Citar como: http://www.puertachile.cl/historia/2005_papa_tito.htm

 


El "mensajero de la vida" junto al "mensajero
de la muerte". Foto: CasaHistoria

Chile bajo la dictadura

El Papa que llevó una bocanada de aire fresco

por Tito Fernández Cubillos, filósofo chileno radicado en Roma

Extracto de su columna “¡Adiós Karol Papa Wojtyla!”,
diario El Saber, Tomé, 3 de abril de 2005

 

Fue un instante de tregua en donde recordamos la belleza de autodeterminarse y no tener miedo, un anuncio de que la verdad nos hace libres, un recordatorio que la justicia es una voluntad que se pone en práctica aunque cueste caro. Nos jugamos el anticipo de un sueño, eso que todavía esperamos de algún modo.

 

Ayer en la noche, en un sábado de primavera, en la plaza San Pedro en el Vaticano, miles de fieles acompañaron por dos días al Papa en su agonía. Ese gran viajero, que se preparaba para el último viaje, el definitivo, el que lo llevaría a encontrarse con Jesucristo, aquél a quién ha anunciado incansablemente en un pontificado largo, que ha visto como el siglo XX cambiaba su fisonomía y se adentraba en los tiempos posmodernos de capitalismo tardío. El Papa que se mantuvo siempre cerca de los jóvenes y los desvalidos, el que ha formó más de alguna turbulencia en el ámbito político, social e intraeclesial. El Papa Polaco, de apellido impronunciable, Juan Pablo II, el Papa enfermo, luego de un calvario duro, que no dejó a nadie indiferente, el Papa porfiado que quería estar hasta las últimas como un servidor del amor, ha muerto.

Haciendo memoria del Papa, para los chilenos generacionales, seguramente nos quedará impresa su visita como una gran bocanada de aire, en el asfixiante gris perla de los uniformes de la represión del gobierno de seguridad nacional de Augusto Pinochet (léase dictadura). Fueron días increíbles, de una libertad no vista en Chile después del advenimiento de la Junta y de una alegría que no habíamos experimentado como pueblo desde los frágiles sueños de igualdad y participación que se habían roto con el fracaso de la democracia bajo los toques de queda, las persecuciones y la democracia tutelada que hemos aprendido a tolerar a vivir. Eran días de abril de 1987, en que la gente salió a la calle a saludar al Papa, llenó estadios, explanadas, cantó y manifestó su religiosidad profunda y militante. Hicimos "bolita" y nos dimos una tregua para recordarnos que la vida pasaba por afuera de las amenazas, de la guerra interna, de la CNI o la DINA. Fue un instante de tregua en donde recordamos la belleza de autodeterminarse y no tener miedo, un anuncio de que la verdad nos hace libres, un recordatorio que la justicia es una voluntad que se pone en práctica aunque cueste caro. Nos jugamos el anticipo de un sueño, eso que todavía esperamos de algún modo.

Fue uno de los matutinos romanos donde encontré, esta mañana, una foto que me hizo recordar esos días en que vivimos con el Papa la esperanza de un Chile sin milicos, sin desaparecidos, sin tortura, sin violencia institucional. La famosa foto en el balcón de la Moneda, ésa que no estaba prevista, ésa del mensajero de la vida junto al mensajero de la muerte, como ironizamos más tarde. Y se me vienen a la boca las consignas que gritamos, los graffiti con que llenamos las paredes cercanas al Pedagógico o al Blas Cañas: “Papa Hermano, llévate al Tirano”, “Papa, Wojtyla, llévate al Gorila”... Sin poder ocultar mi emoción recuerdo la taza de té que se tomó con la gente de la Bandera, en días de cesantía, de PEM, de POJH, el abrazo sentido que le dio a cada joven, a cada mujer, a cada obrero que trató de contarle lo que se vivía en ese Chile que nos parece una pesadilla de un sueño pesado, o parte de un cuento de la Isabel Allende o de un país lejano que se murió con Gladys Marín, hace unas semanas atrás. Pero es innegable que, su visita fue un pretexto para soñar esa primavera para un País sumido en un cruel invierno.


El Papa bebe una sencilla taza de té recibida de
manos de una modesta pobladora de La Bandera.
Santiago, 2 de abril de 1987. Foto: Iglesia.cl

La vida una vez más era más que la muerte. Me recuerdo particularmente de mi Abuelita María, que salió a mirar la pasada del Papa, de camino a la emblemática Población La Bandera, por la calle Américo Vespucio: bastaron unos segundos para emocionarla, hacerla sentir que la bondad era una vía posible y renovarle el deseo de vivir en la fe los últimos años de su vida. Recuerdo claramente a tantas mujeres y hombres sencillos con sus ojos emocionados, con sus pañuelos blancos que saludaban al mensajero de la vida. Creo que fue la primera vez que me acerqué a un Carabinero sin miedo, y lo sentí persona y no como un paco re... Como Pueblo nos recordaremos de la beatificación de Teresita de los Andes, en medio de un confuso enfrentamiento en el parque O'Higgins, en donde el Papa nos recordó con voz fuerte y clara: el amor es más fuerte. Y eso fue lo que creyó hasta el día de su muerte, casualmente en las vísperas de la domenica in albis, el domingo de la divina misericordia, dimensión amada y vivida por Papa Karol.-

 

Más sobre la visita papal:

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