Citar como: http://www.puertachile.cl/historia/2005_papa_chile.htm

 

Visita de Juan Pablo II a Chile

Perspectivas sociopolíticas

por Jaime Ruiz-Tagle, publicado originalmente como
La visita del Papa: Perspectivas sociopolíticas, Revista Mensaje, mayo de 1987

 

Con motivo del fallecimiento de Juan Pablo II, reproducimos a continuación parte del "Comentario Nacional" publicado por la revista católica Mensaje luego de la visita papal a Chile en 1987, tres años antes del fin del régimen militar.

Puerta del Rebaño, 2 de abril de 2005

 

< El Papa bebe una sencilla taza de té recibida de manos de una modesta
   pobladora de La Bandera. Santiago, 2 de abril de 1987. Foto: Iglesia.cl

Al hacer un balance de la visita papal, un destacado economista, acostumbrado a los fríos cálculos, manifestó: "Al principio tenía una expectativa alta sobre lo que iba a decir, pero poco a poco fui cautivado por la persona; tuve la experiencia de encontrarme ante un gran ser humano". Es indudable que en amplios círculos la persona del Papa causó un profundo impacto. Se habló de su extraordinaria capacidad de comunicación, de su capacidad de expresar sus sentimientos, de su inagotable fortaleza física, de su bondad y comprensión para con todos, de su capacidad de interpelar lo más hondo de la conciencia personal. Los muchachos del estadio se estremecieron cuando les repitió, a cada uno: "joven, a ti te digo, levántate...". Después de escucharlo, muchos millones de chilenos sintieron que podían convertirse, ser mejores.

Se podría objetar que esta dimensión personal de su mensaje, que apelaba a lo más íntimo de la conciencia religiosa y moral, no tiene relevancia desde el punto de vista del análisis sociopolítico. Sin embargo, no es así. En el caso de Filipinas, por ejemplo, la práctica de la noviolencia activa -incluso arriesgando la vida- estuvo en muchos casos asociada a experiencias de conversión personal. El profetismo puede jugar un importante rol dinamizador, sobre todo en sociedades fuertemente desestructuradas como la chilena. Y el Papa apareció ante muchos como un profeta, como un hombre a quien se le podía creer, como el portador de un mensaje para cada uno. Más allá del contenido de sus palabras, fueron sus actitudes y sus gestos los que conmovieron hondamente la dimensión ético-religiosa de millares de chilenos.

Según testimonios recogidos, incluso muchos militares fueron intensamente impactados. Autoridades del gobierno manifestaron su disposición a la reconciliación y afirmaron que después de la visita del Papa había que hacer borrón y cuenta nueva. Un obispo sostuvo que Juan Pablo II quedó muy contento después de su conversación personal de 42 minutos con el general Pinochet.

 

El pueblo como actor social


Juan Pablo II en la Vicaría de la Solidaridad.
Foto: Iglesia.cl

Más allá de los difícilmente analizables efectos políticos del impacto personal, hay un hecho que ha sido destacado por diversos analistas: gracias a la visita del Papa, el pueblo se constituyó como actor social. Según una profesional agnóstica, la venida del Papa ha sido "el acontecimiento histórico más importante en la historia de Chile en los últimos 14 años". Por la amplitud de la movilización social y por la posibilidad que tuvo de expresarse pública y masivamente la mayoría del pueblo que había sido silenciada durante años. En este sentido, la presencia de Juan Pablo II fue más importante por lo que permitió decir, que por lo que dijo él mismo. Cuando hablaron los pobladores, los jóvenes, los trabajadores, el Papa los escuchó en silencio y luego los abrazó. Con ese gesto estaba legitimando la expresión de un pueblo sufriente. A pesar de que la televisión nacional censuró las palabras de los pobladores y de los jóvenes, hubo millones de chilenos que los escucharon por Canal 13 y su red.

