Cinco mil personas participaron en la “Carrera de la Memoria del Tsunami”, cuyo punto de partida se ubicó en el mismo parque desde donde partieran 3 mil competidores un año atrás. Mientras los primeros corredores cruzaban la línea de meta, el tsunami impactó la zona, ahogando a cientos de personas, incluidos corredores, jueces de la carrera y el alcalde. Azhar fue el primer atleta local en finalizar la carrera y repitió su victoria ayer. “Me siento muy triste. Muchos de mis amigos murieron aquí hace un año”, dijo. “Recorrimos un área golpeada por el tsunami. Al correr por todos estos lugares, me pongo muy triste”. Muchos de los participantes de este año no eran corredores, pero estaban determinados a recorrer caminando la ruta de 10 kilómetros. En la cercana isla de Nias, un temblor matutino de 4.3 grados en la escala Richter causó pánico entre miles de personas que esperaban al presidente Susilo Bambang Yudhoyono. Éste siguió adelante con la ceremonia navideña, entregando regalos a las víctimas del tsunami y prometiendo un aumento en la ayuda. Policías con ametralladoras resguardaban las iglesias de Banda Aceh, en el marco de las fuertes medidas de seguridad desplegadas en toda Indonesia debido a los temores ante una eventual serie de ataques explosivos por parte de los remanentes de la red terrorista Yemaa Islamiya. En una señal del creciente resentimiento ante los ataques terroristas, voluntarios de algunos grupos musulmanes de línea dura se unieron a 17 mil policías que resguardaban iglesias en Yakarta.
Los ataques explosivos que se preveían no se materializaron, pero produjeron algunas extravagantes escenas cristianas. Afuera de un hotel de cinco estrellas en Yakarta, guardias armados vestidos con trajes de Santa Claus le deseaban a las personas una “Feliz Navidad”, al tiempo que registraban los autos en busca de explosivos. Miles de extranjeros que trabajan entregando ayuda humanitaria en Banda Aceh para la reconstrucción post-tsunami, fueron advertidos de que mantuvieran un bajo perfil en sus celebraciones navideñas, y ninguna entidad benéfica cristiana realizó eventos públicos. Dos días atrás, 100 estudiantes musulmanes se manifestaron en la capital, llamando a que las entidades cristianas se retiraran, aduciendo que estaban convirtiendo musulmanes. El padre Ferdinando Severi, el sacerdote italiano de la iglesia católica de Banda Aceh, habló con desdén. “Son fanáticos. Temen que esta hermosa expresión de solidaridad mundial pueda atraer los corazones del pueblo de Aceh”. Las congregaciones de las tres iglesias y de las mezquitas han aumentado de tamaño desde el tsunami. “Ésta es una Navidad especial debido al entusiasmo y a pesar del tsunami. Doy gracias a Dios. Tienen optimismo por el futuro, por eso asistieron a la santa misa de manera multitudinaria”, dijo el padre Severi. El sacerdote pronunció su homilía de Navidad desde un púlpito rodeado de grietas parchadas. Pidió oraciones en memoria de los numerosos feligreses que murieron, leyendo una lista de nombres durante cinco minutos. “Ellos nos están mirando desde el cielo y nos están llamando a ser fieles a Dios. Podemos oírlos con nuestros corazones”, dijo. Cerca de allí, en la iglesia metodista, muchos miembros de la congregación habían regresado de Sumatra, hacia donde huyeron luego de que sus casas resultaran destruidas. Se realizaron veinte bautismos, un reflejo de la mayor concurrencia a la iglesia después del tsunami.-
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