Cuida tu alma Munich (2005) por Tom Price, Red Menonita de Misión Publicado originalmente en Third Way Cafe, enero de 2006 Traducción por Felipe Elgueta Frontier
En la escena final de Munich, el nuevo filme del director Steven Spielberg sobre la supuesta respuesta antiterrorista a la masacre perpetrada en los Juegos Olìmpicos de 1972, vemos una toma de la línea del horizonte de Manhattan en 1974 desde la costa de Brooklyn. Las dos nuevas y flamantes torres del World Trade Center, terminadas en 1973, brillan en la distancia.
Las reacciones suscitadas por esta escena, y por el filme en general, nos muestran la controversia que resuena en nuestro mundo actual en torno al conflicto palestino-israelí, los actos terroristas y la “guerra contra el terrorismo”, así como sobre lo que significa ser una persona de fe en un mundo de violencia. Los conservadores han acusado a Spielberg y a los guionistas Tony Kushner (Ángeles en América) y Eric Roth (Forrest Gump), de sugerir que los propios norteamericanos se buscaron el bombardeo de las Torres Gemelas debido a sus políticas en Medio Oriente. Los liberales han replicado que la escena revela el arraigado sesgo anti-palestino de los realizadores del filme, porque los palestinos nada tuvieron que ver con los ataques del 11 de septiembre en los Estados Unidos. Algunas de las críticas más duras provienen precisamente de aquellos que más alabaron a Spielberg por su última película ganadora del Oscar, La lista de Schindler. Aunque Munich no está exenta de fallas, este filme de 2 horas y 44 minutos se ubica entre los mejores del año. Es un thriller político atractivo aunque no históricamente preciso, que está despertando la discusión en torno a las cuestiones morales más debatidas de nuestro tiempo. El filme empieza con imágenes televisivas de archivo entremezcladas con reacciones a los acontecimientos en hogares israelíes y palestinos. Sin embargo, Munich es un relato sobre lo que sucedió después de la masacre de los Juegos Olímpicos en el verano de 1972 en Munich, Alemania, cuando miembros de Septiembre Negro, una organización terrorista palestina, mataron a 11 atletas israelíes a quienes habían tomado como rehenes en la villa olímpica. El filme está “inspirado en hechos reales”, tomando como base el libro publicado en 1984 por George Jonas: Vengeance: The True Story of an Israeli Counter-Terrorist Team. Escrito a partir del testimonio de un connotado ex agente de la inteligencia israelí, el libro ha sido desacreditado en algunos círculos. Pero eso no mella el poder de Munich para sumergir a los espectadores en la cautivante historia de Avner Kauffmann (Eric Bana), un sabra (israelí de nacimiento), hijo de un héroe sionista y ex guardaespaldas de la primera ministra. “Munich lo cambió todo”, le dice un oficial de inteligencia a Avner, expresando una conclusión pavorosamente similar a lo que los norteamericanos han dicho sobre los ataques del 11 de septiembre. De hecho, así como Spielberg ha dicho que no habría podido hacer su filme anterior, La Guerra de los Mundos, manteniéndose ajeno a la visión de mundo que surgió después del 2001, es imposible ver Munich de otra manera que no sea a través de las experiencias vividas por la generación siguiente. Avner recibe la solicitud de liderar una iniciativa secreta, desasociada de la agencia de inteligencia Mossad de Israel, para rastrear y asesinar a 11 palestinos radicados en Europa y que estuvieron involucrados en la planificación del ataque terrorista en Munich. Lamentándose una vez más por los “judíos muertos en Alemania” ante la mirada de un mundo aparentemente inmovilizado, la primera ministra Golda Meier (Lynn Cohen) es mostrada aprobando la iniciativa secreta. “Toda civilización considera necesario negociar compromisos con sus propios valores”, dice ella. Como líder del equipo de cinco paramilitares encubiertos, Avner y los otros debaten con frecuencia la moralidad de sus acciones –algo que, sin duda, era considerado como moralmente correcto por quienes supuestamente estuvieron involucrados. “Qué extraño es pensar en uno mismo como asesino, ¿verdad?”, dice uno. “Piensa en ti mismo como algo más que eso, entonces: como un soldado en una guerra”, es la respuesta. Después del primer asesinato selectivo, los contraterroristas debaten una interpretación bíblica del abrimiento del Mar Rojo en la cual Dios expresa compasión por los egipcios ahogados. ¿“Celebrarán” su primer éxito o se “regocijarán” por la muerte de uno que planeó la muerte de otros? A pesar de las críticas provenientes de ambos lados, el filme trata de ser ecuánime en su descripción de los palestinos y los israelíes. Sin embargo, al menos una crítica es justa: las interminables secuencias de violencia que engendra más violencia tienden a crear injustamente una equivalencia moral entre todas las acciones de israelíes y palestinos. Pero no creo que ése sea el propósito central de los realizadores del filme.
Aunque Spielberg está abordando el más público de los temas, en último término su punto de vista está centrado en lo personal. “Cuando aprendamos a actuar como ellos, los derrotaremos”, dice Steve (Daniel Craig), el de carácter más mercenario en el equipo. “La única sangre que me importa es la sangre judía”. “Los judíos no hacen el mal sólo porque sus enemigos sí lo hacen... Se supone que un judío debe ser justo. Toda esta violencia hiere mi alma”, dice Robert (Mathieu Kassovitz), un fabricante de juguetes belga transformado en creador de bombas. “Si pierdo eso, lo pierdo todo”. Avner acepta la misión cuando su esposa tiene siete meses de embarazo; él se derrumba no sólo por ser testigo de una escalada de violencia, sino al escuchar por teléfono a su hija que está creciendo separada de él y en una situación mundial que parece irremediablemente fuera de control. Así que cuando llegamos a la escena final, Avner se ha trasladado a Brooklyn con su esposa e hija. Él teme que los mismos israelíes que lo contrataron como contraterrorista lo quieran muerto. Pese a que el jefe del Mossad niega tal cosa, Avner ha perdido su inocencia en la búsqueda de venganza. Se rehúsa a regresar a Israel y se cuestiona si sus acciones no han hecho más que perpetuar la violencia y crear más terroristas. “¿Por qué te cortas las uñas, si sabes que vuelven a crecer?”, replica el jefe del Mossad, tratando de persuadir a Avner de que continúe con su labor antiterrorista. El jefe, no obstante, rechaza una invitación a “partir el pan” con Avner. A fin de cuentas, Munich, al igual que todos los filmes, es más efectivo para despertar preguntas que para buscarles solución. Muchos espectadores percibirán que Spielberg está proponiendo algo distinto de la violenta respuesta de los EEUU ante las acciones violentas de los terroristas. Yo creo, en cambio, que él está dando una advertencia mucho más personal: cúidate de una respuesta que te lleve, como persona o nación, a perder tu alma en el proceso.-
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