Así, inexplicablemente, una y otra vez despierta en la mañana del Día de la Marmota, condenado a revivir cientos de veces ese terrible día que se le va haciendo más y más insoportable. Tantas veces revive el mismo día, que empieza a memorizar todo el acontecer de este pequeño pueblo. Después de un tiempo, este conocimiento le empieza a gustar. Ha adquirido un insospechado poder para manipular las circunstancias en su favor, lo que le permite conquistar mujeres y robar bancos sin que nadie se percate. Puede darse los gustos que desee ... pese al persistente vacío en su interior. Poder y conocimiento. Con razón Phil llega a decir, medio en broma, "¡soy Dios!"... y no está lejos de serlo. Ahora, dentro de los límites espacio-temporales de ese pueblo durante el Día de la Marmota, Phil es casi omnisciente. Por eso, puede empezar a ver las cosas como Dios. Así aprende, por ejemplo, que aquel hombre que está disfrutando de un banquete familiar estará muerto dentro de un minuto si él mismo no corre a prestarle los primeros auxilios, o que el mendigo que esquivó en la mañana morirá en el frío de la noche si no le da el albergue que necesita. Entonces comprende que todos los habitantes de este ridículo pueblo necesitan de él. Entonces comprende que lo que ha aprendido sí tiene un sentido verdadero. Phil ha encontrado la clave que romperá el hechizo del tiempo: el camino hacia su redención.
Si alguno quiere ser el primero, ... como el Hijo del Hombre no vino para
ser servido,
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