Prácticamente lo único que recuerdo es a un Jesús inseguro, al que las cosas le salían mal, que no tenía muy claro cuál era su misión en este mundo y que, pese a todo, logra seguir todo el camino hasta esa espantosa muerte en la cruz. Y no le crean a los que dicen que la película comete la herejía de terminar cuando Jesús se baja de la cruz y se va a hacer una vida normal; ésos no la vieron. Mucho más cercano me parecía este Jesús sucio y dubitativo de Willem Dafoe que ese Robert Powell extático y casi levitante de la ya ajada versión de Zefirelli. A decir verdad, era la primera vez que me identificaba con una imagen de Jesús. Tal vez, este Jesús sí podría comprenderme. No puedo asegurarlo, pero es probable que ese filme haya sido uno de los tantos empujoncitos que me llevarían, tres años más tarde, a iniciar mi caminar cristiano... y a no olvidar nunca que Jesús se hizo tan humano como nosotros, se hizo de nuestra propia “carne” y sufrió nuestros mismos dolores.-
Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó
entre nosotros
Haya, pues, en vosotros este sentir que
hubo también en Cristo Jesús,
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