I. Ecumenismo: Respuestas del Papa Para muchos protestantes, la visita del Papa en varios aspectos decepcionó. Uno de ellos, talvez el más importante, es la poca apreciación y valoración respecto del trabajo ecuménico que se viene dando en Chile, especialmente después de la instauración de la dictadura. Decimos decepcionó, ya que con la inclusión de un encuentro ecuménico se habían albergado esperanzas. En ese plano, tanto las respuestas como las actitudes y discursos del Papa no consideraron que en Chile existieran otras confesiones cristianas o que otros pudieran implementar aportes en esta búsqueda. Vemos en esta actitud un desconocimiento del trabajo realizado hasta antes de la visita del Papa, especialmente porque el ecumenismo en Chile es solidario y comprometido con la suerte de los perseguidos y reprimidos. Allí se inscriben las grandes campañas implementadas en nuestro país, todas ellas que han involucrado una participación ecuménica de defensa de la vida.
Impulsos En un segundo momento, reconociendo que es propio de la tradición católica, el Papa vino y se fue, pero por mucho tiempo quedarán en nuestro medio muchos hilos que atar. Uno de ellos, y que se había expresado como preocupación de los protestantes, es el fuerte impulso que recibió el Marianismo. Es más, nos quedan fuertemente grabadas las imágenes de la coronación de la virgen ''generala'' y "patrona" de Chile, como también la beatificación de “Sor Teresa de los Andes”. En un tercer momento, habría que entender y reconocer que en Chile la visita, desde sus inicios, estuvo marcada por un significativo antiecumenismo. Tal es el caso de los gritos, los carteles, los eslóganes, etc.; todos ellos, queriéndolo o no, cinco o seis meses antes de la visita, le estaban dando al visitante categorías Cristológicas ("Mensajero de la Vida", "Peregrino de la Paz”, etc). En aquel entonces, casi nadie se manifestó preocupado por este lenguaje; por el contrario, algunos lo exageraron diciendo que era Cristo mismo quien nos visitaba (tal es el caso del P. Hasbún, comentando la llegada de Juan Pablo II en el aeropuerto de Pudahuel en televisión). Entonces, con una Iglesia Católica chilena que lleva adelante una campaña de preparación para el visitante con esos ribetes, talvez se pueda entender un poco esta actitud del Papa en nuestro país.
Como protestantes, nos quedan dudas, preocupaciones y muchas interrogantes, las que tienen que ver con el testimonio común de unidad y acerca de qué va a pasar o cómo va a quedar el trabajo ecuménico que se hace necesario en Chile. ¿Es posible y beneficioso seguir agotando esfuerzos y recursos en búsquedas y promociones más humanas para la convivencia fraterna y reconciliada en nuestro país?
Es por muchos conocido que el sexismo es una realidad que separa a hombres y mujeres y que, en base de ello, se ha desarrollado una ideología que llamamos patriarcado, la que marca una subordinación de la mujer al hombre. Evidentemente el Papa no planteó este problema, no lo reconoció públicamente, aunque lo reconoce a nivel personal.
El modelo de mujer
Cuando le habla a las mujeres de Chile, las remite a un modelo tradicional, la Virgen María, lejana y con cualidades que no aportan para el desarrollo de una nueva identidad de mujer. A cada mujer llama a "hacer de cada hogar un remanso de paz y una fuente de alegría cristiana", "a ser esposas, hijas y hermanas ejemplares". ¿Qué les dice este mensaje a las compañeras pobladoras que por la cesantía han tenido que salir a hacer "ollas comunes"? ¿A las que trabajan por los Derechos Humanos, por los comités de salud, y tantas otras formas de lucha que la mujer está dando hoy en Chile? ¿Mujeres que están dando su tiempo, amor, capacidad, para hacer hogares, pero amplios, colectivos, cálidos para y con aquéllos que no tienen nada? Otro aspecto que, como cristianos evangélicos, nos llama la atención, son las ESTRUCTURAS de la Iglesia Católica. Es conocido que las mujeres católicas no ejercen el sacerdocio. De todas maneras, nunca nos había impactado tanto esa realidad, una Iglesia tan masculina, signo evidente de lo dicho antes. Estos dos aspectos señalados no son nuestras vivencias protestantes. Siempre encontraremos en la mayoría de las congregaciones la presencia femenina, aunque en mínima cantidad, pero que busca desarrollarse a un mismo nivel que los varones. En una mirada más amplia, rescatamos gestos, signos que tienen su valor. Por un lado, en la apertura de cada acto el Papa no usó un lenguaje genérico incluyente. Dijo: “Queridos hermanos y hermanas"; “Dios cuenta con los jóvenes y las jóvenes para cambiar este mundo"; "Padres, madres, religiosos y religiosas". ¿Será que muy en lo profundo hay un reconocimiento de la marginación de la mujer y se la está llamando a construir la "Civilización del Amor”? Además, observamos cómo el Papa tocaba a cada niño mujer, hombre. Sus brazos y pecho abiertos para recibir y besar a Luisa y a otros que, con dolor y esperanza, entregaron sus testimonios, nos mostraron a un Papa con cualidades que a través de la historia se les han adjudicado a las mujeres, Creemos escuchar un reconocimiento a los derechos de mujer, de participar junto al hombre en la construcción de este mundo NUEVO. A nuestros hermanos hombres creemos escuchar un mensaje de cambio, a desarrollar una paternidad amorosa, a revertir la arrogancia por la ternura, la agresividad de la palabra por la pasividad del silencio.
