Desafiando al Sionismo Cristiano Publicado originalmente por Sabeel.org Traducción de Felipe Elgueta Frontier Publicada también en Rebelión, 13 de mayo de 2004
El Sionismo Cristiano es un movimiento teológico y político moderno que adopta las posturas ideológicas más extremas del Sionismo y que, por ello, resulta perjudicial para una paz justa en Palestina e Israel. El programa sionista cristiano proporciona una visión de mundo donde el Evangelio se identifica con la ideología del imperio, el colonialismo y el militarismo. En su forma extrema, pone un acento en eventos apocalípticos que llevan al fin de la historia en lugar de enfatizar la práctica del amor y la justicia de Cristo vivo hoy. También repudiamos la forma más insidiosa de Sionismo Cristiano que ha penetrado en las principales iglesias y que permanece en silencio ante la ocupación israelí de Palestina. Por consiguiente, rechazamos categóricamente las doctrinas sionistas cristianas como una falsa enseñanza que menoscaba el mensaje bíblico de amor, misericordia y justicia. También rechazamos la alianza contemporánea de líderes y organizaciones sionistas cristianos con elementos extremistas de los gobiernos de Israel y los Estados Unidos que actualmente están buscando imponer sus estrategias preventivas unilaterales y su régimen militarista a otros, entre ellos Palestina e Irak. Como resultado del memorándum de entendimiento entre Bush y Sharon del 14 abril de 2004, la crisis en Israel y Palestina ha pasado a una nueva etapa de opresión contra el pueblo palestino. Inevitablemente, esto llevará a ciclos interminables de violencia y contra-violencia que ya se están extendiendo por todo el Medio Oriente y otras partes del mundo. Rechazamos las enseñanzas heréticas del Sionismo Cristiano que facilitan y apoyan estas políticas extremistas, puesto que fomentan un esquema de exclusivismo racial y de guerra perpetua en lugar del evangelio de amor, redención y reconciliación universal enseñado por Jesucristo. En lugar de condenar al mundo a la destrucción del Armagedón, llamamos a todos a liberarse de las ideologías del militarismo y la ocupación, y a dedicar sus esfuerzos a sanar el mundo. Llamamos a los cristianos de las iglesias de cada continente a recordar en oración el sufrimiento de los pueblos palestino e israelí; ambos, víctimas de las políticas de ocupación y militarismo. Estas políticas están reanimando un sistema de segregación que está convirtiendo las ciudades, pueblos y aldeas palestinas, en ghettos empobrecidos, rodeados exclusivamente por colonias judías. La reciente construcción del muro israelí en tierra palestina, hace inviable un estado palestino. Por lo tanto, nos comprometemos con los siguientes principios, como un camino alternativo (Sabeel):
Además, afirmamos que una paz justa y duradera en Palestina e Israel debe estar basada en el Documento Sabeel de Jerusalén: Principios para una Paz Justa en Palestina-Israel (2000). La visión de Sabeel contempla dos estados soberanos, Palestina y Israel, que constituirán una confederación o incluso una federación, posiblemente con otros países vecinos, en la que Jerusalén será la capital federal. De hecho, la solución ideal siempre ha sido llegar a constituir finalmente un estado binacional en Palestina-Israel, donde las personas sean libres e iguales y vivan bajo una democracia constitucional que proteja y garantice todos sus derechos, responsabilidades y obligaciones sin racismo ni discriminación; un solo estado para dos naciones y tres religiones. Ésta es la postura que asume Sabeel. Estamos por la justicia. No podemos hacer otra cosa. Únicamente la justicia garantiza una paz que lleve a la reconciliación y a una vida con seguridad y prosperidad para todos los pueblos de nuestra tierra. Al ponernos del lado de la justicia, nos entregamos al trabajo por la paz; y trabajar por la paz nos convierte en hijos de Dios. Dios requiere que se haga justicia. Es imposible alcanzar la paz, la seguridad o la reconciliación duraderas sin el cimiento de la justicia. Las demandas de justicia no desaparecerán. La lucha por la justicia debe asumirse de manera diligente y persistente, pero no violenta.
“¿Qué pide el Señor de ti? Solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”. (Miqueas 6:8)
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