| Pat Robertson: Una vergüenza para la iglesia por Jim Wallis Publicado originalmente en inglés por Sojourners, 25 de agosto de 2005 Traducción de Felipe Elgueta Frontier
El lunes, Robertson llamó a asesinar al presidente venezolano Hugo Chávez. Robertson está preocupado por las críticas de Chávez al poder de EE.UU. y a su comportamiento en el mundo, especialmente porque Venezuela está asentada sobre todo ese petróleo. Sencillamente no podemos aceptar a un líder político antinorteamericano que nos pueda subir el precio de la gasolina. Así que mejor matémoslo, sugirió seriamente el famoso telepredicador. Después de todo, hacer que uno de nuestros “operativos encubiertos” elimine al molestoso líder venezolano sería más barato que otra guerra de 200 millones de dólares, dijo. Está claro que Robertson no debe haberse preguntado primero “¿qué haría Jesús?” Pero las enseñanzas de Jesús nunca han sido muy apreciadas por Robertson. Él saca su religión de alguna otra parte, de las retorcidas ideologías de un estilo norteamericano de fundamentalismo derechista que siempre ha sido más nacionalista que cristiano. Aparentemente, Robertson ni siquiera se acuerda de lo que dicen los Diez Mandamientos, pese a que él ha promovido fervientemente su exhibición en las paredes de todos los tribunales de EE.UU. Ese mandato irritante acerca de “no matar” parece descartar el asesinato de líderes extranjeros. Pero esta semana, dejando de lado lisa y llanamente la ética bíblica, Robertson virtualmente emitió una “fatwah” para el asesinato de un líder extranjero, y nada menos que en televisión. Debe haber sido la primera vez que se hace esto. Dos días después, Robertson “se disculpó”. Primero negó que hubiera dicho eso en sus declaraciones, pero estaba en videocinta (es duro cuando te graban violando los Diez Mandamientos y las enseñanzas de Jesús). Luego dijo que “eliminar” a Chávez no necesariamente implica matarlo y que talvez bastaría con secuestrar al líder legítimamente electo. Pero Robertson dice ahora que usar la palabra “asesinato” estuvo mal y que se había sentido frustrado por causa Chávez (el viejo argumento de “mi frustración me hizo decir que había que matar a alguien”). Pero lo peor de la disculpa de Robertson fue que se comparó con Dietrich Bonhoeffer, el líder y mártir de la iglesia alemana que postreramente se unió a un complot para asesinar a Adolf Hitler. El razonamiento político y teológico de Robertson es simplemente increíble. Chávez, un líder democráticamente elegido en nada menos que tres elecciones certificadas internacionalmente, ha sido una molestia para la administración Bush, pero no ha cometido ningún holocausto. Y sus antecedentes de derechos humanos tampoco se aproximan a los de dictadores latinoamericanos que han sido responsables de violaciones masivas de derechos humanos y de las muertes de decenas de miles de personas (pensemos en los regímenes militares de Chile, Argentina, El Salvador y Guatemala). Robertson nunca los criticó, talvez porque muchos de ellos fueron apoyados con ayuda e instrucción militar de EE.UU. Este incidente revela que Robertson no cree en la democracia; él cree en la teocracia. Y le gustaría que los gobiernos, incluido el nuestro, implementaran su agenda teológica, probablemente imponiendo las leyes de Levítico y “eliminando” a quienes no estén de acuerdo. La ideología fundamentalista norteamericana de Robertson le da mala fama a muchísima gente buena. Los líderes evangélicos del mundo ya han respondido con alarma e incredulidad. Las palabras de Robertson ensuciarán la reputación de otros cristianos evangélicos y pondrán a algunos en un verdadero peligro, como en el caso de los evangélicos venezolanos. La mayoría de los cristianos evangélicos conservadores están espantados por las palabras odiosas y literalmente homicidas de Robertson, y es tiempo de que lo digan. Habla bien de ellos que la Alianza Evangélica Mundial y la Asociación Nacional de Evangélicos ya hayan denunciado los dichos de Robertson. ¿Pero cuándo oiremos la voz de alguno de los grupos de la “Derecha Religiosa”, como el Consejo para la Investigación de la Familia, los Bautistas del Sur y otros líderes como James Dobson, Tony Perkins y Chuck Colson?
Las palabras de Robertson alimentan los sentimientos anticristianos y antinorteamericanos en todo el mundo. Es difícil que al gobierno de EE.UU. –que históricamente ha conspirado contra líderes de Cuba, Chile, el Congo, Vietnam del Sur y otros países– le crean cuando rechaza el llamado de Robertson a asesinar a Chávez. Pero George Bush debe hacerlo de todos modos, y en los términos más enérgicos posibles. Es tiempo de designar a Robertson por lo que es: un fundamentalista norteamericano cuyas ideas teocráticas no son muy diferentes de las que manejan los “extremistas musulmanes” a quienes ataca continuamente. Es tiempo de que los cristianos evangélicos conservadores de EE.UU., quienes no son como los fundamentalistas islámicos ni Robertson, se distancien de su peligrosa y vergonzosa religión. Y es tiempo de que los líderes cristianos de todas las tendencias llamen a Robertson no sólo a disculparse, sino a retirarse.
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