Visión de María De las palabras que escuchamos del Papa, los cristianos pudimos sentirnos plenamente unidos, en un mismo enfoque del Evangelio de las Buenas Nuevas que Jesucristo vino a anunciarnos. Sin embargo, discrepamos respecto de María. Es claro que no es María en sí la que establece la diferencia, sino las imágenes de María que la Iglesia Católica nos ha presentado a través de la historia y que hoy el Papa reafirma. ¿A qué María nos referimos? ¿A María intercesora, Inmaculada, Madre, Reina, Patrona, Santa? Son estas funciones que se le han atribuido a María las que marcan las diferencias. Como protestantes no estamos de acuerdo con ellas por dos razones: no encontramos bases bíblicas para adjudicarle esas atribuciones; y esas imágenes la des-humanizan, la alejan de lo que ella fue, una mujer común con una misión especial. Pensamos que, de la lectura de la Anunciación y la Visitación, descubrimos en María una mujer de humanidad plena, receptiva, capaz, conocedora de lo que sucede en su entorno presente, entroncado en el pasado y vislumbrando un futuro. Capaz de ser actora, tomar decisiones con sabiduría (saber y sabor). Es una mujer que sabe captar toda la magnitud misteriosa del momento y asumirla. Agreguemos a lo anterior su fe, aquel factor que la hace sentir que su decisión incluye integrarse como mujer y como persona en un proyecto revolucionario de cambios totales, incluyendo no sólo el cambio de las estructuras sociales, económicas y políticas, sino aspectos personales sexistas, fuerza sutil, pero poderosa que impide a la mujer ser plenamente persona. Rescatamos el gozo, la alegría, su humildad, su falta de arrogancia, manteniendo una actitud de servicio, acompañando y ayudando a Isabel. Descubrimos un mensaje que libera nuestro sentir de seres marginados. Nos sentimos bien aventuradas por ser mujeres.
III. Lo doctrinal: ¿Facilitador o barrera? Para el evangélico, siguiendo su herencia protestante, existen aspectos claves en lo doctrinal, elementos que son insustituibles y que, independientemente de las condiciones históricas, deben ser resaltados. Entre estos aspectos fundamentales para la mentalidad evangélica protestante, está la valoración y exclusividad de "Cristo" y su obra redentora para la humanidad. Así lo entendieron los reformadores del siglo XVI, "lo apostólico es lo que proclama a Cristo", Cristo es el hilo conductor o denominador común a través del cual debe ser entendido el mensaje bíblico y a la vez escrito a través de su testimonio histórico, el que regula toda la práctica cristiana, sea de proclamación, de adoración o de servicio. Palabras que aunque parezcan simples, "Yo soy el camino, la Verdad y la Vida" (Jn. 14:6), son vitales, y en instantes en que esta supremacía de Cristo se ha visto amenazada por intenciones humanas, cobran más valor, como por ejemplo en la declaración de Barmen que hace la Iglesia confesante en medio de la Alemania nazi. El pueblo evangélico revive el testimonio bíblico confirmado en la reforma: "Jesucristo es el Señor” (Fil. 2); Él es la Palabra Divina que se ha hecho Carne (Jn. 1, 14); en Cristo, la gracia de Dios se hace visible, Él es el único Salvador (Hch. 4, 12).
