Hannibal Lecter

Un psicópata inteligente, demoniaco... y atractivo

Publicado originalmente en ICPress, 2001

 


El estreno de "Hannibal", secuela de "El silencio de los corderos", ha reavivado en la memoria colectiva la sombra del doctor Lecter, famoso por su sadismo y sus crímenes salvajes. Dos genios del séptimo arte se han dado cita para esta revisitación: el cineasta Ridley Scott (Blade runner, Thelma y Louise, Gladiator,...) y el guionista David Mamet (Los intocables de Eliot Ness, El cartero siempre llama dos veces...)

Prescindiendo de las novelas y fijándonos sobre todo en esta segunda entrega cinematográfica, cabe preguntarse: ¿es realmente Hannibal Lecter un psicópata? La respuesta inmediata y obvia es claramente afirmativa. Parece la premisa necesaria de ambas películas.

Pero, si analizamos detenidamente la conducta del asesino, podemos sacar algunas conclusiones interesantes, quizás no evidentes a primera vista. El pensamiento lógico del doctor Lecter funciona perfectamente, y con seguridad más engrasado que el de la mayoría; su memoria sensitiva e intelectual es prodigiosa; su inteligencia, indiscutible. Sus crímenes no tienen motivación sexual aparente ni se perciben en él rasgos de una sexualidad desviada. Es incluso capaz (como ocurre sorprendentemente en este segundo film de “Hannibal") de dolorosos sacrificios para no dañar a quien ama.

Es, por otra parte, un dandy. Nunca mata gratuitamente, siempre lo hace como respuesta a una agresión o amenaza. Es un hombre capaz de realizar una actividad laboral de manera intachable, es sensible al arte y a la cultura, exquisito en las formas. ¿Es Hannibal Lecter un psicópata? Es cierto que en raras ocasiones come carne humana, pero no es eso por lo que es buscado principalmente por la policía internacional.


El mensaje que esconde

¿Entonces? Es plausible que Hannibal Lecter no refleje una locura en el sentido estricto del término. Más bien padece otro tipo de mal que surge de las raíces filosóficas y los valores del hombre moderno del siglo XX, llevada a sus extremos más caricaturescos.

En pocas palabras, su filosofía es la voluntad de poder hacer lo que le apetece; un superhombre que no admite más ley moral que la que emana de su voluntad: él es su propio dios. Si alguien se interpone en su camino, acaba con él. El hombre, para él, no tiene más dignidad que la que cada uno conquista para sí mismo; es la ley del más fuerte.

Por ello, en esta ausencia de valores morales, ¿qué sentido tiene matar limpiamente, si la venganza se satisface más con el regodeo? El ser humano, para Hannibal, no es más que pura biofisiología, y por tanto, en coherencia con su positivismo radical, un individuo molesto no merece más respeto que una vaca loca o un perro rabioso.


El desafío que nos lanza

Sin embargo, en la otra cara de la moneda, no podemos dejar de ver en el encanto maligno que emana de Lecter un atractivo que responde al vacío del hombre actual. El caníbal asesino e inmoral es a la vez un hombre atrevido, capaz de llegar a lo profundo del "otro", enemigo de convencionalismos y rutinas, desapegado de todo lo que podemos llamar intereses y miedo al "qué dirán". Valores todos ellos de los que nuestra sociedad (¿y podríamos decir también que nuestra fe y nuestra iglesia?) tiene un vacío que a menudo se intenta llenar de repeticiones vanas o actitudes convencionales disfrazadas de educación.

Por cierto, si le dio un vuelco el estómago en "El silencio de los corderos", sepa que si va a ver "Hannibal", que no es mala película, hay dos o tres secuencias que le pueden echar del cine y mandarle de vuelta a casa con la naúsea como compañera de viaje.-