Reino Unido: Debate por unión de Iglesia-Estado por Beatriz Silva Publicado originalmente en El Mercurio, 18 de enero de 2002
LONDRES.- Setenta millones de anglicanos deberán encontrar en los próximos meses un nuevo pastor. George Carey, 103º arzobispo de Canterbury y máximo responsable de la Iglesia de Inglaterra, anunció que se jubila. Aunque la edad obligatoria de retiro de los "papas" anglicanos es de 70 años, Carey, que tiene 66, está decidido a cesar en octubre próximo, una vez que concluyan los festejos del 50º aniversario de la subida al trono de la reina Isabel II. "Este es un puesto muy exigente. A la vez absorbente y gratificante y creo que es el momento correcto para cesar", señaló Carey en un escueto comunicado para explicar su dimisión que ha reabierto en el Reino Unido el debate sobre la separación de la Iglesia y el Estado. George Carey ocupaba su cargo desde 1991 y entre sus principales logros se encuentra el haber ordenado a las primeras mujeres sacerdotes, una decisión que puso en riesgo de división a la jerarquía anglicana y amenazó con enfriar las relaciones con la Iglesia Católica.
Una sola estructura Fusionados desde que en 1530 el rey Enrique VIII se proclamó jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra creando su propio credo, el Reino Unido es uno de los pocos países de Occidente en el que la Fe, la Corona y el Estado son una sola estructura. Provisto de un enorme poder y riqueza, el "papa" anglicano ocupa un escaño en la Cámara Alta del Parlamento británico y tiene un rango superior al Primer Ministro a nivel institucional. Los monarcas a su vez son los jefes supremos de la Iglesia, pero necesitan la aprobación del arzobispo de Canterbury, que es elegido por el Primer Ministro, para contraer matrimonio. Una situación que a juicio de muchos no es sostenible de cara al siglo XXI. "La Iglesia anglicana se encuentra en estos momentos en un declive inexorable. Cada vez son menos los británicos que se declaran creyentes y el número de musulmanes que asisten a las mezquitas supera en el Reino Unido al de anglicanos que van a los servicios religiosos. ¿Se justifica entonces que la anglicana siga siendo la religión del Estado? dice Stephen Bates, especialista en temas religiosos del diario izquierdista "The Guardian". Según Bates, el mejor argumento para la separación es que la actual situación no refleja la realidad multicultural y multireligiosa de Gran Bretaña. "Es absurdo que sea el Primer Ministro, que no tiene por qué ser creyente ni mucho menos anglicano, el que elija al líder de la Iglesia y que el rey, que puede ser perfectamente un ateo, sea el defensor espiritual de la fe", añade. El debate promete avivar el proceso de selección del nuevo líder anglicano que comenzará en los próximos días, cuando la Cámara de los Lores declare el cargo vacante. Después se pondrá en marcha un complejísimo mecanismo que concluirá con la selección de dos candidatos que serán presentados al Primer Ministro, Tony Blair, que escogerá al que le parezca mejor aunque su decisión deberá ser ratificada por la reina Isabel
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