Participación evangélica Es por ello natural que los evangélicos hayan estado atentos a lo que el Papa decía, Muchos evangélicos escucharon a Juan Pablo II y, es más, acudieron a los encuentros que él sostuvo en diferentes ciudades de nuestro país. Pero la presencia evangélica debe haber escuchado críticamente (lo que no significa negativamente) las palabras del Papa, especialmente en lo referente a doctrina y que tenía que ver con la fe. Es, por tanto, que no puede haber pasado inadvertido lo que decía. En él podemos ver una doble tendencia muy marcada, casi nunca dejada de lado: el Papa fue Cristológico pero también Mariológico. He aquí un asunto clave. Hay intervenciones en que, si no se hubiera visto al Papa decirlas, se podría haber pensado que las expresaba un evangélico, ante las cuales ningún protestante podría no sentirse identificado, pero las hubo y muy marcadamente en el otro sentido y entonces surgen las barreras, las distancias.
Los gestos del Papa
Hubo también acciones concretas que fueron más decidoras que las palabras. Nos referimos especialmente a la coronación de la Virgen del Carmen y a la beatificación de Sor Teresa de los Andes. Estos actos no hacen otra cosa que profundizar los fuertes dogmas de la Iglesia Católica, siendo ellos los de mayor aversión por parte del pueblo evangélico. Bástenos citar un ejemplo. Para muchos, esto de beatificar a alguien puede quedar todavía falto de significación, pero cuando leemos lo que la Iglesia Católica entiende por un acto de esta naturaleza, entonces queda bastante claro. En un documento de la Comisión Nacíonal que preparó la visita, leemos respecto de beatificar: “Declaración que hace el Sumo Pontífice en la que expresa que un determinado siervo de Dios es digno de culto, después de muerto". ¿Cómo hablar de ecumenismo o buscar disposición frente a él en este contexto?
Actuar unidos Creemos que el ecumenismo no se limita a lo meramente religioso confesional, es un actuar unidos aún más allá de estas fronteras. Sin embargo, el ecumenismo en lo que a prácticas interconfesionales se refiere, especialmente la relación católico-protestante, se ha visto gravemente amenazado con esto. Pensamos que es un enorme retroceso y que en nada favorece el propender a explorar los caminos de unidad.
Hacia el encuentro Para los católicos -según lo afirmado por el Papa-, María tiene la calidad de reina, protectora, auxiliadora, intercesora. Ante esto, el mensaje bíblico es elocuente en el siguiente sentido: "Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también" (I Timoteo 2:5). La así llamada "Trinidad Popular" (Dios, Virgen, Santos) se confirma, pero no como una realidad doctrínaria que emerge solamente del pueblo. La estructura católica la posibilita, el discurso de sus máximos exponentes la siembra. Lo que el pueblo hace es asimilar eso y expresar su fe en lo que se le entrega. Así, las diferencias doctrinales son abismantes y cada vez más legitimadas. Por ello, pensamos que son un muro insalvable, y pasar por alto esto en la perspectiva ecuménica no es mera cuestión de evitar el tema. Aún así, no creemos que esté cerrada del todo la posibilidad de encuentro ecuménico. Así como están las cosas, éste nunca se va a dar a partir de mínimas convergencias doctrinales. Lo que existe es lo contrario, divergencias tremendas. La práctica nos dice que es justamente eso, "la praxis", la que posibilita el ecumenismo; allí hay consensos, aunque a veces no por cuestiones teológicas o ideológicas. Los hechos muestran que, en el servicio, en la acción, en la atención a los más pobres y sufridos de la tierra, allí si existe voluntad de aunar esfuerzos y trabajar sin credos. El servicio es factor de unidad. Creemos que en las implicancias sociales del Evangelio aludidas por el Papa en sus discursos, todos estamos de acuerdo. Ojalá, en los momentos de alusiones doctrinales mínimamente se pudiera haber logrado lo mismo. Creemos que el ecumenismo no significa desprenderse de identidades en favor del otro, pero sí pensamos que significa hacer lo posible para no ahondar las cosas que nos separan. Con la reciente visita del Papa a Chile, se ahondó y acrecentó el divorcio entre católicos y protestantes en lo que a fe y doctrina se refiere.-
Artículos relacionados: Juan Pablo II, el gran restaurador Leonardo Boff: La renuncia de un cura Juan Arias: "Jesús jamás habría pisado el palacio de un dictador"
|