El cuerpo
O cómo ser cristiano ante la
muerte de Dios Publicado originalmente en ICPress, 2002
Frente a la multitud de películas de Hollywood esotéricas, satánicas y gnósticas, que simplemente defienden una religiosidad sentimental, la última película americana de Antonio Banderas, The Body (El cuerpo), apunta directamente contra el núcleo fundamental del acontecimiento cristiano: la resurrección de Jesús. Un cuestionamiento que por una parte ataca a la fe cristiana, pero por otra nos debe hacer reflexionar. El cine americano mantiene dos batallas en las que aplica toda su eficacia indiscutible: la trivialización idílica de la homosexualidad y la difusión de una religiosidad universal en formato New age.
El contenido El film comienza cuando Sharon, una arqueóloga judía, descubre una tumba con un esqueleto que podría ser perfectamente el de Cristo (la época y edad de los restos, el lugar, las heridas, y la forma de muerte encajan perfectamente). Un alto funcionario israelí pone el hecho en conocimiento del Vaticano con fines de chantaje político. Como respuesta, Roma envía a un sacerdote a investigar: Gutiérrez, un jesuita salvadoreño, antiguo teólogo de la liberación (interpretado por Antonio Banderas). Una vez allí, éste se encuentra con un arqueólogo dominico (interpretado por Derek Jacobi) el cual, cuando intuye que el cuerpo encontrado es el de Cristo, se suicida. Gutiérrez comienza su investigación acompañado de la guapa arqueóloga con la que iniciará algo más que una simple amistad. Los judíos ortodoxos, los integristas islámicos y todo un catálogo de talantes religiosos y maniobras políticas se entrecruzan en la tarea de Gutiérrez, que acaba colgando los hábitos y refugiándose en su nueva relación afectiva con la arqueóloga. El conflicto central está claro: ¿Qué pasaría si Cristo no hubiese resucitado? Todos lo sabemos, ya lo dijo el apóstol Pablo: vana sería nuestra fe. En este sentido, la película es coherente: Gutiérrez, que investiga si el cuerpo hallado podría ser el de Jesús, sabe que todo se juega alrededor de este hecho, centro de la fe cristiana. Lo que viene a decir cínicamente la película es todo lo contrario: si Jesús no resucitó, no pasaría nada. Según afirma Gutiérrez en la película, la fe en la resurrección de Jesús es un simple instrumento de poder de la Iglesia católica, que lo utiliza para controlar a millones de personas. Lo que realmente importa, se dice en el film, es que Jesús habló del amor, de la generosidad, de esas cosas tan hermosas que nos hermanan a todos. La religión no se basa en la razón, sino en llenar una necesidad, aunque sea de manera irreal... el cristianismo seguiría existiendo aunque Cristo no hubiese resucitado. Sin embargo toda crítica debe leerse en dos sentidos. Uno, el que hemos analizado (parte de cuyo contenido hemos recogido de la revista católica "Alfa y Omega"), en lo que supone un ataque a la fe cristiana. El otro, lo que puede tener de razón en su crítica. No podemos caer en la sordera irreflexiva de condenar lo que nos dicen (o gritan) sin separar lo que es un ataque o error, de la parte de razón que pueda tener. Es lo que John Stott llama "escuchar con los dos oidos". En este segundo sentido debemos reconocer que la Iglesia
institucional (especialmente la iglesia jerárquica, más
la ortodoxa y católica, pero también la protestante) debe
reflexionar sobre si su servicio a la persona y a la fe que son en Cristo
son reales; o si utiliza esta fe en su propio beneficio y poder. Si
actuamos (o damos a entender por acción u omisión) que
actuamos así, la sociedad nos verá como cristianos que
viven una fe teórica. Una fe tan ajena a lo sobrenatural del
Cristo resucitado que, aunque en realidad hubiese muerto, seguiríamos
siendo los mismos cristianos y personas de siempre.-
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