la mayoría se encuentra buscando formas más libres de adhesión a experiencias diversas de lo trascendente", dice. De esta forma, entre los jóvenes estudiados hay sólo un tercio -aproximado- que se inclina con más o menos fervor a las ideas y prácticas religiosas oficiales. Asimismo, hay un alto porcentaje de "disidentes religiosos", "creyentes a mi manera" o "creyentes sin religión", junto a una minoría de evangélicos.
Por otra parte, se destaca que, entre los jóvenes de sectores de más bajos recursos, hay niveles crecientes de religiosidad. Sin embargo, según el sociólogo, dicha tendencia dice relación con la posibilidad que ofrece la religión de incorporarse a un grupo social y salir de la marginación y evitar el caer en las drogas, el alcohol u otro tipo de malas influencias. En tanto, en los grupos de estratos medios y medios altos es donde se da la mayor porcentaje de disidentes y no practicantes. De acuerdo a lo expresado por Parker, esta situación se debe a que en este segmento los jóvenes quieren apartarse de la institucionalidad en general, incluyendo la autoridad social, política y religiosa. Para el sociólogo, esta tendencia entre los estudiantes se debe principalmente a la importancia que le conceden al desarrollo personal, a la visión de país, según la cual aún existen rasgos autoritarios, hace falta mayor libertad de expresión y se anhela menor censura, "todos rasgos de una personalidad antiautoritaria y en búsqueda de una autonomía personal", concluye.
La revalorización de la familia
Los estudiantes de educación media ven en ella un espacio que garantiza la seguridad sicoafectiva y material, y por lo tanto, un ambiente atractivo que difícilmente abandonan una vez que egresan del colegio. Esta revalorización de la familia, según el sociólogo, se da en este contexto: la juventud cree fuertemente en las relaciones interpersonales,los lazos familiares y comunitarios y en el que se revalorizan las creencias y prácticas religiosas. Sólo un 12 % de ellos recurre a personas que están más allá del circulo inmediato de amistades o familiares cuando lo requiere. Las cifras son concluyentes. En cuanto a la seguridad y a la comprensión, son los hombres los que tienden a sentirse más seguros en sus hogares, mientras que las mujeres se perciben como incomprendidas. Este último grupo aumenta en el estrato social con menores ingresos. En general, si bien la familia es un espacio valorado por la inmensa mayoría de los jóvenes, no todos comparten la misma experiencia de familia. La familia de los hogares de clase alta y media constituyen una protección social de primer orden, en cambio, los hogares de familias de escasos recursos ofrecen un espacio de seguridad altamente debilitado y, en ocasiones, inexistente.-
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