Las reglas de la vida

 


  Reparto
Tobey Maguire
Michael Caine
Charlize Theron

Dirección
Lasse Hallstrom

 

Año 1999

En un medio católico, este filme ha sido descrito en los siguientes términos: "La buena puesta escena, las actuaciones, la musicalización y el mismo guión permiten que termine siendo una de las más emotivas, convincentes y poderosas propagandas a favor del aborto de los últimos años".

Es éste un juicio simplista, basado en una mirada bastante estrecha. Es cierto que la historia trata el tema del aborto (en una sociedad en la que estaba prohibida su práctica), pero sólo como un medio para ilustrarnos una verdad central que muchas veces se nos escapa.

Y es precisamente esa enseñanza la que no pueden asimilar aquellos que se limitan a condenar esta poderosa pieza cinematográfica, aquellos que aún rigen su vida por "las reglas" y condenan a quien las rompe, en vez de ofrecerle su comprensión y amor.

El título original de la película hace alusión a "las reglas de la casa de sidra", reglas que los habitantes de esta casa deciden romper porque fueron hechas por quienes nunca vivieron en ella.

Es muy fácil decirle a alguien cómo vivir cuando no se ha hecho el esfuerzo de escucharle y solidarizar con sus dolores e inquietudes.

Es muy fácil condenar al pecador. Lo difícil es tener la humildad de caminar junto a él cada día y comprender que no somos más dignos que él.


No juzguéis, para que no seáis juzgados.
Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados,
y con la medida con que medís, os será medido.
¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?
¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo,
y he aquí la viga en el ojo tuyo?
¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo,
y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.

Mateo 7:1-5


"El que de vosotros esté sin pecado
sea el primero en arrojar la piedra contra ella".
E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra (...).
Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo:
"Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó?"
Ella dijo: "Ninguno, Señor".
Entonces Jesús le dijo: "Ni yo te condeno; vete, y no peques más".

Juan 8:7-11

 

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Comentario de Ascanio Cavallo en El Mercurio