Narnia cobra vida El león, la bruja y el ropero (2005) por Donovan Jacobs Publicado originalmente en SojoMail, 7 de diciembre de 2005 Traducción por Felipe Elgueta Frontier
Desde que La Pasión de Cristo cosechó enormes ganancias en la taquilla, en gran parte por atraer a los cristianos conservadores que no van regularmente al cine, los estudios de Hollywood han estado buscando lo que podría denominarse el próximo Gran Producto Religioso, un filme que cautive al evasivo público de La Pasión y que, al mismo tiempo, atraiga más familias y menos controversia que el filme de Gibson.
Los expertos cinematográficos creen que el siguiente Producto ha llegado con la adaptación cinematográfica de la reverenciada novela para niños de C.S. Lewis, El león, la bruja y el ropero. Por cierto, eso es lo que esperan Walt Disney Pictures y Walden Media, quienes, según se ha informado, gastaron unos 150 millones de dólares en el filme y planean lanzar una serie de películas basadas en los siete libros de Lewis sobre Narnia. La aparente ambivalencia de Disney con respecto al contenido religioso del filme (la edición de diciembre de The Atlantic Monthly informa que el estudio ha promocionado el filme entre grupos cristianos y, al mismo tiempo, le ha restado importancia a la alegoría de Lewis del sacrificio y la resurrección), puede ser motivo de preocupación para la gente de fe. Por ello puede resultar sorprendente que, si bien El león, la bruja y el ropero se queda corto en varios aspectos desde el punto de vista cinematográfico, muchos de los temas espirituales del filme cobran vida de una manera profunda y conmovedora. El director Andrew Adamson y sus co-guionistas, Ann Peacock, Christopher Markus y Stephen McFeely, siguen fielmente el relato de la novela después de un nuevo comienzo en el que los cuatro niños Pevensie son visto sobreviviendo a un ataque aéreo en el Londres de 1940 antes de trasladarse a una casa ubicada en un campo apartado. La hermana menor, Lucy (Goergie Henley) entra al mueble que le da el título a la historia mientras juega a las escondidas y es transportada a Narnia, un mundo poblado por míticas criaturas pero sumido en un invierno de cien años por causa de un hechizo lanzado por la despótica Bruja Blanca (Tilda Swinton). Lucy insta a sus hermanos Peter (William Moseley), Edmund (Skandar Keynes) y Susan (Anna Popplewell) a entrar en Narnia, donde una profecía afirma que el cuarteto reinará algún día con la ayuda del formidable león Aslan. Pero el coqueteo de Edmund con la Bruja Blanca obliga a Aslan a hacer un gran sacrificio y desata una climáctica batalla entre el bien y el mal. La determinación de ajustarse tanto al relato del libro deleitará a los fans de Lewis, pero ofrece problemas para el filme. El director Adamson embellece el relato con toques visuales inigualables y unas pocas secuencias de acción; pero la mayor parte del tiempo le confiere al filme el mismo ritmo de la novela. Esto hace que el argumento carezca de fluidez a veces, especialmente en la primera hora. Lewis no pasó mucho tiempo dándole cuerpo a las personalidades de los Pevensie, y los guonistas no los desarrollan lo suficiente como para completar lo que el autor dejó a medias. El encanto y valentía de Lucy y la transición de Edmund de traidor atormentado a guerrero arrepentido hacen que los niños menores resulten convincentes. Pero a Susan no se le permite mucho más que regañar a sus hermanos y mostrarse preocupada, mientras que la transición de Peter de niño a héroe adulto parece demasiado genérica (y no ayuda el hecho de que Moseley se vea como tragado por su armadura en la secuencia de la gran batalla). A los niños y los amantes del libro probablemente no les importará, pero a los espectadores adolescentes y adultos, los personajes y la historia como un todo pueden resultarles menos atractivos. Adamson hace un mejor trabajo entretejiendo los personajes de fantasía generados por computador con la acción en vivo. En particular, Aslan impresiona como un león sobrenatural espectacularmente convincente que encarna una estimulante mezcla de sabiduría, gentileza y ferocidad. El buen trabajo de Liam Neeson dotando de voz al personaje le agrega credibilidad y majestuosidad a Aslan.
Al tener un Aslan logrado a la perfección, la alegoría de sacrificio y renovación del filme puede alcanzar una poderosa resonancia. La escena exótica e intensa en la que Aslan se ofrece a la Bruja Blanca no es tan decididamente realista como la crucifixión de La Pasión de Cristo. Pero Aslan tiene una profundidad emocional que está ausente de la estoica versión de Cristo que presenta Mel Gibson, haciendo que la aparente derrota de Aslan sea más devastadora y su eventual triunfo, más satisfactorio. Es posible que algunos espectadores (presumiblemente ajenos a las iglesias) se pierdan los paralelos entre Jesús y Aslan. Pero públicos más perceptivos (especialmente los jóvenes) pueden encontrar en Aslan un Cristo con el que se pueden identificar e incluso pueden hacer preguntas que los lleven a examinar su fe con mayor atención. El filme también sugiere enfáticamente que estamos llamados a luchar por el bien y contra el mal, aun cuando, como los niños Pevensie, creamos que somos incapaces de ayudar o incluso si la lucha acontece lejos de casa. Será interesante (o irritante para muchos de nosotros) ver cómo los conservadores más politizados trabajan para usar el filme y este tema para seguir justificando la guerra en Irak. El potencial de esta película para no sólo entretener sino generar conversaciones dentro de las familias y con otros espectadores sobre temas tales como la redención y el perdón –o incluso la ideología de los neoconservadores– nos recuerda una vez más que incluso un filme de fantasía puede tocarnos en muchos niveles vitales. Mientras más conversaciones haya, más posibilidades tendrá El león, la bruja y el ropero de ser calificado como un auténtico Gran Producto.-
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