Esta transgresión a las normas impuestas por el régimen constituye un importante paso adelante para el pueblo chileno, y no será fácil hacerlo volver atrás. También las protestas de 1983-84 constituyeron una ruptura, un paso adelante y nunca se volvió totalmente a la situación anterior, ni siquiera bajo Estado de Sitio.

La expresión pública del pueblo fue acompañada por debates televisivos relativamente pluralistas y hasta los diarios oficialistas tuvieron que abrir nuevos espacios a la oposición, para no quedar desfasados.

En sus discursos el Papa condenó la tortura, lamentó el exilio, reivindicó los derechos de los trabajadores, de los campesinos y los mapuches. Pero más importante que sus palabras -que muchos consideraron poco novedosas y hasta conservadoras- fue el hecho de que el Papa estuvo junto al pueblo de Chile, lo escuchó, lo acompañó. Más impactante que sus palabras sobre la tortura, fue su abrazo a Carmen Gloria Quintana -joven quemada por los militares- a quien le dijo: "lo sé todo". Su breve visita a la Vicaría de la Solidaridad inmediatamente después de su llegada -no trasmitida por Canal 7- no fue sólo un respaldo a esta institución, sino también un testimonio de que estaba junto a ella y junto al pueblo de Chile en la defensa de los derechos humanos.

Sin embargo, la presencia de Juan Pablo II, además de ser un acontecimiento histórico porque permitió la expresión y movilización de las grandes mayorías, lo fue también porque se convirtió en un referente común para todos los chilenos. Su intervención jugó un rol de integración nacional. El hecho mismo de que recorriera todo el país y estuviera junto a todas las clases y categorías sociales contribuyó a que millones de personas tuvieran una mejor comprensión y aceptación del país real. En su última noche en Santiago recibió en audiencias especiales a dirigentes empresariales y sindicales, significando con ello que estos actores sociales deben reconocerse mutuamente, a pesar de que sus intereses sean divergentes o contrapuestos. La inclusión de todas las categorías sociales y de sus organizaciones es un requisito indispensable para la existencia misma de una nación.

 

Los actores políticos


La polémica aparición en el balcón
de La Moneda junto al dictador no habría estado en los planes del Papa.
Foto: La Nación

Los actores políticos fueron personajes secundarios en este gran escenario. El gobierno trató de capitalizar la visita del Pontífice desde su llegada, pero con poco éxito. En el discurso de bienvenida, el general Pinochet repitió sus muy conocidas afirmaciones en el sentido de que su régimen se legitima debido a la amenaza internacional. Luego cambió el protocolo para aparecer junto al Papa en un balcón de La Moneda (1). Y también rompió el protocolo para decir las últimas palabras de despedida, contraviniendo los usos internacionalmente reconocidos. Pero todas estas intervenciones resultaron en definitiva de importancia muy secundaria.

Donde los partidos políticos cobraron relevancia fue en la audiencia que les concedió el Papa. El que fueran invitados dirigentes de todos los sectores, desde la derecha a la izquierda marxista, constituye un hecho histórico que podría tener grandes proyecciones. Se produjeron dos "transgresiones" fundamentales: por una parte, se deslegitimó el artículo 80 de la Constitución de 1980, que permite proscribir a ciertas organizaciones políticas; por otra parte, la izquierda marxista, y en particular el Partido Comunista, se comprometió a no utilizar medios violentos en la acción política para el retorno a la democracia.

El respaldo moral que entregó Juan Pablo II a todos los partidos y a sus dirigentes constituye un gran aporte para el retorno a la democracia, y un desafío para el futuro. Ellos deberán constituir y desarrollar las mediaciones políticas, poco presentes en los discursos del Papa, que hagan de Chile un país viable.-

 

(1) El Obispo presidente de la Comisión organizadora declaró: "Todo lo que sucedió en La Moneda fue resorte del protocolo nacional organizado por el Gobierno. Y en La Moneda sucedieron varias cosas que no estaban previstas en el protocolo. Y salieron de lo previsto no por deseo del Papa".