El evangelio según ET


por José de Segovia

Publicado originalmente en ICPress, 2002



El director más famoso del cine actual, Steven Spielberg, reestrena veinte años después la película más taquillera de la historia, ET, su obra quizás más personal. ¿Quién es esta criatura extraterrestre, que se revela sólo a los niños, muere y resucita, para volver a su casa, ascendiendo a los cielos?. Se han dicho muchas cosas del evangelio según ET. Para algunos, un canto a la amistad interracial; para otros una autobiografía emocional del propio Spielberg. Pero ¿qué hemos de pensar de sus muchos paralelos con Cristo?

La película regresa en una nueva versión montada con una banda de sonido remezclada. Se incluyen varias escenas que no habíamos visto, en las que ET juega por la casa, toma un baño y se enfrenta a otras ocupaciones domésticas. Hay diferencias técnicas, ya que a principios de los años ochenta, los efectos visuales todavía dependían esencialmente de procesos fotográficos y ópticos. La revolución digital crea ahora un movimiento virtual, por el que ET corre y salta mas libremente. Se han perfeccionado transparencias y superposiciones, pero también se han eliminado incluso pistolas, sustituyéndolas por walkie-talkies, en las manos del FBI. Las bicicletas despegan mucho mas naturalmente hacia las nubes, pero se conserva todo el encanto de aquella emotiva fábula dulce, que sigue siendo el mas especial de sus efectos.

Este ser con poderes especiales viene a la tierra, y vive en circunstancias humildes. Muestra compasión, es amado y seguido por niños, temido e incomprendido por las autoridades. La ciencia no puede mantenerle vivo, por lo que muere, para volver luego milagrosamente a la vida. Como Jesús antes de subir a los cielos, ET dice entonces que vivirá en sus amigos, estando con ellos siempre. Por eso señala al corazón de Elliot, mostrándole donde podrá encontrarle.

Para Spielberg, ET representa los mejores años de su infancia, pero sobre todo la superación de su momento más oscuro: el divorcio de sus padres. "Es una película muy personal porque pone a Elliot en la misma situación que aquel divorcio me puso a mí al no tener un padre y tener una madre que sufría, y que obviamente no era la que había decidido divorciarse", recuerda el director. "A ese hogar herido ET viene al rescate". Así que "es ET quien salva a Elliot y le devuelve su infancia perdida, ya que ha recibido de él un don maravilloso, el de entender otra forma de vida alejada a la suya". Esa es la explicación de Spielberg. El problema es que la historia no es suya. La autora de ET. es la guionista Melissa Mathison.

Mathison no ha sido solo esposa del actor Harrison Ford. Es autora de películas como la obra biográfica que hizo Scorsese sobre el Dalai Lama en 1997, Kundún. Con él comparte una formación católica que ha marcado toda su vida. El autor de Toro Salvaje, Taxi Driver o La última tentación de Cristo fue expulsado del Seminario de la catedral de Nueva York, y Mathison se educó en un convento de Hollywood. Scorsese cuenta en su libro, El siglo del cine: Un viaje personal (1996) como: "Cuando era pequeño quería ser cura. Sin embargo pronto me di cuenta que mi verdadera vocación era el cine. No veo realmente un conflicto entre la iglesia y las películas, lo sagrado y lo profano." El director de origen italiano dice: "Creo que hay una espiritualidad en las películas, incluso aunque no pueda suplantar la fe. A medida que pasan los años veo que muchas películas se dirigen al aspecto espiritual de la naturaleza humana."

Cuando estaban rodando la película, Mathison le mostró a Spielberg los paralelismos que descubría entre Jesús y ET. Su respuesta fue contundente: "Soy judío, no quiero oír nada de esto". Las similitudes son evidentes, pero está claro que ET es un salvador bastante limitado. Su muerte no tiene el significado de expiación de la cruz de Cristo, y su mensaje es tan blando como los peluches del armario de Elliot. Pero ET nos conmueve en su amor incondicional. Su brazo extendido nos hace anhelar el toque redentor de un poder sobrenatural que cambie nuestra vida.