La última tentación

 


  Reparto
Willem Dafoe
Harvey Keitel
Paul Greco

Guión y dirección

Martin Scorsese

 

Año 1999

 

Es éste un comentario testimonial. Espero ver próximamente el filme e indagar en las filosofías que subyacen a su concepción de Cristo. Sin embargo, hoy voy a remitirme a aquel lejano día en que un bioquímico ateo asistió a la polémica proyección del “filme prohibido” en una facultad universitaria, evento que se desarrolló pese a la abierta oposición del ala “Opus Dei” del profesorado (la que, obviamente, fue positiva para la taquilla). Ese bioquímico ateo era yo.

 

Prácticamente lo único que recuerdo es a un Jesús inseguro, al que las cosas le salían mal, que no tenía muy claro cuál era su misión en este mundo y que, pese a todo, logra seguir todo el camino hasta esa espantosa muerte en la cruz. Y no le crean a los que dicen que la película comete la herejía de terminar cuando Jesús se baja de la cruz y se va a hacer una vida normal; ésos no la vieron.

Mucho más cercano me parecía este Jesús sucio y dubitativo de Willem Dafoe que ese Robert Powell extático y casi levitante de la ya ajada versión de Zefirelli. A decir verdad, era la primera vez que me identificaba con una imagen de Jesús. Tal vez, este Jesús sí podría comprenderme.

No puedo asegurarlo, pero es probable que ese filme haya sido uno de los tantos empujoncitos que me llevarían, tres años más tarde, a iniciar mi caminar cristiano... y a no olvidar nunca que Jesús se hizo tan humano como nosotros, se hizo de nuestra propia “carne” y sufrió nuestros mismos dolores.-

 

Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros
Juan 1:14

 

Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús,
el cual, siendo en forma de Dios,
no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,
sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo,
hecho semejante a los hombres;
y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo,
haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo,
y le dio un nombre que es sobre todo nombre.

Filipenses 2:5-9


F.E.F. / julio 2003