Diplomas para 20 alumnos Universitarios crean taller para ex internos por Diario El Sur, 25 de diciembre de 2005
CONCEPCIÓN, Chile
En el curso de instalaciones eléctricas participaron 20 ex internos de El Manzano como alumnos y 12 estudiantes como profesores. Tuvieron clases teóricas en la universidad y prácticas en la casa de Cercarcon, en Nonguén. “El primer día de clases llegaron felices a la universidad, les buscamos las mejores salas y ellos se sorprendieron porque tenían alfombra y la tocaban”, dijo orgulloso Aldo Vásquez. No todo ha sido fácil. El y los ex reos saben que la reinserción social es difícil “porque sus papeles están manchados y no todos creen en ellos. Muchas veces se desalientan y preguntan para qué hacen esto si nadie les va a dar una oportunidad. Cuando eso ocure, quedan con la autoestima por el suelo, pero que la universidad haya confiado les da más fuerzas para golpear puertas”, dijo el “profesor” y agregó que admira a sus estudiantes “porque realmente tienen ganas de cambiar su vida”.
El 23 de abril de 1990 se fundó el Centro Evangelístico Carcelario de Concepción. Desde esa fecha, han atendido a más de mil personas “y menos del 1% ha vuelto a delinquir”, contó su director, Josué Tardón Montecinos. El proyecto se financia con aportes de los “hermanos” y con beneficios. Hace un año contaban con una subvención de la municipalidad penquista por dos millones de pesos al año, pero fue suspendida. “Es difícil, porque los ex internos viven acá y nosotros les damos cuatro comidas diarias y además pagamos luz, agua y gas”, explicó Tardón. Hace unos años, el gobierno los subvencionó con 5 millones de pesos, monto que les permitió construir el taller de mueblería, amasandería y computación donde trabajan 20 beneficiados. Claro que el trabajo empieza antes, en el módulo 6 de El Manzano, donde están los evangélicos. Allá comienza el proceso de lograr que la persona quiera cambiar. “Es una labor silenciosa, pero trae frutos, y para eso necesitamos que las instancias gubernamentales nos apoyen”, dijo Tardón.
Dormía debajo de los puentes Cristián Alvarado Parra tiene 31 años y cayó preso por primera vez a los 14. De ahí su vida fue entrar y salir de la cárcel durante 17 años. En libertad, no alcanzó a estar más de un año y medio. Y explica: “Mi familia no me apoyó en nada. Mis hermanos y yo nos criamos en la calle, pidiendo comida y durmiendo debajo de los puentes tapados con cartones. No me quedó otra que delinquir para sobrevivir”. En El Manzano “conoció a Dios”, como él dice, y decidió cambiar. Apenas quedó libre, llegó a Cecarcon. Hoy está casado y su esposa está embarazada de dos meses, viven en una casa de acogida junto a otros dos matrimonios, y todos sueñan con poder independizarse y tener su propio hogar. Afuera, Alvarado empezó a vender empanadas a la salida de El Manzano y ahora atiende los baños de visitas allá. Está feliz con el curso de instalaciones eléctricas. “Es muy bueno porque no hay oportunidades para quienes pasamos por la cárcel”, dijo. Por eso criticó a quienes viven hablando de los altos índices de delincuencia “porque no hacen nada para dar una oportunidad, por eso yo agradezco la ayuda que me han dado los pastores, porque Dios cambia al hombre: A mí me cambió”.
La única mujer del curso “Ahora estoy feliz porque tengo una vida tranquila”, reconoció Roxana Rojas Redón (24), la única mujer alumna del taller de instalaciones eléctricas. Partió delinquiendo por las mismas razones que Cristián Alvarado: la pobreza. “Mi papá no vivía con nosotros; mi mamá trabajaba y casi no estaba en la casa; pasamos harta necesidad” Así, tuvo que pedir limosna y cuidar autos, hasta que una cosa llevo a la otra y comenzó a robar. Cuando salió de la cárcel, alguien la llevó al ministerio. Adoptó la religión evangélica y se casó con Víctor Mora Pérez (45), también alumno del curso, quien trabaja en un puesto de frutas en la Vega Monumental. Se incorporó al curso porque es la primera oportunidad que tuvo para estudiar: “Había buscado en otras partes, pero les dan prioridad a las mujeres casadas o con hijos; faltan opciones para las mujeres jóvenes”, planteó. Ahora está feliz por esta segunda oportunidad que le dio la vida. “Yo delinquí, estuve en la droga, pero Dios me rescató”. Ahora, su prioridad es optar a otros talleres para aprender un oficio y aspirar a un trabajo estable. “Este curso es entretenido y no lo encontré difícil”, dijo sonriendo.-
Para colaborar con CECARCON: Este ministerio permanentemente necesita de todo tipo de ayuda para seguir con su valiosa labor. Para hacer un aporte, puede contactarse con nuestro pastor, Carlos Gallardo. Correo electrónico: pastor@puertachile.cl
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